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Los Espíritus en SALA

Los Espíritus en SALA

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SALA

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El ritual del baile a través del sonido espiritual porteño.

Los integrantes de Los Espíritus salen al escenario con sus guitarras y bajo en la mano, sacan estos instrumentos de los estuches, se conectan, afinan rápidamente, sueltan los dedos, la voz y  comienzan su música que enseguida pone a todos en vuelo. Media hora antes, Felipe el hombre se  presentó con un muestrario rapidísimo de su propuesta, que suena con mucha influencia del indie argentino y chileno. Su tema “Otro día” sorprendió a más de uno en el público, ahí donde varios tuvieron su primer encuentro con la banda hecha en el norte de México.

“La crecida” es el tema de apertura de Los Espíritus, Santi Moraes ya está arriba de energía, baila y busca llevar su voz bien lejos. Se mira con Maxi Prietto pero en verdad hablan con gestos y acordes. Buscan arrimarse al fogón que están creando, para que, desde ahí, sean los chamanes de esa noche. En el cuarto tema, ya bien logrado el calor y el comienzo del ritual, lanzan una canción nueva, como para tentar el recibimiento, que es mucho y es bueno. Una canción de nombre desconocido donde la voz de Moraes se luce junto a las guitarras de Maxi y Miguel Mactas.

Las luces que los acompañan en el escenario son principalmente rojas y anaranjadas, como para recordar la portada de su disco Agua Ardiente, dibujada con estos colores. El uso del hielo seco más de lo habitual, seguramente responde al contexto, pues parece que Los Espíritus vienen de un sueño o de la noche para conducir a su público (durante dos horas) a una atmósfera de paz y alegría. Logran ser chamanes en el escenario, la gente en la quinta canción ya está entregada, guiada por las percusiones, bajo y voces de la banda porteña. Si tomáramos a una persona del público: con sus bailes como en trance, los ojos cerrados, el pelo largo, un jorongo multicolor; y lo pusiéramos en Woodstock, pasaría desapercibido entre todos tus iguales.

Los Espiritus

Aquí las luces pasan al azul y blanco, pues anuncian otra etapa del trance. “El pibe mira al hombre y le aguanta la mirada” suena “La mirada” que une a todos en un canto que quita el estrés de los días. Aquí, el chamán es Maxi. La banda se luce con largos pasajes instrumentales, algunos de ellos quizá improvisados pero siempre logrados a la perfección. Las percusiones son clave, la unión del sonido del cuero y la madera con las texturas eléctricas de las guitarras se fusionan para abrir otro mundo desde el escenario, al que todos, sin excepción entran bailando.

Llega el turno de “Perdida en el fuego”, una canción con guitarras muy profundas, que despiertan animales, despiertan besos, bailes tranquilos y extiende el ritual. Las luces van al techo, buscan dejar escenario y público en total oscuridad, un dato no menor, una acción que responde a la búsqueda de ese ritual que se logra.

Hacia el último bloque una conjunción de temas viejos como “Negro chico”, de su disco Gratitud, levantan las energías de los seguidores hacia un final que llega muy arriba, como para que la noche se extienda, el trance no termine y la gente siga bailando

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