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Entrevista con Black Midi

Entrevista con Black Midi

04/Jun/2021

Antes los rockeros decían que el jazz era para idiotas.

Dentro de 10 o 20 años quizá lo sabremos, todo depende de si la escena siga vibrando y logre crear un ente auténtico, único, que emane luz, brillante y resplandeciente, y nos haga mirar atónitos. Por ahora nos queda contemplarlo, pero la pregunta ya nació ¿Qué está sucediendo en Reino Unido? Porque algo está ocurriendo ahí. Se está gestando una escena de punk experimental y post punk de la que cuelgan tentáculos de jazz, rock progresivo, spoken word y uno que otro sintetizador. Actos con músculo, cargados de poesía o de letras iracundas están orientando el sonido de vuelta hacia los terrenos olvidados de un género que nació en ese punto del orbe. Shame, Black Country, New Road, Dry Cleaning, Working Men’s Club, Billy Nomates, Squid, Goat Girl, Fontaines D.C., y los más salvajes y arriesgados, black midi, forman una cabalgada que galopa fuerte.

“No sólo es rock, está floreciendo el jazz o el afro beat, hay todo un espectro con el rock en medio. En el pasado no tenías una conexión entre el jazz y el rock, la gente del rock solía ser reaccionaria, diciendo que el jazz era para idiotas o no les resultaba interesante. Ahora los músicos están abiertos a todo lo que es emocionante. Mucho está inspirado por las condiciones de los venues que estaban en crisis, las bandas tocaban en venues pequeños y una vez que se movían a espacios más grandes ya no volvían, pero ahora tocan en un club de 100 personas después de haber tocado para 2000”, narra Cameron Picton, el bajista de black midi.

La banda londinense, llamada así por el género musical japonés Black MIDI, cabalga de nuevo con su segundo álbum, Cavalcade, una pieza con la que han mantenido su composición atípica, y al mismo tiempo han dado un giro de 160 grados, construyendo un relato musical consistente. Cameron Picton dice a Indie Rocks! la razón de esto. “Con los primeros sencillos era necesario seguir apegados al sonido del primer disco, queríamos que cuando saliera todo el álbum los sonidos y las canciones fueran completamente diferentes de lo que habíamos hecho, queríamos sorprender, considerando que no habíamos hecho gira o algo parecido”.

Cavalcade se desmarca de su primer trabajo, Schlagenheim, en su ritmo y en su proceso de grabación. Para el nuevo álbum se fueron a las afuera de Dublin y trabajaron más en estudio, sin horarios estrictos, en una producción y composición más “pensada”, con sonidos más “alocados” y que permitieran sacar lo mejor de la banda. En Schlagenheim el grupo grabó guiado por los shows que había hecho en vivo, recién aterrizado de una gira en Bélgica y trabajando con horarios fijos. El resultado se percibe, mientras que el primero captura la esencia de una banda poseída en directo, sin muchos efectos en las canciones; el segundo es una obra ambiciosa, cerebral, a ratos endiablada y a ratos, más pacífica.

La razón de que intentáramos otra manera de componer fue porque al final de la gira pasada sentimos que la improvisación que sucedía en el escenario no era improvisación precisamente, no tenía lo emocionante que es que en cualquier momento se puede venir abajo la canción o que en cualquier segundo puedes entrar en ritmo increíble. Tocábamos los riffs que sabíamos que sonaban bien, pero eso es algo mediocre, porque no tomas el riesgo de ser terrible a cambio del reconocimiento de sonar increíble. Cambiamos el proceso porque estuvimos mucho tiempo juntos, hicimos canciones más en forma, construimos melodías. Era importante para nosotros tomar otro pasillo e ir adonde no hay limitaciones con lo que podemos hacer”, relata Cameron Picton.

Cavalcade podría ser equiparable a OK Computer de Radiohead en tanto su edificación se basa en un gran relato musical dinámico, en volteretas entre canción y canción, en su capacidad para transformarse en un todo manteniendo elocuencia entre las distantes partes. “Eso fue algo que pensamos antes de empezar las grabaciones, que lo que fuera loco, fuera loco, y lo suave, fuera más suave y más hermoso”. El cuarteto que por el momento es un trío, ya que Matt Kwasniewski-Kelvin se separó temporalmente para atender su salud mental, va narrando a lo largo del álbum historias sobre personajes que en suma podrían decir algo. En “John L”, el protagonista es un líder que termina abandonado por sus ya no fieles seguidores; en “Marlene Dietrich”, la protagonista es la famosa actriz alemana, ícono que robó aliento y entretuvo a un público mientras sufría por dentro; y en “Dethroned” la agrupación cuenta sobre el que alguna vez tuvo todo el poder y ahora se ha quedado sin nada, muy parecido a “John L”, solo que a este rey le ha ido peor.

Cameron Picton puntualiza sobre las letras de las canciones y si es que hay algo detrás de ellas. “Los temas del álbum son personajes coloridos, locos e interesantes. Hay temas políticos, pero no creo que sea político en sí, es a través de las historias de estos personajes donde salen las ideas. No es sobre este tiempo, es sobre épocas pasadas. De ahí viene el título del álbum, es una cabalgada o un carnaval de personajes. Probablemente las letras tengan más cohesión que las canciones”.

¿Qué sucede en Reino Unido?, ¿Es el Brexit?, ¿Es el resultado de los diferentes géneros musicales al alcance de la nueva generación?, ¿Es la ausencia de protesta en la música que ha despertado la inquietud de las nuevas voces? ¿Es algo económico? El surgimiento del post punk en Inglaterra estuvo vinculado con las condiciones sociales y la falta de oportunidades, al igual que el grunge en Seattle. Esta vez un turba de grupos traen un peculiar sonido, en algunos casos, la presencia del bajo sigue pesando, en otros, el sintetizador tiene un protagonismo, pero las características principales son la fuerza que genera la combinación de otros instrumentos, las trompetas o las cuerdas; y una voluntad por componer de manera ambiciosa en canciones aventuradas. Por ahora, black midi al frente del contingente. Escuchar sus pasos.

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