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José Emilio Pacheco y Los días que no se nombran

José Emilio Pacheco y Los días que no se nombran


22/Ago/2014

Los Días Que No Se Nombran. Antología Personal

José Emilio Pacheco

Dirección de Literatura UNAM / El Colegio Nacional / Biblioteca Era

México, 2014

Primera Edición, 440pp

La última y me voy, pareciera ser el mensaje desenfadado y juguetón que el entrañable José Emilio Pacheco nos dejó, por medio del libro Los días que no se nombran. Antología personal (2014), antes de su partida. Lo que encontrará el lector dentro de las páginas de este volumen puede entenderse como una carta brillante, proveniente desde la nada, en la que el mismo Pacheco nos entrega un último fragmento invaluable de su grandeza

El escritor y poeta Jorge Fernández Granados (México, 1965), implicado en el proceso de edición del volumen, comenta: "Procuramos encontrar esas grandes líneas que marcan las etapas o las principales preocupaciones del poeta. Observamos que existe claramente una diferencia entre sus dos primeros libros, Los elementos de la noche (1963) y El reposo del fuego (1966), con respecto al tercer libro y los que continúan a partir de ese tercer libro, No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969)", explicó.

El primer José Emilio Pacheco trabajaba con un cuidado excesivo de la voz, de las formas y las imágenes decantadas, que en México podemos ubicar dentro de la tradición de Los Contemporáneos; de igual modo, también pervive en él la influencia de Alí Chumacero y Rubén Bonifaz Nuño, entre otros.

Como puede apreciarse en las nuevas versiones poéticas de este volumen, José Emilio Pacheco tenía una preocupación obsesiva por revisar sus textos, pero al respecto hay que entender que su inquietud no era tanto por el perfeccionamiento interminable de su poesía sino más bien en pos de una desacralización de la figura del escritor, explicó el investigador. “José Emilio cultivó mucho la traducción. No se puede perder de vista esto para entender esa obsesión de nuestro escritor por revisar sus textos", relata.

El poeta de No me preguntes cómo pasa el tiempo era muy seguido, muy leído y admirado, a la par que lograba que los lectores percibieran en él la voz de un prójimo cercano. Es muy célebre el poema "A quien pueda interesar", texto en donde describe que la escritura que él buscaba no tiene forma ni medida, sólo aspira a detener el paso del instante: A quien pueda interesar: "Otros hagan aún/ el gran poema/ los libros unitarios/ las rotundas/ obras que sean espejo/ de armonía/ A mí sólo me importa/ el testimonio/ del momento inasible...", (p. 74).

El truco con la obra de José Emilio Pacheco es que se puede abordar desde diferentes aspectos: la poesía se completa con la crónica (y el resto del trabajo periodístico), a su vez los cuentos ayudan mucho a entender su poesía o sus traducciones y eso es algo que se aprecia bastante bien en este volumen final; los versos. Una hermosa carta de despedida para quien desee leerla.

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