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A 5 años del 'The Divine Feminine' de Mac Miller

A 5 años del 'The Divine Feminine' de Mac Miller

Mac Miller y la permanencia artística de su obra frente a las conversaciones artísticas y sociales del 2021.

La muerte como trágico desenlace ha sido por excelencia el final de un sinnúmero de historias dramáticas (tanto reales como ficticias). Donde vidas cortadas de tajo por accidentes humanos o crímenes bestiales se pierden lastimosamente cada día.

Pocas son las ocasiones en que alguna enfermedad oferta noches casi piadosas con muertes silenciosas a las víctimas en turno. Y de manera contraria, la repentina partida de Mac Miller —ocurrida el siete de septiembre de 2018— fue todo menos indolora.

Ya que, es de dominio público que una letal sobredosis de fentanilo, cocaína y alcohol inducida por una depresión mal tratada terminó por llevarse la vida de Malcolm James McCormick. No obstante, su ausencia física dejó en su lugar un legado musical que puede revisitarse de manera permanente.

Es por ello, que sí nos situamos hacia el 16 de septiembre del 2016, podremos reencontrarnos con el estreno de su cuarto álbum de estudio, The Divine Feminine (TDF). Y que a cinco años de su estreno este texto tiene el objetivo de examinar los sencillos que sostuvieron el peso creativo de dicha producción discográfica.

Para valorar sí la manufactura original de su discurso y propuesta sonora aún podrían consumirse bajo el contexto de las conversaciones artísticas/sociales/musicales que la temporalidad del 2021 ofrece.

Es así, que nuestro viaje sónico comienza dentro de un panorama ensoñador con la entrada de “Congratulations”, primera pieza del álbum, donde podemos escuchar fragmentos de las experiencias de Mac frente al amor en pareja.

Aún cuando la instrumental es aparentemente calma, Miller aquí depuró algunos pasajes emocionales que en su vida significaron amor impregnados de caos o dolor. Y para que dicha catarsis fuera presentada desde la apertura del disco nos habla de un proceso de sanación que ya clamaba por ver salida.

Por ello, es preciso hacer énfasis que el origen emocional de esta pieza, puesto que podremos sentir lo ensimismado que Miller se encontraba al momento de hacer TDF. Y paralelamente al proceso creativo del álbum, el joven rapero sostuvo una intensa relación sentimental con la cantante y popstar, Ariana Grande.

Dejando claro que fue una de las fuentes de inspiración final del disco. Aún así, también habitan otras experiencias vividas, no solo junto a Ariana (como así le hicieron creer mediáticamente al fandom de ambos) sino de personas igual o más importantes, como lo fue Nomi Leasure; su primer amor surgido desde sus días en secundaria y que duró hasta poco antes de su asenso como figura pop en 2016.

Y en este mismo track es recordada en un verso como la persona que estuvo a su lado de manera pura, antes de la estridencia de la fama y sin ningún interés oscuro. O el testimonio de como la abuela de Mac conoció y estableció una familia amorosa junto a su esposo, incluido en el outro que cierra el álbum.

Pero ni con todo el amor en el aire se evita que puedas llegar a arruinar todo en un segundo; y si avanzamos hacia “Dang!”, el segundo corte del disco, nos encontraremos con la facilidad con la que los egos se imponen y rompen los corazones más nobles a causa de lo idiota que puedes llegar a ser sin darte cuenta.

Alejar emocionalmente a alguien con pequeños desaires es posible. Y todo ese drama resulta todo un proceso verlo, entenderlo y repararlo. Por ello, Mac se acompañó de dos figuras perfectas para contarnos como lidian con tales desventuras; Anderson .Paak, el cantante, rapero y baterista oriundo de Venice Beach, California y del productor y multi instrumentista canadiense, Pomo.

Dos personalidades musicales que en sus proyectos en solitario han abrazado los sonidos del R&B, soul o el dance y house respectivamente. De modo que terminaron por desenfadar la sonoridad de una temática tan cruda con un bajeo como base, breves rasgueos funky de guitarra, alientos pegadizos y una progresión de synthes; logrando un tema gratamente bailable, veraniego y cálido que terminó por ser el primer sencillo que anunciará la llegada de TDF.

Para el caso de “Stay”, Miller se dio el permiso de conceptualizar una premisa más sencilla en torno al cliché que representa vivir el momento. No obstante, aquí no encuentras ese discurso trillado de vivir con intensidad hasta el último instante en harás de evitar caer en una rutina esclavizante.

Mas bien, buscó revalorar la magia que habita en momentos más sencillos; como fumar ese porrito after sex, beber esa taza de café bajo una lluviosa sobremesa o acurrucarse entre cobijas para un sábado de netflix and chill. Que bajo las hipnóticas trompetas del musico y productor, Keyon Harrold, en adición al beat de I.D. Labs completaron y elevaron sónicamente ese instante de simplicidad.

Es así, que poco a poco llegamos al clímax de The Divine Feminine, con la presencia musical de Musicman Ty, el artífice a cargo de la producción de “My Favorite Part”; el tema más exitoso de todo el álbum; por el peso que significaba escuchar a Ariana Grande junto a Mac Miller.

Y pese a lo ficticio que suelen ser estas relaciones en el show bussines el tema si contiene un gran ensamble y personalidad; conseguida gracias a la sintonía sentimental entre Malcolm y Ariana (las personas detrás de las figuras artísticas).

Un vestigio moderno del entendimiento personal/artístico que llegaron a tener durante esa temporada; musicalizada como un meloso R&B para escuchar bajo luces tenues, entre las sombras y sonrisas de una noche perfecta. Y que afortunadamente dista de las fórmulas estridentes y forzadas que suelen tener estas uniones colaborativas en el pop mainstream.

Aunque, a cinco años el aura color rosa pastel que irradia el álbum ya se nota un poco descolorida; ya que la repentina muerte de nuestro protagonista le concedió una especie de santificación de parte del público generalizado y se le comenzó a ver solo como una víctima de la inestabilidad emocional. Por el contrario, a Ariana se le acosó y señaló hasta el cansancio de ser la culpable de esta perdida debido a la ruptura que tuvieron. Hecho del que no tiene porque tener culpa o responsabilidad alguna.

En el álbum la divinidad femenina es una presencia omnipresente que siempre influye en sus decisiones para bien y mal. Y realmente escuchando parte de las desventuras incluidas en TDF, Miller era una persona que estropeaba bastante su tranquilidad emocional. Sus impulsos sexuales, las facilidades económicas otorgadas por su vida como luminaria, el alcohol y uso de sustancias nublaban su actuar personal.

Las mujeres en su vida eran una constante, ya sea a través de los deslices, las aventuras sentimentales, las relaciones que fracasan, los amores que se desgastan, por ende, no vimos su mejor versión como el compañero ideal.

Y se puede rescatar que todas las personas somos imperfectas, pero está idea de que las musas que en el camino del artista inspiran al mismo tiempo en que son utilizadas, vulneradas o aplastadas hace flaquear al discurso creativo de TDF.

Sobre todo, porque durante los últimos cinco años el rol político, social, artístico, musical, legal, humanista de la mujer a reclamado su lugar con mayor notoriedad, impulso y fuerza en el mundo. De modo que las mujeres que decidan reencontrarse con este disco podrán tener una lectura más profunda a la mía.

Los clásicos instantáneos no existen

Así finaliza está visita por uno de los pasajes más exitosos de Mac Miller; mismo que lo llevó a dejar de ser una figura consumida solo por entendidos de la escena rap norteamericana para  posicionarlo como uno de los rostros más digeridos por la mass media.

Aunque no perdamos de vista que su éxito comercial se debe en buena medida a qué era un hombre, heterosexual, oriundo de Pittsburgh, Pensilvania una zona muy al norte de los Estados Unidos, que logró superarse mediante el rap (un país donde el género es una industria millonaria) y que terminó por enamorarse de la chica Nickelodeon del momento. Sueño americano ¿eres tú?

Bajo esos contextos raciales y sociales el rapero blanco consentido de la década pasada obtuvo las credenciales necesarias para recibir la apertura de los oídos del público norteamericano, y, por ende, del resto de países que nos sometemos y devoramos el capital cultural gringo como si fueran golosinas.

Aún con todo el engranaje que hay detrás para que figuras como Mac encajen a la perfección en nuestros algoritmos de consumo, Miller si intentó generar una mayor expertise creativa en sus discos mediante la creación de conceptos nacidos de acordé a sus estados anímicos como una manera de presentarse más transparente y dar proyección a sus emociones.

Y quizá un lustro es insuficiente para valorar si The Divine Feminine soporta o no el paso del tiempo, ya que es demasiado pronto para que la obra de Mac Miller se diluya de la memoria inmediata de su público.

Porque no perdamos de vista que la muerte de un artista también reditúa los números y audiencias. Incluso, este mes se habrán conmemorado tres años de su muerte dejando al descubierto una ausencia a la que aún le restan años de relanzamientos, remixes y rarezas que generen jugosas ganancias.

Sin embargo, eso no asegura que la oleada de nuevos oídos y mentes se identifique con los productos de nuestra generación. Seguro irrumpirán (o ya lo hicieron) con la idealización de sus propios ídolos, su lenguaje, sus códigos, sus aspiraciones, sus miedos, sus formas de enamorarse, de escuchar y entenderse.

Y en ellos recaerá sí nuestros referentes sobreviven al paso del tiempo; porque dentro de los nuevos ecosistemas de la cultura pop los clásicos instantáneos no existen.

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