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El #EuroDiario y Joliette

El #EuroDiario y Joliette

24/Abr/2015

Por supuesto que no íbamos a estar a tiempo en el aeropuerto para tomar el vuelo que nos llevaría de Berlín a Israel; el famoso "horario joliette" y nuestra peculiar suerte hacen de las suyas cuando de un compromiso se trata. Vaya, escribo esto desde un camión en dirección hacia República Checa, el cual debimos haber abordado a cierta hora pero no llegamos y tuvimos que comprar otros boletos para el siguiente, hermoso horario Joliette.

joliette

En fin, aquella noche logramos llegar más o menos con hora y media de anticipación al aeropuerto... Cuando debíamos haber estado tres horas antes; muy relajados nosotros, sin saber que esa no es la manera en la que Israel se maneja, oh no, no señor.

Por supuesto que la sala del "check-in" para aquel vuelo Berlín-Tel Aviv era la sala más alejada del aeropuerto... A esos carnales no les rifa tener gente visitando su país, creo que temían que nos lleváramos a sus mujeres.

Check-in apenas y nos separan a los cuatro para hacernos un sinfín de preguntas, una y otra vez, para después juntarse aquellos entrevistadores y cotejar sus respuestas. A mí me tocó una amable, por fortuna, a jopo también le tocó un mástin que no hizo mucho íris, pero para Gastón no fue así y menos para el pobre Gabo, quien en ese punto era el que más información y conocimiento poseía sobre nuestra noble proeza y por lo cual no dejábamos de señalarlo; su entrevistadora? Una señorita con cara y ganas de pocos amigos, sin paciencia, y sin ganas de lidiar con un Gabo que amablemente trata de explicarle por qué carajo van a viajar cuatro "mexas" a sus santas tierras a tocar tamborazos y ruidero. Incrédula, dicha señorita, cada vez se desesperaba más y exigía más rapidez en todo lo que pedía de Gabo... Se ve que le cayó pesada esa Wurst con Humus (énfasis ridículamente fuerte en la H) la noche anterior.

Para ese momento ya toda la banda israelita había abordado el avión, y nos convertimos en el "spotlight" de los que pasaban por ahí; cuatro valedores que solo querían predicar la palabra del taco en Tierra Santa. "Bueno, si no nos dejan abordar, ni pedo. Ahí vemos qué chingados hacemos estos días en Berlín" decía Gabo, mientras que los demás estábamos a la expectativa... Yo, sudaba hasta de partes que no sabía que podían transpirar; por mi parte, nunca he sido amante de los aviones y mucho menos de los aeropuertos, sumado a eso haber llegado tarde, ser tratados con la punta de la kippa y encontrarse en duda de si nos dejarán viajar... Nel, no fue buen combo.

Ya es la hora de abordar, regresan los entrevistadores y sin ni siquiera un "perdón por ser un de la ver$&@" solo nos dijeron que podíamos abordar el avión, resignados a que íbamos a manchar su país o su avión con nuestra mexicana y alegre forma de ser. Si así fue en Berlín, ¿cómo sería al aterrizar en Tel Aviv? Maldita sea.

Arielito y Huesudo Ben (miembros de Zaga Zaga que viajarían con nosotros) por fin nos vieron subir al avión y casi lloran de saber que ya era una realidad: Esa noche viajaríamos a Israel. Hasta ellos, siendo oriundos de aquella nación, saben que sus propios ciudadanos son de trato muy especial, por lo cual nos felicitaron, por aguantarnos como los machos, cawn.

Por supuesto que al aterrizar en Tel Aviv nos iban a tratar con aún menos tolerancia... Jopo y Gabo libraron rápida y fácilmente la entrevista de llegada pero Gastón y yo no tuvimos tanta suerte; nos tocaron dos féminas enojadas con la vida que sólo querían desahogar sus judíos problemas con alguien más, qué mejor que con dos hobbits mexicanos. Llegó al punto en el que incluso regresaron a Jopo y a Gabo a causa nuestra, para mandarnos directo a la oficina de migración, cawn.

Después de un rato y una entrevista nada placentera para Gastón, al fin nos dejaron entrar a su país... "Con tanto pinche pedo más vale que valga la pena" me dije a mí mismo, pero en fin, ya estábamos ahí, agarramos nuestras cosas y salimos del aeropuerto con rumbo a casa de Ariel, baterista de Zaga Zaga.

Llegando a su departamento, nos recibió con una deliciosa cena (a las 5-6 am) y un par de cervezas, celebramos nuestra exitosa aunque turbulenta llegada, y con la barriguita llena y el sol ya saliendo, decidimos ir a dormir.

5pm, nosotros despertando, tranquilamente, cawn. Pésimos turistas somos, lo sabemos, de cualquier modo necesario era descansar e intentar reponer un poco el jet lag y los malos tratos que hirieron nuestro cálido y suave corazoncito azteca. Esa noche salimos a caminar y conocer un poco la ciudad, para regresar al departamento de Ariel y cerrar con broche de oro viendo "Matando Cabos", así es; bien dicen "a donde fueres, haz lo que vieres" y por eso estando en Tel Aviv decidimos ver una película mexicana.

Siguiente día y empieza el micro-tour israelí, Jerusalén nos esperaba, no sin antes probar el mejor H(énfasisexagerada)ummus del país... No mentían, era demasiado bueno, ese no llega al Cotsco, carnal.

Llenos de garbanzo y otras suertes, partimos hacia la verdadera Tierra Santa; llegando, tuvimos la chanza de turistear machín, caminar por aquí y por allá, ir a la Ciudad Vieja y caminar todo el mercado, ver el famoso muro de los lamentos, hacernos pasar por judiciales con una kippa en la choya y regresar al mercado a comer postres, un buen día en una bella ciudad con mucho antecedente y con una carga de energías muy pesada, difícil de explicar pero cierto.

Esa noche tocamos en el sótano de un edificio, convertido en un "venue" o algo así... Llegaron como veinte personas a vernos y yo creo que está muy bien, tan lejos de casa no esperaba ser del interés de mucha gente pero el show junto a Zaga Zaga y Parve (de Jerusalén) fue muy bueno; el cansancio nos ganaba y tal vez no dimos todo de nosotros pero apenas estábamos "aclimatándonos" sea lo que sea, gustamos lo suficiente y parecía ser un buen inicio de micro-tour israelita.

Esa misma noche viajamos directo a Haifa, la siguiente sede, llegamos a casa de los papás de Ariel a dormir y a la siguiente mañana tendríamos la fortuna de conocerlos. Siendo argentinos, ellos, nos recibieron esbozando grandes sonrisas y con mucha calidez, algo que no podemos ignorar de nuestra cultura latinoamericana, vaya que somos los más amables del mundo y por ello me enorgullezco.

Después de desayunar y las frivolidades del día a día, abandonamos la residencia Oliva a mediodía para hacer un par de paradas por la ciudad de Haifa antes de acudir a nuestro show, el cual se llevaría a cabo como una tardeada de secundaria.

Aquella tarde, además de Zaga Zaga, tuvimos la oportunidad de ver a una de las mejores bandas de Israel y de todo este tour hasta ahora: Mondo Gecko. Con mayor asistencia comparado al show previo, Haifa terminó por ser una experiencia muy agradable, la cual culminaría con un asado argentino en casa de los padres de Ariel, los Oliva y aún después de eso, viendo Zoolander en su sala.

Al siguiente día sería el último y más esperado show del micro-tour: Tel Aviv. El venue, llamado "Koro" era administrado por dos o tres o los cuatro miembros de Zaga Zaga, no sé, pero definitivamente era el lugar con mejor vibra de todas. Previo a eso fuimos a comer unas vainas locas en pan de pita y salimos más que contentos de ahí. Mismo line-up de la noche anterior: Zaga Zaga, Mondo Gecko y joliette.

A la hora acordada empezó a llegar gente y más y más gente, ese era "EL" show; se acercaban a nosotros a preguntar muchas cosas, sorprendidos de que estuviéramos de ese lado del mundo y amablemente felicitándonos por el trabajo que hemos hecho hasta ahora. En vez de nerviosismo, sentíamos emoción por estar ahí y ponerle un fin más que digno a nuestra estancia en Israel.

Nuestro turno y la gente perdió los estribos, a diferencia del lenguaje, realmente se sintió como un show en casa; nos entregamos y el público a nosotros. Terminando sólo recibimos agradecimientos y buenos comentarios, apenas salí del cuarto donde se hacen los shows hacia la barra y me recibieron con dos shots de vodka helado... Supongo que sí les gustó, pero a mí me caga el vodka.

Aquella noche terminó con euforia al máximo, para pasar el día siguiente en un estudio de tatuajes, o algo así, donde Jopo y Gabo se cuestionarían muchas cosas de su vida por andarle jugando al rockerito, pero bueno, eso ya lo platicarán ellos.

Un día después fuimos al Mar Muerto a llenarnos de sal, a sufrir de insolación por tontos y a revivir tomando limonada de un carrito en medio de la carretera, siendo parte de un gran, gran cliché. Cenamos pizza esa noche y vimos otra película mexicana con el resto de la banda judicial antes del emotivo adiós con 2/4 de Zaga Zaga.

Siguiente día y era momento de irnos, desayunamos y luego fuimos a un café boutique para hipsters israelitas a comer postres cuales señoras cincuentonas en depresión, después de eso nos despediríamos del Huesudo Ben para al fin ser llevados de vuelta al aeropuerto, ahí, ganas dieron de llorar al despedirnos de Ariel; Zaga Zaga es una de nuestras nuevas bandas y personas favoritas, pues realmente aprendimos de ellos, y solo nos queda dejar el futuro a la suerte para vernos reunidos una vez más.

En el aeropuerto de Tel Aviv, más que ser "un poco más amables" con nosotros, el trámite se dio muy rápidamente ya que al fin abandonábamos su país, por lo cual era mejor dejarnos ir rápido y no hacerla de pedo por nada.

Felices y agradecidos con la vida por darnos una oportunidad de esa magnitud, nos fuimos de Israel dejando una semilla sembrada para lo que sea que venga. Regresamos a nuestro hogar y realidad temporal en Berlín, para hoy, en este momento, en este instante, encontrarme terminando este texto antes de llegar a Praga para tocar en un show... Un show más de joliette.

Vaca.

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