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Tocando la luna: Dos voluntades y un amor

Tocando la luna: Dos voluntades y un amor

Basándose en un hecho de la vida real novelizado en el libro Flores raras y banalísimas de Carmen L. Oliveira, el cineasta brasileño Bruno Barreto (Doña Flor y sus dos maridos, Gabriela, clavo y canela) vuelve a presentarnos un retrato de universos íntimos femeninos con Tocando la luna.

En 1951, la poetisa norteamericana Elizabeth Bishop, un tanto frustrada por no poder encontrar la inspiración adecuada para sus escritos; decide emprender un viaje a Brasil para visitar a una amiga que reside allí. En ese lugar conoce a la arquitecta carioca Lota de Macedo Soares. En principio no se caen bien, pero más adelante se fascinarán la una con la otra y darán inicio a un apasionado, obsesivo y conflictivo romance.

Barreto logra construir un interesante retrato de dos mujeres que comparten no solo el lecho, sino sus sueños de lograr crear (en sus respectivas disciplinas) una obra magnífica, así mientras Lota se involucra en el diseño y construcción de un ambicioso proyecto (que desembocaría en la creación del famoso Parque do Flamengo), Elizabeth logra hacerse un gran prestigio como poetisa que la lleva (en 1956) a obtener un Premio Pulitzer. Sin embargo, a pesar de ser dos mujeres destinadas a la grandeza, su relación personal se ve afectada principalmente por sus opuestas personalidades, ya que mientras Lota es una mujer decidida, de voluntad férrea y que sabe lo que quiere y no se detiene para conseguirlo, Elizabeth es mas tímida, melancólica e insegura y siempre ha vivido con la zozobra de perder lo que ama, ya que sus padres fallecieron cuando era muy joven.

Y es precisamente la pérdida (y como lidiar con ella) el eje central del filme. Ambos personajes enfrentarán pérdidas (de inspiración, profesionales, afectivas), y lo que hacen para lidiar con ellas y seguir adelante es lo que (al final) demostrará cual de ellas es en verdad, la más fuerte.

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