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The Gluts — Ungrateful Heart

9

The Gluts
Ungrateful Heart

Fuzz Club Records / 2021

Artista(s)

The Gluts

06/Oct/2021

Entre la devastación del punk y la introspección de la psicodelia.

Si estás harto de las baladas de amor y las canciones de teclados plastificados entonces le hace falta a tu vida un poco de The Gluts. Si lo tuyo son las guitarras filosas, la distorsión que provoca tinnitus y los cantantes que le gritan al micrófono entonces hay una banda que no te puedes perder. Su estilo es tan potente que sus propios integrantes lo describen como noise-punk psicodélico. Aunque para evitar complicaciones y como dice The Rolling Stones, es solo rock & roll (y nos gusta).

Este combo italiano lleva una década de incendiar (en sentido metafórico) escenarios. Sus días se dividen entre recorrer el mundo y encerrarse en el estudio para grabar nuevos temas. Precisamente ahora tienen listo su cuarto álbum y no hay pandemia que los pueda detener. De hecho, las condiciones actuales fueron una parte importante de la inspiración de sus temas. Ahora suenan más rabiosos que antes y ya es mucho decir.

Con el cobijo del sello inglés Fuzz Club Records, el grupo originario de Milán presenta una decena de composiciones marcadas por el enojo. La encargada de dar la bienvenida es “Mashilla” y de inmediato consigue transportar a inicios de los noventa cuando Helmet y Mudhoney salían en MTV y el mundo era un poco menos horrible que ahora. Los gritos de Nicolò se entienden a la perfección con la guitarra de su hermano Marco porque se conocen de toda la vida.

Ahora bien, si alguien se atreve a blasfemar que las mujeres no saben hacer rock enfurecido es porque no conoce a Claudia. Aunque por fuera luce como una italiana promedio, en cuanto se apodera del bajo se transforma en Medusa y es capaz de convertir en piedra a quienes la vean a los ojos. En “Something Surreal” y “Ciotola di Satana” es donde más destaca la profundidad de sus cuatro cuerdas.

Por su parte, otro rasgo de The Gluts es un estilo sombrío que guarda cierta similitud con Joy Division. La batería es como una sombra que no es protagonista pero jamás desaparece. El ritmo se mantiene estable y mientras en algunas canciones se acerca a la devastación del punk en otras se inclina por la introspección de la psicodelia.

Todo lo que tiene un comienzo también debe llegar a su fin y en este LP la última pieza en aparecer es la instrumental “Eat Acid See God”. El sonido es igual de alucinante que el título y sus siete minutos de duración tienen una deuda pendiente con el primer Pink Floyd. Después del viaje a otras dimensiones lo único prudente es darle play al reproductor para comenzar el recorrido de nuevo.

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