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Simpson Ahuevo en SALA

Simpson Ahuevo en SALA

Cortesía
8106 / Ernesto Pareja Ruiz

16/Jun/2018

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

SALA

Artista(s)

La fiebre de Jorge llegó con Simpson Ahuevo a la Ciudad de México.

La lluvia que no había permitido que el asfalto en la Ciudad de México secara desde que las primeras gotas cayeran por ahí del medio día no fue suficiente razón para que la gente con boleto en mano hiciera una fila sobre la calle de Puebla para ver al rapero de Hermosillo: Simpson Ahuevo.

Con motivo de su nuevo material Jorge, Simpson tenía preparada la presentación más importante de su carrera, esta vez en el SALALas personas que entraban en el recinto de la colonia Roma sabían muy bien a lo que iban. Todos llevaban sus mejores prendas y la cerveza empezaba a llegar a cada mano que se encontraba libre y fuera del bolsillo del pantalón. Algunos pedían whisky o ron. El acceso se sentía lento y parecía que la capacidad de 1,300 personas iba a quedarle muy grande a un show que generó bastante expectativa. Qué equivocado estaba.

Pasaban los minutos y quienes estábamos ahí empezábamos a cantar temas del rap mexicano que sonaban por el altavoz.22:00 H., las luces se apagan por completo. La voz de Los Alan Anaya llena el foro que para ese momento ya estaba lleno: “Yo te lo dije, ¡2018 es el año de Jorge!. El lugar tembló y el Morroeste salió a la tarima mientras la gente gritaba y alzaba su mano tratando de alcanzar al MC sonorense que al día de hoy es uno de los exponentes más reconocidos en la escena de nuestro país. La fiesta ya se había instalado en el SALA y no iba a pedirnos permiso para hacernos mover el cuello y las nalgas. “Con trabajo duro se consigue la lana, temprano en la mañana hasta el fin de semana…”, no había una sola persona que no gritara el coro de “Alguien lo tiene que hacer” y la sonrisa sincera en el rostro de Jorge Beltrán contrastaba con lo crudo de sus raps. Era el turno de escuchar “Coraje de juventud” y la gente seguía bailando, ensimismada, algunos rapeando la letra y otros más simplemente dándole un trago a lo que tuviesen en su vaso. La manera en la que Simpson conecta con su público es algo único de ver: va de un lado a otro, choca su palma con la de sus fans y los hace partícipes de ese momento de júbilo. El DJ con sus scratches nos avisaba que algo grande estaba por sonar, algunos lo adivinaron y para cuando “Jaque Mate” comenzaba a correr cualquier grado de timidez había desaparecido por completo en el lugar.

Lo he dicho una y otra vez, Simpson Ahuevo no es un rapero de molde y el porte con el que toma las riendas del espectáculo son solo una muestra más de ello. No mantiene poses que lo hagan parecer un vato que controla una clica ni adopta una mueca malhumorada, él baila con pasos que ni Luis Miguel tiene en su repertorio, salta como si estuviese en un castillo inflable y sonríe como si estuviese tratando de ligarte. Es auténtico en cada uno de sus ademanes y no tiene miedo de no verse tan rapero.

Se nos habían prometido sorpresas y la primera de la noche salió desde uno de los costados del escenario: Muelas de Gallo acompañaba a su partner in crime y juntos nos entregaban “El Mundo es tuyo”, la apología al tema de Nas, y aunque éramos menos quienes imitábamos el delivery de Mü y del Morroeste todos se mantenían a la expectativa de cada una de las palabras que ambos escupían sobre el mic. Sale el de Bastón y entran dos mujeres que con su energía prendieron de nuevo a todos: MAKENNA. Con una versión más acorde con el desmadre en el que nos encontrábamos “Te Juro” era la balada que varios entre el público le recitaban al oído a su pareja.

Lo romántico del momento no logró que la fiesta se escapara del lugar. Algunos detrás de mí no podían creer el mar de gente que se movía de una esquina a otra entre pasos de baile y disculpas por pisar al de a lado.

Alan Anaya nos presumía sus skills con la tornamesa y entre scratches y sampleos tomó el micrófono para cantar un tema conocido por grandes y chicos: “Yo quiero fumar” de Cypress Hill. Era solo el preludio para que Jorge saliera de nuevo al escenario, esta vez enfundado en una camisa con palmeras y nos borregueara con “Blunt de guayaba”. Puedo decir que para ese momento el ambiente era tal que los porros pasaban de mano en mano en el área más cercana al escenario. Hombres y mujeres perdían el control y entre teléfonos que grababan Instagram Stories o cerveza que caía sobre aquellos que sin tapujos gritaban “… agua, agua, agua, agua, agua simple…” se mantuvieron como una coreografía bien planeada durante los tres minutos del track. “Sí se la saben, cabrones” respondía Simpson al jolgorio que todos nos habíamos encargado de armar.

De ahí en adelante no hubo un solo momento en el que pudieses descansar: “Fiebre” hizo reventar la emoción de todos. Abajo: tragos bañando a todo el mundo y contoneos que deleitaban a más de uno; Arriba: Alan y Jorge bailaban y se divertían con el paisaje humano que pedía más.

Después un invitado muy especial ya nos esperaba: Alemán. Un actor vestido de policía nos hacía recordar el último vídeo del sonorense y al ritmo de “Corre” todos en el público repetíamos la letra en contra de la impunidad y los puercos que lo único que buscan es varo y meter miedo. La energía de Alemán invadió a cada persona y mientras él saltaba de un lado al otro de la tarima nosotros movíamos las manos como si la tarea de rapear fuera nuestra. De pronto Muelas y MAKENNA salieron también al frente y sin micrófono en mano cantaron a nuestro lado. El autor de Eclipse se quedó frente a nosotros y con su vecino del norte interpretó “Déjame volar”.

El lleno era total y me costó más de cinco minutos y un par de codazos llegar al sanitario. Cuando regresé a mi lugar el DJ nos transportaba a un lugar muy característico de Hermosillo: El “Casino del Diablo”. Lo sabroso del tema era una droga que nos obligaba a buscar pareja y pegarnos a ella para iniciar una danza ritual.

Después temas icónicos de sus anteriores materiales como “Gas”, “Hollywood”, “Manos de anillo” y “Ponte bien buena” nos mantuvieron moviendo la cadera y la cabeza para que el cierre que se avecinaba transformara a “Méxtasis” en un himno a la fiesta y la vida nocturna.

Sí, era la presentación de un disco. Sí, el plan era escuchar cada uno de los temas de su último LP. Pero a veces las cosas salen mejor de lo que se planean y esta noche de viernes fue una de esas ocasiones.

El show que entre Los Alan Anaya y Simpson Ahuevo se cocina es una mezcla entre un concierto de rap y una noche de antro. El baile es pieza clave y la calidad del espectáculo nunca decepciona. Si tenían alguna duda de lo importante que es el de Sonora para escena del rap en México, el show de este viernes fue la prueba más grande del poder de convocatoria que tiene este MC.

FOTO:

Cortesía
8106 / Ernesto Pareja Ruiz