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Ty Segall & White Fence — Joy

6

Ty Segall & White Fence
Joy

Drag City / 2018

Artista(s)

Ty Segall & White Fence

Una colmena de psicodelia que nunca termina de explotar.

Hace seis años Tim Presley (mejor conocido en el mundo musical como White Fence) y Ty Segall unieron fuerzas para cocinar un álbum colaborativo titulado Hair. El trabajo que en primera instancia iba a ser totalmente dividido, arrojó buenas ideas con destellos de garage y pop psicodélico, metiendo a los dos prolíficos rockeros de la costa californiana a jammear y componer en el estudio al menos tres canciones en conjunto del tracklist final. A partir de ello Segall y Presley en ocasiones giraron juntos y Ty le produjo For the Recently Found Innocent en 2014 a Tim, concretando una relación creativa y amistosa, donde la admiración mutua fue, es y sigue siendo un pilar fundamental.

Más de un lustro después la mancuerna se vuelve a unir y presenta Joy, una pieza de estudio que no convence y al final, parece nunca amarrar del todo. Si es el primer disco que pretendes escuchar del par de artistas, descártalo inmediatamente, pues te llevarás una decepción instantánea. Si eres fanático del garage californiano y de los músicos que tienes de frente, catalogarás el material como un intento fallido colaborativo, y si eres demasiado purista, como un estancamiento creativo.

Con 15 canciones repartidas en 31 minutos, Joy nunca tiene un hilo conductor, dejando al escucha en un abismo nuboso sin una brújula y en un camino totalmente incierto repleto de incertidumbre. Pequeños momentos de virtuosismo en las cuerdas, algunas baterías que destacan por segundos y las voces de los cantantes uniéndose por algunos instantes, pero el clic no llega, los acordes no tienen olor ni sabor y el salvajismo se queda enfrascado en la mayoría de las canciones.

Con “Beginning” las percusiones animan, parece que una inquietante jungla será desatada en cualquier minuto pero las guitarras matan un poco las expectativas. Un inicio flojo, pero no se juzga un filme por la primera secuencia, hay que estar presentes en el clímax y en el vibrante desenlace, un giro de tuerca puede cambiar toda la percepción en una historia. “Please Don’t Leave This Town”, “Room Connector” y “Body Behavior” podrían tratarse de un tema completo destazado en tres partes, y por cómo terminan y dan inicio, la duración de cada track en solitario y la raíz que envuelven las letras, parece ser así. Un tema de cuatro minutos hubiera sido respetable con todos los cambios de ritmo, pero al parecer la improvisación y los cortes bruscos sin algún fin marcaron la producción. Otra mala movida de los californianos.

Prosiguiendo los segundos y con una armonía que se niega hacer acto de presencia, una cubetada helada de agua fría cae sobre nosotros nombrada “Rock Flute”. Tal vez no sea músico, pero nunca termine de entender como un tema de 28 segundos con una flauta como protagonista tan mal ejecutada fue incluido en el master. No capté si era una especie de broma o una simulación de algún raro solo en la guitarra, pero para las características y aptitudes en rasgar los instrumentos de Ty y Fence respectivamente, descartar el tema hubiera sido lo más mesurado. Otro descalabro a la lista en un camino lleno de adversidades.

Si algo hay que destacar, es que Joy no contiene homogeneidad, SegallPresley se lanzaron al abismo a componer y a patear su zona de confort. Hay gritos, una increíble balada titulada “My Friend” –el tema más trabajado y aterrizado del material–, narrativas desordenadas y el instintivo misterio que todo artista tiene que llevar en su ADN. Y aunque todo podría sonar como un caos perfecto donde la cohesión del todo culminará en algo hermoso, el poco enfoque que se le otorgó al larga duración es de miedo, dejando la obra en bocetos y conceptos. Donde más que una fina producción, parece que es un encuentro de rarezas y b sides.

Buenas ideas, grandes trazos y el ferviente amor a la música están ahí todo el tiempo. Momentos de gloria, grandes riffs y letras que te llegan a la mente no quisieron hacer aparición. Sabíamos que no iba a existir otro sublime Freedom’s Goblin en un tiempo o que iba a ser difícil alcanzarlo, pero no esperábamos que lo siguiente fuera algo tan sombrío. Dos gigantes cayeron por media hora. Nada de qué preocuparse.

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