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Metz — Strange Peace

7

Metz
Strange Peace

Sub Pop / 2017

Artista(s)

Metz

Strange Peace: No todo tiene que ser un buen trip siempre.

La música es de esas pocas cosas que incluso cuando tiene la intención de ser abrasiva y violenta llega a sentirse cálida y tranquilizante; precisamente porque cumplió su cometido inicial.

Si eres de esas personas que prefieren la música algo extrema (y supongo que lo eres porque estás leyendo una reseña del tercer álbum de Metz) entiendes algo que pocos comprenden: se puede llegar a sentir una paz inigualable incluso en la primera fila de un concierto de noise, envuelto por guitarras histéricas, gritos e innumerables tamborazos iracundos.

No usarías Drano para lavarte una herida, ni te colocarías directo en las flamas de una fogata para sentir calor. Pero con la música ruidosa, por alguna razón, nos gusta fuerte, nos gusta envolvente y nos gusta que pegue directo en la cara. Una paz extraña sin duda.

El tercer disco de los canadienses Metz es quizás su mejor intento a la fecha de presentar mediante una grabación ese despliegue de energía visceral por el que son conocidos en vivo. Sus dos entregas anteriores, II (2015) y METZ (2012), aunque intensas y proclives a provocarle un arresto cardiaco a personas susceptibles, dejaban un poco que desear en cuestión de fidelidad.

En Strange Peace hay un verdadero sentido de espacio. Te pone justo en medio de la violencia. Tanto que, a diferencia de los dos predecesores, no se siente todo a la misma intensidad de manera que o te acostumbras o te harta. Hay momentos más silenciosos (escuchar Caterpillar”) y texturas electrónicas (escuchar “Raw Materials” o “Drained Lake”) que hacen que el disco en su totalidad sea una escucha más completa y realista sin nunca dejar de ser, en esencia, un buen álbum de noise punk.

Y no debería sorprender demasiado cuando leas los nombres que aparecen en los créditos. Esto es lo que pasa cuando una banda que sabe lo que hace (Metz llevan toureando sin parar y grabando desde hace más de cinco años) se encuentra con alguien como Steve Albini; conocido por su tradición de grabar directamente los discos mientras las bandas tocan en vivo en el estudio.

El álbum se grabó durante solo cinco días en Electrical Audio, en Chicago. El primero fuera de casa para la banda oriunda de Toronto. Luego las sesiones se le entregaron a Graham Walsh (miembro también de Holy Fuck, productor para bandas como Preoccupations) que tuvo la destreza de agregar estos toques electrónicos sin perder la estética original de las cintas.

De las 14 canciones grabadas, las 11 que componen Strange Peace suman 36 minutos (algo corte, lo sé) en los cuales es fácil sentirte en casa, pero también dejarte llevar sin prejuicios hacia los rincones menos agradables de tu existencia. No todo tiene que ser un buen trip siempre. Y quizás por eso este tipo de música, en momentos adecuados, llega a sentirse tan bien.

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