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Sun Kil Moon — I Also Want to Die in New Orleans

7

Sun Kil Moon
I Also Want to Die in New Orleans

Caldo Verde Records / 2019

Artista(s)

Sun Kil Moon

El álbum que nos recuerda que hacer folk no es cosa sencilla.

Más de 01:20 de folk a medias. El nuevo material del artista estadounidense Mark Edward Kozelek, que con el nombre de Sun Kil Moon lanza su décimo álbum de estudio: I Also Want to Die in New Orleans.

Un álbum al hay que entrar con paciencia pues sus aciertos están ocultos y no será sino con calma y disposición que éstos se revelen para hacernos disfrutar. Una de las características más importantes del folk es reinterpretar viejos temas o formas para entregarlos a las nuevas generaciones; sin embargo, esta máxima que parece una receta no es fácil de elaborar. En ese sentido esta placa lo logra a medias, pues un acierto es que sus siete canciones están construidas a partir de una guitarra dura y una voz que narra sin cesar temas actuales que van desde la política a lo más banal como un paseo por una ciudad. Sin embargo, no hay nada más que reinterprete.

Canciones de 8 minutos o más donde la letra se convierte en una narración que no ocupa el silencio a su favor, sino que echa toda la carne al asador y abarca en absoluto el tiempo musical para ampliar su relato. Hay montañas; perros y casas de madera. Se mencionan el evangelio y un salmo. Hay noticias de “niños muertos, coyotes ahogados y perros abandonados sin comida ni agua en los sótanos” y un tiroteo en una escuela de Florida. Material bien yankee.

La columna vertebral son las bases del folk: guitarra y voz como sacadas de un sótano y una estela de jazz libre serían las costillas de este cuerpo sonoro. El fraseo por momentos se asemeja parece que sin desearlo al del hip hop, como en “I’m Not Laughing at You”.

En “Coyote”, Kozelek nos sorprende con sus juegos de voces, mismos aportes vocales que encontramos en “Day In America” , tema que permite la introducción de un ensamble de cuerdas dinámico y potente que más tarda en llegar que en lo que desaparece detrás de la voz rasposa.

“Cows” es un tesoro dentro de este mundo. Una apología a la dieta que no prescinde de la carne, se integran percusiones y voces de fondo en loop que agregan otras texturas a la composición y los oídos se refrescan. Aquí como en canciones anteriores, utiliza el recurso del jazz, esta ocasión entra para lucirse el saxofón de Donald Paul McCaslin, músico que aportó su versatilidad para el álbum Blackstar de Bowie. Un saxofón que resulta necesario y que se extraña en otras canciones pues aunque Donald nació en Santa Clara, aporta un sax muy de Nueva Orleans, hecho a imagen y semejanza de este álbum.

“Couch Potato”, la canción más flexible. Un tema que comienza con un ritmo alegre y una base que la caracteriza desde el segundo uno. Guitarra y batería se funden con el soliloquio que parece ya cansino a esta altura de la placa pues no se revitaliza en ningún momento. Entendemos que este recurso es clave para el vuelo alto del álbum y que si no se logra, éste va a estrellarse en cualquier momento. Es por esto que no alcanza su punto más álgido y deja una sensación de lo que pudo ser. Este torrente de guitarra y voz desemboca en “Bay of Kotor”, más de lo mismo sin ningún hallazgo.

Así, termina el álbum, que deja la sensación de que hizo falta más versatilidad para mejorarlo.

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