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Dead Cross — Dead Cross

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Dead Cross
Dead Cross

Ipecac Recordings/ Three One G / 2017

Artista(s)

Dead Cross

Un bombardeo de estímulos que te harán rechinar los dientes.

¿Cuál es la probabilidad de que un proyecto nacido de la suma de una serie de complicaciones repentinas resueltas en el último momento tenga un desenlace infalible? Dead Cross es uno de esos casos en donde las cosas fluyen aunque todo parezca ir contracorriente.

Desde el nacimiento anticipado del imaginario en el que habitaría (antes siquiera que la música ya existía un nombre, una gira, un estudio de grabación reservado); todo en Dead Cross ha sido tan acelerado y salvaje como su discurso musical.

Originalmente integrado por Dave Lombardo (Suicidal Tendencies, Misfits, Slayer, Fantômas) en la batería, Gabe Serbian (The Locust, Retox, Head Wound City) en la voz, Michael Crain (Retox, The Festival of Dead Deer, Kill The Capulets) en la guitarra y Justin Pearson (The Locust, Head Wound City, Retox) en el bajo.

A tan solo tres semanas de su precipitado nacimiento en noviembre de 2015, el cuarteto realizó una serie de presentaciones en la costa sur de Estados Unidos, despertando el interés tanto de la prensa especializada, como de aquellos militantes de la velocidad y la distorsión que asistieron para satisfacer la curiosidad que provocaba el background de sus integrantes. Siete canciones originales y un cover conformaban el set de entonces, la brutalidad a grandes decibeles era la constante.

En 2016 tras finalizar la grabación del disco, Serbian se despide del proyecto, y por segunda vez en medio de la crisis, el rumbo de Dead Cross da un vuelco de dimensiones insospechadas: No hizo falta más que una breve conversación vía whatsaap para que en diciembre de ese mismo año, Mike Patton (Mr. Bungle, Tomahawk, Fantômas por mencionar solo algunos de sus múltiples proyectos) se convirtiera en el nuevo vocalista oficial de la banda.

Con fe ciega, Lombardo envió el material a Patton quien en absoluta libertad creativa reinventó los tracks que componen el disco, grabando todas las voces en el sótano de su casa en San Francisco (Vulcan Studios); de manera muy similar a lo que sucedió en sus inicios con Faith No More.

Bajo la producción de Ross Robinson (At the Drive-In, The Blood Brothers, Glassjaw), y en la búsqueda de retratar la crudeza orgánica del sonido fundamentalmente rabioso que los identifica; la base (bajo, batería y guitarra) fue grabada de manera simultánea; y por primera vez en mucho tiempo Lombardo echó el metrónomo a un lado para seguir su instinto y exorcizar la ira y frustración latentes al momento de entrar en el estudio (hace poco mencionó que es uno de los álbumes más brutales que ha hecho).

Al escuchar los diez temas que componen este material homónimo, queda claro que ha sido construido siguiendo los lineamientos del hardcore punk tradicional.

La base es una maquinaria perfecta. Con un poco más de sobriedad de lo acostumbrado, Crain y Pearson proveen una base sólida llena de riffs robustos y vertiginosos mezclados con solos de guitarra caóticos que hacen evidente su gusto por el noise y el grindcore. Sin embargo, algo que los distingue de otras bandas del género, es la destreza de mezclar la tradición con lo experimental –elemento de riesgo cortesía de Patton–.

En una lectura inspirada por bandas como The Accüsed, Deep Wound o Siege, Mike imprime su esquizofrénica marca al tratar su voz como un caótico instrumento de enorme rango expresivo, transfigurándose polarizadamente del gutural al crooner en medio de chillidos hirsutos y texturas de compleja densidad armónica –acrobacias kamikaze que erizan el lomo de la bestia que se nos despierta cuando lo escuchamos–.

A través de su lírica aparentemente inconexa llena de realidades delirantes y discursos bufonescos, subyace una fuerte crítica a la sociedad y su descomposición. Humor negro y violencia reflejan el profundo sentido de alienación social, histeria colectiva, pánico y descomposición política de los últimos tiempos.

Destacan temas como “Grave Slave”, “Obedience School”, “Gag Reflex” y la versión de “Bela Lugosi's Dead” de Bauhaus, tema que de cierta manera obliga al respiro de la velocidad y la furia. Durante 28 minutos, usted será bombardeado por una serie de estímulos que le harán rechinar los dientes. La bacteria ha sido inoculada y queda claro que este disco –si corremos con suerte– será solo el principio.

Interesante será saber qué resultará de las conversaciones no verbalizadas sobre el escenario, de esa familiaridad que se aprende en el campo de batalla. El correr de los días nos mostrará qué música crearán en conjunto, con tiempo y plena consciencia de aquello en lo que se van convirtiendo al coexistir en ese espacio llamado Dead Cross.

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