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No Joy en Departamento

No Joy en Departamento

Luis
Mata

18/Ene/2020

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Ambiente

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Departamento

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No Joy: Una noche grata, pero nos quedamos con ganas de más.

En la calle de Álvaro Obregón, en medio de una de las zonas más transitadas de la ciudad, debido a las múltiples cafeterías, taquerías y opciones de vida nocturna, se encuentra Departamento: un espacio que, como su nombre lo indica, ofrece una estancia, una sala, una cocina y un mood hogareño. 

El tercer viernes del año llegaba a su cúspide, el venue recibía a su concurrencia habitual, mezclada entre chicos con playeras del acto de la noche: No Joy. Al inicio el ambiente era tranquilo, casi como una noche de bar, pocas pistas había de que en pocos minutos el lugar se llenaría de feedbacks de guitarra y paisajes envueltos en reverberación. 

No Joy es el proyecto de Jasamine White-Gluz, quien desde 2009 ha impulsado su banda y lanzado tres discos de estudio, varios EPs y sencillos. Pese a la amplia presencia que la banda tuvo en los 2010s y que el sello que los firmó al inicio fue Mexican Summer, la banda nunca había pisado tierras mexas. 

Los canadienses abrieron la pista 20 minutos antes de las 23 H. Hasta el lejano balcón donde los usuarios salen a fumar, un río de texturas y reverberación llegaba colándose en la atención de la gente, quienes tan pronto percibieron esto; entraron a la sala como hipnotizados. 

Como es costumbre en Departamento, si quieres observar a la banda tienes tres opciones: ponerte del lado donde la gente pasa al baño y nunca lograr una estabilidad física, quedarte atrás y aprovechar que está cerca la barra, aunque no veas una sola silueta del escenario. O bien, meterte enfrente de los que ya estaban ahí antes que tú. Elegí la tercera. 

“Lizard Kids”, y “Lunar Phobia” fueron algunas de las primeras rolas en sonar. Jasamine agradecía a los asistentes a través de un micrófono cuyo volumen era insuficiente para entender algunas palabras. La gama de reverbs y distorsión eran abrazantes y cálidas. No Joy tiene ese tipo de shoegaze que opta por lo estruendoso y etéreo, evocando a My Bloody Valentine o Pity Sex, no obstante con un ingrediente franco, fresco y genuino.

Si bien el show de la banda era tremendamente grato, hubo áreas en las que el sonido pudo mejorar. Por un lado la voz era irreconocible y por el otro el bajista llego en modalidad fantasma, ya que el grupo llevó las lineas de bajo pre-grabadas. Lo cual no me parece mal, simplemente creo que siempre es mejor sentir la vibra de un músico más. Más en un acto de noise.

Breve, el show terminó después de 40 minutos y 10 canciones (aprox). La emblemática “Hawaii” fue uno de los últimos tracks que la banda tocó para después retirarse tan rápido como llegó. En síntesis, fue una noche grata, pero nos quedamos con ganas de más. Esperemos encontrarnos en el futuro, No Joy.

REDACCIÓN:

Luis
Mata

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Luis
Mata

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