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'The Wall' de Pink Floyd cumple 40 años

'The Wall' de Pink Floyd cumple 40 años

29/Nov/2019

The Wall: Muros que derrumbar.

Since, my friend, you have revealed your deepest fear

I sentence you to be exposed before your peers.

Tear down the wall, "The Trial".

Nunca voy a olvidar aquel momento en el que mi primo JM, al escuchar la frase: “Daddy what you leave behind for me?” durante el concierto de The Wall de Roger Waters en el Palacio de los Deportes, se dirigió hacia mi diciendo: “eso es lo que siempre he pensado de mi papá”. Nunca voy a dejar de agradecerle a mi primo R por hacerme escuchar una y otra vez ese cassette doble en su coche de camino a la escuela, a los primeros McDonald’s de la ciudad o a Reino Aventura, y con las letras de las canciones comenzar a aprender el idioma que tanto me ha ayudado a llegar tan lejos. 

Hay discos que marcan de una forma especial, tal vez por un rompimiento o un descubrimiento, cierta identificación con la rabia que emanan o la nostalgia de saberse entendido por alguien que no nos conoce, pero que pareciera que sabe nuestro sufrimiento. En mi caso, The Wall es un disco que tengo que escuchar, siempre, en todo su conjunto, conozco mejor su lírica que las capitales del mundo que tanto me repetían en la escuela, es el conjunto visual y musical más majestuoso que he presenciado en directo, y básicamente, el primer ladrillo en la pared musical en la que a veces me resguardo. 

Cuenta la leyenda que Roger Waters escupió a unos fans que lo molestaban en primera fila, y que en su rabia emanó el pensamiento de construir una barrera entre él y sus detractores, un muro que poco a poco fue llenándose de ideas hasta terminar en una opera rock que relata y denota sus tragedias personales, esencialmente, la pérdida de su padre en la segunda guerra mundial. Eric Fletcher Waters murió en el cumplimiento de su deber en la batalla de Anzio y así dejó una marca indeleble en la psique y karma de su hijo:Daddy's flown across the ocean leaving just a memory”.

Tal vez para muchos, el primer esbozo en la memoria de The Wall, o incluso de Pink Floyd, fue descubierto gracias a Universal Stereo y la constante rotación del tema Another Brick in the Wall, Pt.2, su inolvidable coro infantil y libertario, su riff tan fácil de emular en la guitarra, su tónica perfecta y su mensaje inefable: no necesitamos que controlen nuestras ideas. Pero la obra del disco doble en su totalidad implica una apreciación completa gracias a sus finos detalles y alegorías. “Mother” cual himno al proteccionismo amoroso y enfermizo de la constante figura materna, el ave y nodriza que protege a su indefenso polluelo bajo su ala para después verlo volar como un Supermarine Spitfire tirando bombas en Róterdam, “Goodbye Blue Sky”, el lento viaje hacia la locura, la voraz y encarnizada lucha contra nosotros mismos y quien nos daña y nos atrae cual planta carnívora para arrancarnos la cabeza: “What shall we use to fill the empty spaces...how should i complete the wall”.

La perdición de la juventud, el refugio del rock and roll, las drogas y el sexo torpe y sudoroso, el arrepentimiento, el limbo y la introspección, lo azul que se torna gris, las noches que pretendes estar bien pero la edad avanza, la frialdad acecha, y la diversión se pierde. El hacha favorita que destruye todo lo que hemos creado, el intentar volar para estrellarnos contra el suelo mientras alguien se aleja, y luego el éxtasis del dolor que supura cual sangre en el agua caliente después de un corte limpio, “how can you treat me this way, running away”, lágrimas negras, los ecos de Waters y un grito descarnado que se pierde cual toda esperanza, la respiración que falla, las notas que lentamente marcan el camino hacia la muerte inevitable, “Goodbye Cruel World”, el último ladrillo en la pared que ciega la última luz de esperanza. 

Y después un arpegio nos brinda una segunda oportunidad, tienen que pasar los años y tienes que levantarte de muchas caídas para entender cada canción, y que antes que buscar culpables entender que tienes que luchar por salvar lo que te queda de vida, de su vida: “together we stand, divided we fall”. Y mientras la vida sigue su curso más allá del muro, tienes que entender que solo tú puedes salvarte a ti mismo. 

“Does anybody here remember Vera Lynn?, remember how she said that we will meet again some sunny day”, en honor a la voz angelical y esperanzadora de aquellas canciones que los soldados escuchaban para levantar el ánimo después de resguardarse de la lluvia de bombas en Dresde para luego salir a las calles destruidas a enfrentar a los nazis, una enorme elegía a todos aquellos muchachos que nunca regresaron a casa. 

“Comfortably Numb” es quizá uno de los temas más entrañables de la obra de Pink Floyd y cúspide de el muro, el pretexto perfecto para que Roger Waters, David Gilmour y Nick Mason se reunieran por última vez la noche del 12 de mayo del 2011 en la O2 Arena en Londres como parte del impresionante tour de The Wall, tal y como siempre lo había imaginado Waters, y logrado gracias a los avances tecnológicos que parecían un sueño en 1980, aquel fallido primer intento por llevar la magna obra en directo a la realidad, y el principio de las discrepancias que llevarían a la banda a su corte final. 

El juicio llegará para todos algún día, los gusanos devorarán nuestros restos, los muros caerán y seguirán llenándose de graffiti mientras haya algo por lo cual protestar, pero esta pared en especial resistirá el embate del tiempo gracias a su mística musical y al significado propio que cada escucha encuentre uniendo los ladrillos para después derrumbarlos.   

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