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Poética de la resistencia LGBTI+ en Brasil

Poética de la resistencia LGBTI+ en Brasil

Brazil is Burning:

La ausencia y el silencio dejaron de ser las categorías centrales de una realidad en ebullición y resistencia. La ocupa masiva de las calles de São Paulo, Bahía, Río de Janeiro y Recife reivindican la dignidad y lucha de (y en) las favelas: ¡Por Marielle y por las voces que trazan otras políticas y geografías! Ele Não, Ele Nunca al presidente que es indiferente a un Brasil  señalado como el referente continental de la violencia transfeminicida y homo/bi odiante ¡Fora Bolsonaro y las élites que exacerban la bala, el toro y la biblia!

Este año, el paisajismo insurrecto de la Avenida Paulista se limita a un (re)encuentro a distancia: Banners en Instagram y un evento virtual para celebrar el lanzamiento del Consejo Popular Nacional LGBTI+ “Somos les hijes del arcoiris; tenemos otra mirada para que la Tierra pueda admirar más allá del color habitual del cielo” declaran Daniela Mercury, Carlinhos Brown, Alice Caymmi, Fafá de Belém, Gloria Groove, Luiza Possi, Preta Gil, Pabllo Vittar y Paulo Miklos.

Rapsodia Brasilis: 

Hablar del legado musical brasileño implica pensar en categorías políticas disidentes, formas alternas de (re)vivir el folklore y una nueva mitificación de la herencia afrodiaspórica. Con la finalidad de recuperar los valores colectivos, MC Xuxu, Ellen Oléria y Mc Linn Da Quebrada hacen eco a la propuesta de Xênia França y Luedji Luna: La comunidad LGBTI+ debe partir de la memoria histórica y deslegitimación de narrativas que sostienen a una democracia colonialista. 

En las últimas tres décadas, Brasil se ha unido a la lista de países de América que defienden su valor cultural a partir de la lectura simbólica de los espacios y los lenguajes de los géneros híbridos. Figuras como Karol Conká, RAKTA, Mulher Pepita, Liniker, Quebrada Queer y DEAFKIDS han (re)leído y (re)apropiado el estilo de Legião Urbana para dar un sentido transgresor a fusiones de samba, salsa, afrofunk, rap  y dance pop. 

Además de nomeclaturas propias, otro rasgo que caracteriza a esta generación es la (re)construcción discursiva y combativa de la negritud. Álbumes como Menino do Rio (2006) y Ambulante (2018) abordan la importancia de las movilizaciones afrodescendientes en la región y proponen una identificación con el folklore fuera de los proyectos (excluyentes) del Estado nación. Bajo esta lógica, la (re)lectura de la(s) historia(s) y cotidianidad(es)  de y en las periferias amplía el accionar de organizaciones civiles como Grupo de Conexão G y Colectiva Resistência Les/bi Favelas.

Del Espectáculo Doce Bárbaros (1976):

Para Caetano Veloso, Gilberto Gil y Gal Costa, la fluidez de la performatividad de género(s) fue el legado más significativo de David Bowie. Durante 1980 y 1990, esta observación fue retomada por Ney Matagroso, Cássia Eller, Marina Lima y As Bahias e o Conzinha Mineira para argumentar que la trasgresión también implica reconocer y enunciar las especificidades de la(s) vivencia(s) LGBTI+. 

Dentro del espectro de la Tropicália “contemporánea”, una de las personalidades que exacerba la producción musical y dramática de Bowie es John Donovan Maia (aka Johnny Hooker). A través de temas como “Flutua” y “Amor Marginal”, Hooker rescata uno de los periodos más importantes de la música brasileña: La nueva presencia.

A pesar de que durante años se discutió sobre los conceptos de brasilidade (brazilia-ness) y canibalismo cultural, la incorporación de géneros extranjeros (como el pop) formó parte de un proceso social y estético de reconciliación.  El éxito de la carrera de Anitta y la demanda de “Borderline” como una de las piezas centrales en las fiestas de Ubêrlandia son algunos de los elementos que integran lo que Jocelyn Guilbau reconoce como “fertilización musical cruzada” (musical cross-fertilisation)

Maluca, quero repeteco

Maluca, eu tô na tua porta

En los últimos tres años, el pop en Brasil se ha posicionado bajo una bandera anti-Bolsonarismo. Figuras mediáticas como Pabllo Vittar, Kaya Conky y Maffalda han aprovechado programas de alto alcance televisivo (por ejemplo: Fantastico) para expresar su rechazo ante las políticas violentas propuestas por Bolsonaro y la famosa bancada BBB: Terapias de reconversión y el retiro de temas de Derechos Humanos y educación sexual de los programas de estudio  para que “el país no sea considerado un paraíso para el turismo gay o la proliferación de la ideología de género”. 

A su vez, músicas/os como Natália Carrera, Leticia Novaes (Letrux), Thiago Rebello, Lourenço Dias de Vasconcellos, Arthur Braganti Borja y Martha V han apostado por la (re)existencia desde una diversidad al interior de la alineación de las bandas y por politizar la festivalización de la cultura. Durante presentaciones en el Lollapalooza de 2019, Queremos Festival (2018) y el Auditório Ibirapuera, piezas como “Que Estrago” y “Puro Disfarce” fueron acompañadas por consignas como “Marielle Presente”, “Brasil es antifacista” y “Mujer es mujer ¡Abajo la transfobia!”

(***) 

La música brasileña es una herida abierta y en constante cicatrización; es el reflejo de una democracia incompleta y del trazo de nuevas políticas y geografías de la resistencia: Versa sobre los abusos policiales en Maré, replica las reflexiones de la Conferencia de las Brujas en Río de Janeiro y rechaza la idea (y estadística) de que los 40 años sean el considerados la vejez de la población trans. 

Brazil is Burning y no solo por la ferviente demanda de las figuras que forman parte de la mundialización de Ru Paul’s Drag Race. Brazil is Burning porque la comunidad LGBTI+ ha establecido otras reglas para el folklore urbano: (Des)gobernar los cuerpos y experimentar amores y sexualidades de diferentes matices. Un guiño a Rocío Bravo Shuña: Amores en movimiento, rebeldía y complicidad.