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Wet - Don't You

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Wet - Don't You
Wet - Don't You

Columbia / 2016

Artista(s)

Wet

Llueve sobre mojado

Si algo nos ha enseñado el pop en tiempos recientes es que el maximalismo está de sobra. Si bien los esfuerzos de gente como Dr. Luke, Max Martin o Mark Ronson disputan esta afirmación, la música pop más enternecedora y memorable se libra de toda la fanfarria y llena los espacios con ecos, susurros y sintetizadores con percusiones que bien podrían estar a 10 metros de distancia. The xx lo hace a la perfección. Figuras como FKA twigs, Kelela y Nao son representantes consumadas de la tendencia. Conozcan a Wet, una apuesta de una disquera no independiente por irrumpir en la escena.

Don’t You es copiosamente tempestuoso, directo y enervante. También trae una producción inmaculada, voces llenas de añoranza (cortesía de Kelly Zutrau) e instrumentación cuidadosamente arreglada e interpretada por Joe Valle y Marty Sulkow. Canciones como “Weak”, “Move Me” y “Don’t Wanna Be Your Girl” cumplen el cometido de doblegar el corazón y llenar los pasillos de cualquier American Apparel u ocupar alguno de los tres foros del Corona Capital. Todo eso es muy lindo, pero no deja de haber un dejo de neutralidad en todo esto.

A lo largo de todo el disco esperaba que este trío neoyorkino de verdad enunciara cada “oh” y “ah” con el respectivo dolor o ansia. Quizás el sencillo anteriormente mencionado, “Don’t Wanna Be Your Girl”, data de un rompimiento catastrófico sucedido en 2012. Como algunos escuchas casuales del género pudieran debatir, solo tienes una cifra limitada de colores para llenar el oído si no vas a sobrecargarlo con adornos. FKA Twigs por ello cambia de velocidades y juega con las posibilidades sónicas en sus experimentos, pero The XX ya daba indicios de combustible bajo en su segundo trabajo, Coexist. Wet sufre ese problema alrededor del cuarto track.

Desde las taciturnas “Island” y “Small and Silver” hasta el R&B titubeante de “You’re the Best”, todo suena a una banda temerosa de su propio sonido y de cualquier experimentación a su alcance, lírica y musicalmente hablando. La segunda mitad resulta gris y nada memorable, salvo el último track, “These Days”, donde meten un pequeño halo naranja de esperanza en su monocromía. Es muy conocido el dicho de que, si los asombras al final, el relleno de en medio no importa. Puede que sea cierto, pero ninguna de las partes individuales son tan fuertes como para que valga la pena un recorrido entero. Es mejor que se digiera como gotas separadas que como un cubetazo entero.

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