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This Will Destroy You en el Teatro de la Ciudad

This Will Destroy You en el Teatro de la Ciudad

Paola
Baltazar

18/Jun/2018

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Teatro de la Ciudad

Artista(s)

Remedios precisos para enfermedades de ausencia.

Ciudad fantasma que sobrevive a la resaca de un triunfo intenso, las calles vacías y el clima cambiante, el hermoso Teatro de la Ciudad como guarida, el cuadro de Esperanza Iris observando a los invasores de su espacio, Awful Traffic demostrando que en México, aunque en estos días parece que todo es fútbol, también hay música instrumental que nos vibra, nos conmueve, nos complace. Un dueto que al compás de aplausos nos pidió un poco de energía, y que al ritmo variante de su propuesta nos encantó por completo.

“Quiet”, se rompe la ansiedad por el ruido, y el leve desfogue comienza a avivarse ante el pisar de los pedales de distorsión: This Will Destroy You, pero después podrás reunificarte, “The World is Our ___”, adjunta el adjetivo de tu preferencia, el artilugio que le de sentido a tu vida, la palabra extraña que te de calma. Cuerdas de metal que vibran lentamente, la cadencia de la batería que nos mueve por terrenos sinuosos, clavados en nuestras butacas solo observamos la maquila en directo, sin tantos artilugios, con la producción limitada a mantas negras en escena, dejando que la música llene el teatro, desde la primera fila hasta los balcones, la bella cúpula azulada impide que nuestras mentes vuelen de más.

“I Believe In Your Victory”, porque hoy, 17 de junio de 2018, de alguna forma ganamos todos, una gran mayoría eufórica, y otros cuantos que en silencio cierran los ojos y celebran tantos años de canciones que nunca imaginaron escuchar en vivo, discos completos para corazones incompletos, canciones de tiempos donde solíamos ser tan diferentes, conjuntos que nunca pensamos apreciar tan de cerca. “Grandfather Clock” para enaltecer la tónica, la caja de ritmos que pulsa cual corazón desbordado, la arritmia de la noche de un domingo cuando al fin dejó de llover después de tantos días de tormenta.

“Happiness: “We’re All In It Together”, una plácida sonrisa, luces violeta que dejan ver los balcones del bello teatro, testigo de tantas historias y sobreviviente a tantos desastres. Ninguna luz ilumina un rostro, los teléfonos no son necesarios, las emociones quedarán guardadas en nuestro disco duro interno, guardemos el drama sonoro en vez de un video de mala calidad. “There Are Some Remedies Worse Than The Disease”, y el recuerdo de este tema en los mixtapes que regalabas para adentrar a alguien al mundo del post rock, ya vimos a Godspeed, a Mono, a Mogwai, nos faltan Pelican, Caspian, Maybeshewill, pero la vida a veces nos reconforta con canciones que nunca creímos escuchar en vivo, y cerramos los ojos como en aquellos interminables viajes donde esta canción musicalizaba imaginarios guiones de historias lejos de una farsa, bonitos recuerdos, ideales vagos, sueños despierto, alegorías que llevan a un éxtasis, el desfogue in crescendo, la gloria alcanzable, dirigimos nuestra propia orquesta, esto te está destruyendo, pero mañana estarás bien.

“A Three Legged Workhorse”, no es necesario un encore, así las emociones no se disipan, “Villa del Refugio”, estamos a salvo ante lo que ya no queremos recordar, le damos la espalda a la gente que no necesitamos, “Threads” y sus cuasi arpegios con ligero eco que nos llaman a la nostalgia, “Leather Wings” para volar entre el reverb y el tamborileo leve, la banda ni siquiera se observa, en silencio y concentrados en cada instrumento no necesitan mayor contacto, el agradecimiento por estar presentes en la celebración de dos de sus discos más geniales, la promesa de volver el próximo año con nueva música.

La gloria de “The Mighty Rio Grande”, las cabezas que se mueven ante la inmovilidad del cuerpo en reposo en las butacas, discretos gritos de emoción que se pierden entre el delay, “They Move on Tracks of Never-Ending Light”, pero el tiempo tiene un fin, y “Burial On The Presidio Banks" es el perfecto requiem para una noche que nunca creímos vivir.