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Bully — SUGAREGG

6

Bully
SUGAREGG

Sub Pop / 2020

Artista(s)

Bully

02/Sep/2020

Alaridos y estridencia noventera, la zona de confort de Bully.

El tercer álbum de estudio de Bully es en realidad el primer álbum solista de Alicia Bognanno ya que atrás quedaron sus compañeros originales de banda, por lo cual la estadounidense aprovecha para hacer una serie de canciones muy personales que si bien no traen nada nuevo sónicamente a la mesa, son una buen dosis de rock alternativo retro con una pizca de azúcar en medio de un huracán de guitarras.

Si bien anteriormente Bognanno mantuvo a Bully como un proyecto “hazlo tú misma” en cuanto a composición y producción, en esta ocasión no estuvo sola ya que recurrió el renombrado productor John Congleton –quien ha trabajado con músicos como St. Vincent, Sleater-Kinney, Future Islands, The War On Drugs y muchos otros- y el resultado es un disco definitivamente más pulido y menos lo-fi que aquel debut Feels Like de 2015, aunque más ligero que su sucesor, Losing de 2017.

Una ventana al pasado

Las 12 canciones y 38 minutos que conforman SUGAREGG se pasan volando entre constantes sacude-melenas con una profunda influencia del grunge y el riot grrrl noventero, por lo cual no es sorpresa que la casa disquera de Bully sea Sub Pop, la cuna del grunge y posteriormente un santuario del punk y el rock alternativo.

Bognanno canaliza esa furia y frustración a-la-Courtney Love en cada canción y brinda pocos respiros o descansos al escucha, en cuanto baja los decibeles y la distorsión para dar protagonismo a los bajos profundos, no tarda mucho en agarrarte desprevenido y levantarte de nuevo como pasa en “Hours and Hours” o “Prism”.

Catarsis retro

SUGAREGG es desahogo constante con una vibra veraniega, desde que arranca con “Add It On” establece un tono constante de la cual no se desapega mucho y a primera escucha puede parecer un poco monótono, especialmente para estos tiempos en que parecemos tener una completa impaciencia para escuchar discos completos más de una vez y un déficit de atención para saborearlos.

Definitivamente el nuevo disco de Bully es más disfrutable entre más lo escuchas y diseccionas sus capas, melodías y texturas. Es un disco cuyas letras reflejan la angustia y la emoción de su vocalista entre amores amargos y necesidad de dejar ir (“Add It On”, “Let You”, “Come Down”), la salud mental y los estragos del trastorno bipolar diagnosticado de Bognanno (“Prism”) o el rechazo a las imposiciones sociales sobre las mujeres y sus cuerpos (“Every Tradition”).

¿Reciclar o recuperar la fórmula?

¿Anacrónico? Definitivamente. ¿Desechable? Depende a quién le preguntes, vivimos en un tiempo de revival, ¿o es el revival del revival? ya que desde inicios del milenio hablábamos del recuperar el post punk.

Bully no es una banda que el rock necesite para “ser salvado” como los puristas y anticuados abogan que necesita serlo, pero este disco tiene cualidades rescatables: tiene emoción, garra, agresividad y si le das la oportunidad, los riffs distorsionados y la entrega vocal constantemente intensa de Alicia Bognanno pueden darte esa dosis de rock disfrutable y sin mayores pretensiones.

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