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La Piedra Ausente: El monolito de agua

La Piedra Ausente: El monolito de agua

19/Dic/2013

La Piedra Ausente

Sandra Rozental, Jesse Lerner

México, 2013

INAH / El Egipto Americano / FOPROCINE

Realizado por Jesse Lerner y Sandra Rozental, el filme La Piedra Ausente documenta el impacto social y cultural que la remoción de la enorme escultura conocida como Tláloc (¿quién no lo ha visto haciendo guardia afuera del Museo de Antropología e Historia?) en 1964 le ha causado a la pequeña comunidad de San Miguel Coatlinchán. El documental ha recorrido países como Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, Guatemala y Cuba, y, recientemente, recibió críticas positivas en los festivales de Morelia y Guanajuato.

Con un guión que lentamente se va animando (literalmente), la historia se sumerge en la tierra de Coatlinchán mientras nos introducen a una serie de habitantes del poblado, cuya afinidad por la historia de su comunidad o sus vínculos personales con la piedra en cuestión pretende establecer un lazo emocional con nosotros mismos.

El origen del monolito, puntualmente comparado por Rozental con aquel símbolo de 2001: Odisea al Espacio, no es del todo claro: ¡caray!, sigue habiendo quien afirma que esa piedra NO es Tláloc, que se trata de Chalchiuhtlicue (¡dilo rápido!), la diosa del agua. Es a través de viñetas animadas sin diálogo, que podría llamar “stop-motion” de collages, que entendemos como hace 1,500 años un gran emperador mandó traer la piedra más grande, que chuscamente se cayó al agua cuando trataron de pasar sobre un arroyo.

Por siglos, la “piedra de los Tecomates” yació acostada en la Cañada de Santa Clara en Coatlinchán, hasta que durante el Porfiriato empezaron los rumores de su traslado hacia la capital. Finalmente, durante el gobierno de Adolfo López Mateos, “Tláloc” se dio una victoriosa vuelta olímpica alrededor del Zócalo en un acontecimiento altamente mediático.

La antropóloga Rozental, con la ayuda del experto documentalista Lerner, establece en La Piedra Ausente un paralelo entre el traslado del Tláloc con la entrada de México hacia el umbral del modernismo, una sociedad en ciernes de abandonar sus supersticiones y regocijarse en los “beneficios” del urbanismo moderno.

El documental presta un foro a los habitantes de Coatlinchán para afirmar que hace casi cincuenta años perdieron su cultura e identidad aunque, económicamente, el impacto era casi nulo según el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

La metáfora del simbólico monolito de otra película ya había sido establecida por Rozental y el documental; en lo personal, no se hasta donde podría ser cómplice de un grupo de valiosas personas que insisten en reducir parte de su identidad a un símbolo de piedra.

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