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Entrevista con Ira Kaplan de Yo La Tengo

Entrevista con Ira Kaplan de Yo La Tengo

Christian
Mendoza

14/Abr/2016

Ira Kaplan: las posibilidades de un músico.

25 años median entre Fakebook (1990) y Stuff Like That There (2015), una producción concebida como un retorno a su primer disco, según nos cuenta Ira Kaplan, cofundador de Yo La Tengo. Entre estos dos títulos se solidifica un sonido que, desde sus inicios, ha conservado su singularidad. Sin haber alterado su alienación durante estos años, Yo La Tengo ha construido una carrera ajena a las demandas mercantiles: sin la ansiedad generacional del grunge, sin estremecer estadios multitudinarios, la banda ha construido una identidad artística, una cualidad difícil de conseguir en un medio sostenido en criterios de industria y de éxito. Pero la música posee diversas ramificaciones, más allá de la composición exclusivamente autoral. “Escuchamos mucha música. No nos vamos a casa buscando canciones para coverear. Eso se da durante la marcha. Tenemos covers de bandas que son bastante oscuras, y sabemos que son oscuras, sólo que no lo son para nosotros. Es la música que escuchamos. Y, además, tienen un atractivo cuando eres un compositor. Sí, es un reto reversionar una canción que todos conocen. Pero hacer un cover a partir de ‘Wolly Bully’, más te vale ser increíble”, nos dijo Kaplan sobre su repertorio alterno a las composiciones originales de Yo La Tengo. “Una de las cosas interesantes de nuestra vida es que a veces no entendemos la diferencia entre lo que hacemos por trabajo o lo que hacemos por diversión. A veces, hacemos algo por alguna de esas dos razones. A veces no estamos seguros qué es lo que nos está moviendo”.

 

Las posibilidades laborales pueden funcionar como una extensión para el músico. Ira Kaplan ha trabajado como columnista de música en medios como The Village Voice y New York Rocker, una publicación con un tiraje de 20’000 ejemplares que apareció durante el auge de las revistas autogestivas. “No sé si es verdad en México, pero en Estados Unidos se dice que los periodistas musicales son gente que, como no pudieron ser músicos, se dedicaron a escribir. Eso no aplica para mí. Yo nunca me perfilé como un escritor, pero disfruté mucho haciéndolo. Disfruté los discos gratis, las entradas gratis. Pero cuando conocí a Georgia [Hubley] y comenzamos a tocar juntos, la escritura pasó a segundo plano, y lo mismo sucedió con New York Rocker, una publicación que amaba y que salió de circulación”, declara. Kaplan también plantea una inquietud que comparten algunos escritores y algunos medios: la difusión, siempre problemática. “Las reseñas cambiaban según los años. Hubo un momento donde, si vivías en Nueva York, sentía que las bandas locales y del país en general no recibían la atención que recibían proyectos londinenses. Mucho de lo que escribí, a partir de decisiones arbitrarias, fue sobre bandas estadounidenses que pensaba eran subestimadas. Actualmente, siento que hay demasiada música y que no puedes cubrirla en su totalidad. Pero durante los 90 había un número menor de proyectos, por lo que siempre consideré que escribir una reseña negativa no iba a aportar en nada, así que sólo puse atención en las cosas que yo quería que la gente escuchara. Recuerdo haber escrito sobre Half Japanese”. Kaplan también se ha desempeñado como músico de apoyo, algo que piensa no en términos de negocio, sino de amistad: un hecho que retira cualquier aura de superestrella. “Unos amigos nuestros que se llaman Mofungo a veces necesitaban apoyo para sus giras locales, y también llegué a manejar su sonido en el club Maxwell, en Hoboken. Me pidieron que me fuera con ellos durante una semana, y toqué la guitarra en algunas canciones. Pero no es algo que haga a menudo”.

Como agrupación, Yo La Tengo ha aceptado trabajar en proyectos que no convergen, necesariamente, con su labor musical. “Nunca hemos querido componer para comerciales, y no lo hemos hecho. Pero si alguien nos permite manejar nuestra propia música, aceptaremos esa oferta. Hemos hecho muchas cosas, y algo que es emocionante de hacer varias cosas, además de componer, es que puedes cambiar procesos creativos. Cuando Starbucks nos pidió que compusiéramos algo, mantuvimos una conversación bastante rara sin entender del todo qué era lo que buscaban. Hubo muchas llamadas donde nos indicaban qué era lo que sí estaba funcionando y qué no. Y eso cambió mucho nuestra manera de pensar. Fue un trabajo muy interesante. Dijeron que querían utilizar una canción de Fade a lo que respondimos que no, por los que nos pidieron crear algo”.

El soundtrack para The Love Song of R. Buckminster Fuller también estuvo comisionado por el documentalista Sam Green, aunque la participación de Yo La Tengo funcionó en otros niveles. “No fue una compañía la que nos encargó música, fue Sam. La banda y él estábamos muy ocupados, y había fechas de plazo bastante apretadas. Lo que hicimos fue enviarle música y nos respondía con sus comentarios, y cambiábamos nuestra composición a partir de esos comentarios ensayando. Fue algo único. Pero la música fue escrita para él y bajo su dirección”. El acto, que podrá ser visto el día de mañana en el marco del Festival Ambulante, fue concebido como un documental en vivo que demanda la atención y la paciencia de los espectadores. “La inquietud de Sam es que todos miran películas en sus teléfonos o en sus computadoras mientras envían mensajes de texto, y ya es difícil que la gente se enfoque en lo que están viendo cuando van al cine. The Love Song of R. Buckminster Fuller es una especie de película en vivo gracias a que nosotros estamos tocando durante la proyección, mientras que Sam narra también en vivo. Es emocionante tomar el cine en vivo como un género. Al menos, para nosotros, porque cambia cada vez que tocamos según el venue y la audiencia”.

Ira Kaplan declara que el soundtrack para este documental no está planificado, por el momento, para ser lanzado como un disco, aunque considera que dejó un aprendizaje para la banda. “Lo más interesante de haber compuesto este soundtrack me remite a lo que hicimos con Starbucks. Cuando trabajamos como banda, sólo estamos ahí para complacernos a nosotros mismos. Aún cuando trabajamos con Matador Records, es una disquera que da demasiada libertad a los artistas. Sin embargo para este proyecto trabajamos bajo la dirección de Sam, nuestro sentido del gusto no es suficiente. Debíamos hacer que nuestras propuestas gustaran a Sam. Trabajando así puedes llegar al punto en el que, aún cuando a ti te fascine lo que estás haciendo, quien está comisionándote la música no le agrada del todo. Al principio, estábamos furiosos de que Sam no reconociera nuestra genialidad al primer intento, pero después de sus correcciones, la música fue mejor. Esta clase de proceso creativo nos ha permitido abrirnos más al cambio. De nuevo, a veces hacemos cosas por diversión, a veces por trabajo, y a veces, ambas se parecen entre sí”.

Lo que rodea a estos proyectos –Starbucks y el soundtrack- es una discografía en constante cambio. Después de Stuff Like That There, una suerte de revisión a sus orígenes, el ciclo vuelve a abrirse. “Estamos pensando en hacer canciones para otro disco, un álbum típico de Yo La Tengo, tal vez el paso siguiente a lo que fue Fade. Sabemos que entre este disco y Stuff Like That There existe una diferencia, así como la hay entre Fade y Popular Songs. Los procesos entre cada uno de esos discos, aunque distintos entre sí, los llevamos a cabo como bandas. Cuando volvamos a nuestras casas, después de nuestra visita en México, nos reuniremos cada uno con cinco canciones y aprenderemos a unificarlas”, concluye.

REDACCIÓN:

Christian
Mendoza

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