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Morrissey en el Auditorio Nacional

Morrissey en el Auditorio Nacional

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Auditorio Nacional

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En su show del Auditorio conocimos a un Morrissey menos disgustado.

No es un secreto que el ídolo de Manchester es muy agradecido con la comunidad latina, tanto que vive en el barrio mexicano Los Ángeles, alejado de las estrellas de televisión y los lujos de Beverly Hills. Pero parece que el cantante también ha encontrado una segunda casa en nuestro país, ya que en estos dos años se ha mezclado entre nosotros de una manera que parece irreal, con apariciones en televisión y presentaciones en festivales. El ex vocalista de The Smiths ha abrazado a la cultura mexicana tanto como puede y esta noche fue prueba de ello.

Es preciso aclarar que el show comienza antes de que el cantante aparezca, muchos creen que están esperando, viendo clips en la enorme pantalla que ocupa el escenario, pero no. El espectáculo ya está ahí, esas proyecciones son una mirada a la cabeza de Morrissey, una invitación a conocerlo un poco más y contagiarnos de sus pasiones. Los videos de Ramones y Patti Smith son una muestra, ya que en su juventud fue periodista musical y vio de cerca el ascenso del movimiento punk. Los neoyorquinos, junto a New York Dolls, siempre han sido de sus bandas favoritas.

La combinación de metrajes agradó al público, tanto que terminaron en redes sociales y videos como el de “Rebel Rebel” sacaron pequeña ovaciones del público. Luego de eso, las luces del auditorio se apagaron y Morrissey entró a escena. No salió tan llamativo como en veces anteriores, de hecho apareció con jeans, un cardigan azul y una playera de su merch oficial. Más relajado y más ordinario, como si de verdad estuviera en casa.

Inició con “William, It Was Really Nothing”, que causó furor entre los fans de The Smiths. Debo confesar que en un principio pensé que Morrissey no había salido en sus cinco sentidos, pues jamás lo había visto tan efusivo y en un par de ocasiones se le fue la voz, pero al parecer solo estaba pasando un gran momento.

Siguió “Alma Matters”, uno de los tracks del olvidado Maladjusted. Aquí algo llamó mi atención, pues pesar de que este es uno de los sencillos más exitosos en la carrera de Morrissey, no fue tan seguido como “I Wish You Lonely”. No sé si solo sea entre el público mexicano, pero los tracks del último disco, Low in High School, se han convertido en los favoritos de la gente.

“Is It Really So Strange?” y “How Soon Is Now” nos dieron los momentos clave de la noche. La gente se le entregó por completo y el británico lo disfrutó al máximo: se acercaba al público, les daba la mano y parecía no poder contener su entusiasmo. Como fan, el ver a uno de tus artistas favoritos deshacerse de la emoción es algo increíble e inexplicable, sobre todo cuando se trata de alguien como Mozz.

Antes de seguir, se tomó un tiempo para hablar de su nuevo sencillo, un cover a “Back on the Chain Gang” de The Pretenders. Sin embargo, no usó ese tiempo para hacer promoción, sin para compartir; sus palabras fueron: “Tenemos una nueva canción y sé que ninguno de ustedes lo va a comprar, así que es mi deber dar y entregárselos”. Lanzó una copia y comenzaron a tocar.

Canciones como “If You Don’t Like Me, Don’t Look at Me”, “Munich Air Disaster 1958” y “Dial-a-Cliché”, no era lo que esperaba la mayoría de los asistentes, pero Morrissey supo manejarlo y mantener el interés de todos. Su dicha era contagiosa y se mantuvo hasta el último momento.

El track de la noche definitivamente fue “Life is a Pigsty”, pues no solo es uno de los favoritos entre la comunidad de fans, también el músico no la había tocado desde 2015. Aunque la interpretó por primero en San Diego, nos queda el consuelo de que fuimos segundos en la lista.

Cerca del final tuvimos “Spent The Day in Bed” y “Hold On To You Friends”. A este altura la emoción era tal que los fanáticos cercanos al escenario estaban a punto de invadir el lugar, el júbilo ya estaba en punto de ebullición.

Después de tantos momentos, poco podíamos pedir. Tal vez no escuchamos muchos hits, pero eso no importaba, venimos por la música y nos quedamos por la experiencia. Sonó “Jacky is Only Happy When She’s Up On The Stage”, otros de los tracks de Low In High School y en un momento de arrebato, Morrissey destrozó su playera y la aventó al público.

El cantante salió del escenario, sin camisa y agotado, pero con una sonrisa que lo decía todo: Mozz había encontrado en nosotros a su público consagrado. Todo se dio para tener una noche memorable y estaba agradecido de poder compartirlo con nosotros.

Volvió poco después, ya vestido, para decirnos lo feliz que estaba, que esta era su casa y para tocar “Everyday is Like Sunday”. Todo el Auditorio explotó y un joven invadió el escenario para abrazar a Morrissey, lo que fue bien recibido por el artista, pidiéndole a los miembros de seguridad que se alejaran y le permitieran volver a su asiento. El momento era catártico, erizaba la piel, pero justo en el éxtasis de la noche, Mozz se retiró, y aunque la gente pedía más, no regresó.

Aquella fue una noche para recordar, pues éramos él y nosotros, no importaba otra cosa. No hubo menciones a Trump o cosas por el estilo, nada existía y todo lo malo del mundo lo dejamos atrás esa noche para disfrutar de nuestra compañía.

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