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#CircuitoIndio: San Pascualito Rey en el Foro Indie Rocks!

#CircuitoIndio: San Pascualito Rey en el Foro Indie Rocks!

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Foro Indie Rocks!

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San Pascualito Rey: crónica de un temblor.

Esta no es una reseña normal. Lo que pasó el jueves 7 de septiembre en el Foro Indie Rocks! fue algo completamente fuera de lo común, incluso fue inusual para la propia Ciudad de México. Esta es una historia que tengo que narrar, en parte, en primera persona; y más que el recuento de un concierto, en realidad es una crónica de cómo viví los acontecimientos de anoche. Creo que es la forma más apropiada de aproximarlos, a ustedes los lectores, a las emociones de la anécdota de quienes vivimos el temblor ahí.

Todo empezó de forma completamente normal; llegué y el foro ya se encontraba lleno. Los asistentes eran los sospechosos que uno esperaría: parejas enamoradas, sonrientes, tímidas, entusiasmadas; grupos de amigos que se ponían al tanto de sus vidas acompañados de una cerveza; gente feliz coreando canciones. Un grupo numeroso y tranquilo que fue a pasar un rato ameno, en un ambiente cálido y amistoso. Pacientes a la espera de ser provocados por la banda que vinieron a ver para poder desinhibirse.

Cuando Charlie Rodd por fin tomó el escenario, cambió por completo el ambiente general del foro. Sonido folk, guitarras acústicas, melodías campiranas de varias capas, acentos de country. La pista sonora que colorea el estereotipo de las colonias Condesa y Roma Norte en la Ciudad de México. "Sigue navegando", "Historia", "Lo que siento", fueron parte del acervo con el que se ganaron los coros de la gente.

Finalmente, salió Pascual Reyes; chaleco beige, camisa azul, escenario oscuro, guitarra en mano y con voz profunda, casi como si estuviera platicando, recitó: “Tírame, atrévete a intentarlo, siquiera pensarlo, verás lo que te hago…” y eso bastó para que se escuchara al interior del foro esa exclamación colectiva de cuando al fin empieza una fiesta.

San Pascualito Rey no dejó dudas de que eran el evento principal "Aquí estaré", "Si pudieras ver". Las primeras tres canciones finalmente levantaron el concierto, fueron sustancias adictivas y los asistentes querían su dosis. Chema Arreola en la batería fue un motivo de entusiasmo, su mera mención fue suficiente para que los aplausos y los silbidos rebasaran al escenario.

Sonido variado, rock y cumbia, melancolía y alegría. Una mezcla hecha para pulverizar el corazón roto y sacar la sonrisa cómplice del suspiro. La gente se desataba, poco a poco crecía el aullido, de ese que nace después de un trago de mezcal, del que pesa y duele, que saca gesto y respiro, pero se vuelve combustible de alivio para aguantar las canciones de penas.

Apenas terminó "Hoy no es mi día", que sin pensarlo se volvió augurio del capítulo que vino a continuación. Pascual le dio vida a nuevo tema después del rasgueo de un acorde. Comenzó lento, tranquilo, despacio, como quien cuenta una historia con moraleja. “No me mires, con esos ojos tristes, que me gritan palabras mudas, que me hacen recordar…”. Le da tiempo al público de que recite la letra, estaba confiado de que tendría coro.

De pronto, la sacudida emocional se hizo física. Se rompió la burbuja ambiental y la tierra hizo de las suyas. Temblaba como pocas veces en esta ciudad. La banda salió corriendo a toda prisa del escenario, no hubo tiempo de despedidas. Las estructuras y torres que sostienen luces y bocinas se balanceaban de forma amenazante. Pasamos de la confusión al miedo cuando nos dimos cuenta de lo que en realidad pasaba.

Un grupo de personas se agolpó en la puerta lateral del foro, estaba cerrada. Los primeros indicios de que el miedo se apoderó de nosotros fue cuando un par de individuos cayeron al piso producto de los empujones que empezaban a ser cada vez más fuertes entre la multitud. Se fue la luz al interior del lugar y en la oscuridad solo escuchaban murmullos de terror.

Una persona de la organización del evento abrió la puerta trasera del foro. Tomé mis cosas y salí caminando con cierta prisa. Se sentía como si alguien nos estuviera zarandeando a todos y nos jugara una mala broma, como si estuviéramos mareados y con la presión baja. Era complicado caminar. Al salir del foro la oscuridad de la noche hacía más atemorizante caminar. Entre las nubes se alcanzaban a ver luces, como si fueran rayos verdes que se dibujaban entre las nubes pero no había lluvia.

Otra persona que trabajaba en la organización del evento nos condujo a la calle, y una vez que estábamos todos fuera, cerraron las puertas de lugar de golpe y sin mayor aviso; como si los organizadores nos dijeran a todos “a ver cómo le hacen”. Aún con algo de ambiente, los más alcoholizados se organizaron como coro en posada y cantaron en grupo el resto de la letra de "Olvídate de mí", como si de pronto todo fuera a regresar a la normalidad y el evento fuera a continuar, como si los trabajadores de lugar de pronto fueran a responder: “entren santos peregrinos”.

Pero los momentos se hicieron minutos y al pasar del tiempo cada vez más fue evidente que ese corte abrupto había sido el fin. Conforme las voces de la fiesta se callaron, otros murmullos empezaron a hacerse más audibles en la oscuridad profunda de la Colonia Roma. Una chica cerca de mi lloraba abrazada de su novio producto del miedo, al otro lado un grupo de amigos le decía a otro: “pues vomita, para que se quite el mareo”, y por el sonido que escuché después, estoy convencido de que hizo justo eso.

En la calle no faltó quien vio la oportunidad de negocio en la desgracia. Los vendedores ambulantes de la banqueta aprovecharon el momento: “¡Bolillos! ¡Bolillos pa'l susto! ¡Bolillos cinco pesos!” gritaban con su distinguida cantaleta. Los más aferrados le gritaban a Pascual desde la calle, coreaban “¡Portazo! ¡Portazo! ¡Portazo!”, pero nadie los siguió.

Yo me senté en la fría y sucia banqueta. Vi cómo la muchedumbre fue enflaqueciendo hasta convertirse en un pequeño grupo, disperso, que solo era distinguible en la oscuridad por las pantallas brillantes de sus celulares. Alcancé a escuchar la voz de un ingenuo decir: “chale, yo creo que sí lo van a cancelar”. Su realización hizo que saliera de mi letargo, abandoné la banqueta, regresé a mi casa, todo seguía oscuro.

No es una revista, es un movimiento.