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TR/ST — The Destroyer — 2

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TR/ST
The Destroyer — 2

Royal Mountain Records / 2019

Artista(s)

TR/ST

28/Oct/2019

En la segunda entrega de The Destroyer, TR/ST emprende un viaje de descenso hacia la melancolía. 

Después de escuchar la segunda parte del ensamble The Destroyer, el álbum doble del proyecto canadiense TR/ST, es normal sentir el corazón helado. Es normal también sentir paz y calma. En su extensión las composiciones de pop oscuro devienen en baladas y atmósferas melancólicas que trepidan hasta fundirse en un eco suave que un aplauso podría romper. Si en la primera entrega había agitado el alma y el piso en temas como “Bicep” o “Poorly Coward”, en el complemento desciende a un campo que anteriormente parecía no interesarle, ambientes lánguidos y sombríos.

El destructor, como se define el protagonista del track homónimo, podría ser aquel liberador de los sentimientos de culpa y vergüenza que nos atan y generan angustia. En el sentir de las ocho pistas brota una idea de ruptura, de abandono también, de tristeza y arrepentimiento. Aquel pasado caótico y oscuro es iluminado, se descubre ante nuestros ojos, lo vemos nítidamente y podemos enfrentarlo. Tiene forma y nos mira directamente. ¿Nos podremos liberar? ¿Alguien nos ayudará? ¿Estamos condenados al limbo del pasado y su tormento? ¿Cómo nos liberamos de esta enfermedad? Es normal que nos vayamos quebrando a lo largo del álbum.

Salvo “Iris”, “Destroyer” y “Slow Burn” que se mantienen en composiciones del mejor TR/ST con su pop industrial, las piezas restantes son la exploración musical que Robert Alfons necesitaba para romper con el pasado de synth pop que podría llegar a reducir su sonido encasillándolo en el mundo de ese género. Empero “Darling”, “Cor”, “The Stain”, y “Enduring Chill” están en otro ámbito del proyecto, se asemejan a “Trinity” por su ambientación siniestra y melancólica; la emoción que las impulsa se dirige a otro destino. La bestia que suele ser Alfons cuando conduce el proyecto narra con otro color, no es salvaje y tampoco omnipresente, canta como quien reconoce que en su interior habitan emociones o deseos de los cuales se siente avergonzado y de los cuales al final habrá de escapar, confesándolo.

Y aunque mejor cohesionado y más interesante, el segundo lado de The Destroyer se reduce a manifestar las culpas y expulsarlas, carece de lo mismo que la primera entrega, de clímax y tensión. Los ocho temas en una sola parte no producen una experiencia completa y terminan siendo una viñeta de algo que pudo ser más ambicioso. Tiene potencia en temas como “Slow Burn”, que compuso al lado de Maya Postepski; la pieza que cierra el álbum podríamos emparentarla con el ejercicio catártico que es “Sulk”. Viral y pop, seductora y liberadora. Tiene fuerza dramática en “Cor”, con su desdoblamiento de voz y la gelidez del sonido. El resultado de haberlos separado le dio a TR/ST presencia y permite que se mantenga vigente a lo largo del año, pero le restó a la primera escucha de ambos álbumes.

¿Al final nos liberaremos? ¿Dejaremos la vergüenza? Es normal también sentir que nos pudimos escapar de esos sentimientos brevemente, porque hace falta más para sudarlos y erradicarlos de nuestro cuerpo, simplemente los dormimos durante un rato.