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Alex Anwandter – Amiga

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Alex Anwandter – Amiga
Alex Anwandter – Amiga

National Records / 2016

Artista(s)

Alex Anwandter

Dos discos, de reciente lanzamiento, han cartografiado circunstancias sociales. Revisamos a PJ Harvey, hoy a Alex Anwandter.

El pop, en su acepción más amplia, ha tenido en Latinoamérica enunciaciones políticas –los personajes marginales de Rita Indiana; la sátira del Tercer Mundo construida por Eblis Álvarez–, pero podemos escuchar cierta diferencia en la producción chilena, al menos en aquellos nombres que han tenido proyección internacional. Gepe, Javiera Mena, Dënver y Astro son propuestas que han buscado las fórmulas más bailables del pop a través de registros distintos, desde aquellos que han buscado capturar a la adolescencia hispanohablante hasta los más susceptibles a la televisación más vulgar –Mena es un ejemplo de ello; en poco tiempo, transitó del “un audífono tú, un audífono yo” al “quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”–. En este panorama, la figura de Alex Anwandter resulta singular. Recordemos Odisea, su primer proyecto solista desde Teleradio Donoso. Sin olvidar las licencias que el pop puede darse a sí mismo, en 2011 lanzó un único disco que puede funcionar como un retrato desasosegado del Chile después de la dictadura de Pinochet. “Otra víctima del siglo XX, que empezó y terminó de repente, y tengo dudas sobre qué hacer”, se escucha en “Casa Latina”, la canción más reconocible de aquella placa oscura y políticamente desencantada.

5 años después, Alex Anwandter evolucionó el mismo discurso y nos trae Amiga, un disco que pone entre paréntesis los procedimientos del pop, haciendo del género un soporte ambiguo, una vía capaz de poner en términos del mainstream los desencantos del presente. Detrás de los sintetizadores más festivos y de los estribillos más pegajosos, trabaja una letra frontalmente combativa. Si en Rebeldes abordaba la represión sobre los cuerpos, en Amiga esa preocupación se vuelve central y se ancla en las manifestaciones más radicales de la literatura y de la canción chilena. “Siempre Es Viernes En Mi Corazón” se traviste de una celebración del fin de semana al tiempo que arroja un mensaje en torno a la enajenación laboral y a los deseos de emancipación. “Viernes: cansado y el trabajo se hace eterno. De a poco creo que estoy entendiendo. No quiero estar en llamas porque sí. Si quiero prenderle fuego a algo que sea a la iglesia y al congreso”, canta Alex como si se tratara de una fiesta. Por su lado, “Mujer”, una canción que podría enmarcarse en el mejor aliento de la música disco, describe paródicamente a la mujer como un ente sin voluntad que sólo existe para provocar a los hombres –“y yo sé lo que quieres decir con ‘no’”, reza la letra de un álbum que se estrenó poco después de la partida de la periodista Andrea Noel tras recibir amenazas de muerte después de denunciar un acto de acoso sexual en las calles de la Ciudad de México–.

Amiga contiene dos puntos conmovedores, un par de subtextos que resuenan en figuras que resultaron incomodas para un país que atravesó uno de los regímenes gubernamentales más siniestros del Cono Sur. Por un lado está “Manifiesto”, balada que continúa la tristeza por el crimen de odio contra Daniel Zamudio esbozada en ¿Cómo Puedes Vivir Contigo Mismo? de la placa Rebeldes. “El maricón del pueblo: aunque me prendan fuego, brillaré como las estrellas brillan”, dice Alex acompañado únicamente de un piano. Esa altisonancia, esa declaración que desestabilizaría a cualquier disco pop, es una cita al texto Hablo Por Mi Diferencia del escritor Pedro Lemebel, quien en pleno totalitarismo leyó en voz alta este texto donde habla de su comunismo y de su diferencia sexual. En otro extremo, se encuentra “Caminando A La Fabrica”. “Voy caminando a la fábrica otra vez, pensando en ti, de nuevo” son los versos iniciales, cita de “te recuerdo Amanda, camino a la fábrica, donde trabajaba Manuel”, canción de amor de Víctor Jara, otro militante que sí fue asesinado por la dictadura chilena.

Amiga es un trabajo contestario que altera todas las nociones de la música bubblegum. Desde su propio contexto y lengua, el disco es una respuesta estética a las condiciones de “la diferencia”; de los cuerpos, las preferencias y las clases sociales minoritarias cuya existencia persiste.

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