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20 años del 'Mellon Collie And The Infinite Sadness' de The Smashing Pumpkins

20 años del 'Mellon Collie And The Infinite Sadness' de The Smashing Pumpkins

20 años de melancolía en el Mellon Collie And The Infinite Sadness.

"Mellon Collie and the Infinite Sadness representa la mejor época de The Smashing Pumpkins”, refiere Billy Corgan al respecto de su obra magna, lanzada un día como hoy hace 20 años, y que en un comienzo fue erróneamente comparada con The Wall por ser un disco doble. De hecho, el formato propuesto por la disquera era sacar dos discos por separado como el Use Your Illusion de Guns n’ Roses, pero Corgan concebía su creación como un todo que no necesariamente seguía una narrativa como la obra de Pink Floyd.

Diez meses de creación lírica, composición y grabación con Flood y Alan Moulder en las consolas; ideas como literalmente llevar el nivel de los amplificadores al límite del incendio para grabar distorsiones tales como en “Bodies” o “Tales of a Scorched Earth”; piezas de furia como “X.Y.U”; extensas y elaboradas letanías con ímpetu progresivo y sentido épico como “Porcelina of the Vast Oceans”; y “Thru the Eyes of Ruby” y sus 54 tomas de guitarra grabadas en cuatro horas, son parte fundamental de un álbum de canciones tiernas y salvajes, de una labor creativa tal que muchos tracks fueron ocupados como lados B y rarezas en un boxset subsecuente titulado The Aeroplane Flies High. Basta escuchar el track “Pastichio Medley” de dicho material, que incluye 71 riffs e ideas cuya mayoría no terminaron en grabaciones finales.

“Bullet With Butterfly Wings” es como las alas de la bestia extendiéndose para devorar al mundo, y “Zero” es como el estandarte de un nuevo sonido más oscuro; este último tema fue mostrado a la banda por Billy justo el día de su cumpleaños 27, tan lleno de vida en la misma edad en la que muchos se han ido en la historia de la música. Después de disputas creativas y la distancia que hizo que su disco anterior Siamese Dream prácticamente fuera grabado por el vocalista y letrista principal, finalmente The Smashing Pumpkins encontró su cúspide creativa; por ejemplo, en “Where Boys Fear to Tread”, ya que lo que escuchamos en el disco es la grabación de la primera vez que se tocó dicho tema. La incursión de James Iha en la composición con “Take Me Down” y sus solos difusos y ruidosos en diferentes canciones; el bajo siempre perfecto de D’Arcy; la batería de alta escuela de jazz de Jimmy Chamberlin, todo en su cauce correcto.

Desde elaboradas piezas con orquesta como la gloriosa “Tonight Tonight” hasta simples demos caseros que terminaron en el disco como “Stumbleine”, dan condición de grandeza a la melancolía infinita inspirada por los primeros amores, como “Lily (my one and only)”, o al último respiro de un largo proceso de grabación: “1979” es quizá el tema más emblemático y fue grabado justo el último día en el estudio.

La tragedia golpearía a la banda en pleno tour de promoción cuando Jonathan Melvoin, tecladista de apoyo, fuera encontrado muerto por una sobredosis de las mismas drogas que también dañaban la sangre y el espíritu de Jimmy Chamberlin, provocando su subsecuente despedida. Las calabazas golpeadas por el destino y la fama siguieron su camino hacia el infinito que se tornó oscuro e incierto. Ya nada sería lo mismo, pero la canción “Muzzle” pasará a la historia, en palabras de Billy Corgan, como el testimonio de una banda sólida que a pesar de los dilemas existenciales y las crisis, se encontró para maquilar 28 grandes canciones, del amanecer al ocaso, del crepúsculo al brillar de las estrellas.

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