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Dug Dug’s: 50 aniversario de Avándaro

Dug Dug’s: 50 aniversario de Avándaro

De interpretar versiones de The Beatles a encabezar la primera generación de la psicodelia mexicana.

El 11 de septiembre de 1971 a las 19:30 H dio inicio el momento cumbre —para bien y mal— del rock mexicano. Lo que se pensaba que sería una enorme carrera de automóviles con un pequeño concierto se transformó en un magno festival en el que nunca hubo coches a máxima velocidad. A la fecha Avándaro es más recordado por este evento que por ser un pequeño pueblo a las afueras de la Ciudad de México. La banda encargada de abrir la velada llegó desde el norte del país y su cacofónico nombre todavía hace sacudir las bocinas en la actualidad: Dug Dug’s.

La generación que descubrió un nuevo sonido llamado rock & roll

Pero aunque este conjunto había publicado su primer LP apenas unos meses antes del festival realizado en el Estado de México, su trayectoria ya era bastante extensa. Todo empezó en la desértica ciudad de Durango cuando unos adolescentes descubrieron el rock & roll a inicios de los sesenta. Era la nueva música de moda y lo natural fue replicar lo que se escuchaba todo el día en las estaciones de radio.

En su libro 60 Años del Rock Mexicano Vol. I (Ediciones B, 2016), Rafael González menciona que el primer nombre que adoptó el conjunto fue Xippos Rock aunque nunca logró trascender. Al poco tiempo uno de sus integrantes, Armando Nava, vivió un tiempo en Tijuana y eso le permitió estar en contacto directo con la música en inglés. La consecuencia fue dejar de hacer covers de Los Locos del Ritmo y empezar con las versiones de The Beatles.

Como un homenaje para su ciudad de origen y después de cambiar de integrantes, Armando decidió que Dug Dug’s sería su nuevo nombre de batalla. Lo que nunca se imaginó es que más de medio siglo después continuaría en el árido camino de la música.

Pero al igual que el rock mexicano ha cambiado a lo largo de la historia, lo mismo ocurrió con el conjunto. A mediados de los sesenta se dio a conocer a través de la publicación de diversos sencillos que mostraban un sonido alegre e infantiloide.

De forma progresiva llegó la influencia de la psicodelia de San Francisco y para 1967 hubo una notoria transformación. El compositor e historiador Merced Belen Valdes Cruz en su libro Ahí la Llevamos… Cantinfleando (Ediciones Independientes, 2002) hace otra anotación importante. El entonces cuarteto llegó al cine mediante la delirante película 5 de Chocolate y uno de Fresa, trabajo basado en un guión de José Agustín, en la que colaboran junto Angélica María en un pieza con toques psicotrópicos. La literatura de la onda y el flower power unidos mediante la música.

Todo este largo recorrido conduce hasta 1971 y la llegada de una nueva corriente musical basada en la expansión de la mente y el consumo de alucinógenos. De pronto la música perdió la inocencia de la década anterior y dejó de creer en las canciones de dos minutos con la estructura básica de verso-coro-verso. Cuando se dejó de traducir las letras de los éxitos estadounidenses para empezar a crear temas propios se generó la Onda Chicana. Sus máximos representantes llegaron del norte del país porque eran los que dominaban el idioma de Shakespeare.

El concierto que condenó al rock mexicano a la prohibición

La consagración llegó con el Festival Rock y Ruedas de Avándaro. El concepto e idea surgió de unos juniors de la Universidad Iberoamericana que buscaban diversión pero también hacer dinero. Un par de años antes tuvo lugar el Festival de Woodstock en Estados Unidos y ahora se buscó hacer una versión similar con sabor a guacamole. 

Como lo menciona el productor de televisión Luis de Llano en su libro Avándaro: Cuando el Rock Mexicano Perdió la Inocencia (Ediciones del Lirio, 2021), para concretar la idea se requirió de muchas personas. Uno de los casos fue el del veinteañero Vicente Fox, quien en ese entonces era director de marketing de Coca Cola, y fue el encargado de autorizar el convenio de patrocinio principal. Así de extraña es la vida.

Finalmente llegó la noche en la que se demostró el poder de convocatoria que tenía el rock. No existe un conteo oficial pero se estima que fueron entre 200 mil y 300 mil los jóvenes que acudieron a la cita en Avándaro.

Para ese entonces el combo comandado por Armando Nava era un cuarteto completado por Genaro García (bajo), Alberto Escoto (batería) y Gustavo Garayzar (guitarra líder). Con respecto al sonido, se aprecia una fuerte influencia de Jethro Tull gracias al uso de una flauta que otorga misticismo.

Para un concierto en el que tienes frente a ti un océano de personas es necesario iniciar con algo poderoso y dejar las canciones relajadas de lado. Por lo mismo, el grupo eligió “Let’s Make It Now” para iniciar su presentación en lo que al final se convertiría en la hecatombe del rock made in Mexico. La batería energética recuerda a la época de gloria de Led Zeppelin con unos riffs de guitarra al nivel del mejor Deep Purple.

Fueron un total de ocho piezas las que Dug Dug’s preparó para su participación, siendo la última “Avándaro”. Para una fecha tan especial la banda estrenó una pieza compuesta especialmente para esa noche. Al abandonar el escenario lo único seguro era una lluvia como las que siempre ocurren en septiembre. Aunque en ese entonces nadie tenía idea del impacto y magnitud que tendría el festival. Fue el inicio y final de muchas cosas para la juventud mexicana. Mientras que a pesar de las adversidades Armando se mantiene activo y junto a una nueva alineación se presenta de manera periódica para demostrar que pese a todo el rock nunca morirá.

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