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Entrevista con Julia Holter

Entrevista con Julia Holter

Foto Tonje Thilesen

La vibra lo es todo.

Una de las primeras ideas que arroja David Byrne en su celebrado libro How Music Works es que la música se hace con una idea predeterminada de dónde quiere ser ejecutada: la música electrónica en un club, el góspel en una iglesia y así sucesivamente. Aunque no del todo atinada y siempre debatible, la idea sugiere que todos los artistas inconscientemente hacen música para ser interpretada en vivo en un lugar específico. Pensarlo cierto podría tener como consecuencia en el escucha una especie de prejuicio y probablemente la percepción cambiaría si ese fuera el caso.

Con Julia Holter me sucede algo similar, pero a la inversa. Yo siempre he creído firmemente que su música, a pesar de las diferentes variaciones de composición que ha sufrido a lo largo de sus poco más de cinco años de carrera, es algo que debe ser interpretado en algún lugar de valor religioso. Probablemente sea por la divinidad en la que está bañada Tragedy, la autenticidad de Ekstasis o lo barroco de Loud City Song y Have You In My Wilderness, pero cuando se anunció que se presentaría en el Ex Convento de San Hipólito hizo todo el sentido del mundo.

“No creo que haya tocado nunca en un lugar que haya sido un convento. He estado en todo tipo de lugares: iglesias, bares, clubs, salas de conciertos, casas de personas, catedrales y muchos otros, pero esto es muy inusual y muy especial”, dice una Julia que visita México por primera vez en mucho tiempo y que parece estar sorprendida de todo lo que ve. “Me encanta México, es increíble. Había venido una vez antes cuando era adolescente, o sea hace mucho tiempo [risas]. Y este es uno de los lugares más hermosos en los que he estado”.

El concierto fue también algo especial, pues en el escenario solo estaban ella y Tashi Wada (compositor de alto calibre en el mundo de la música experimental), una alineación diferente a lo que uno podría esperar al escuchar su último par de discos y ver en diferentes videos. Ella explica esa dinámica así. “Todo es minimalista, no usamos backing tracks y la idea es enfocarnos más en los efectos y la voz para que todo sea más íntimo. Todo es muy crudo y no sé si es bueno eso para la audiencia, espero que sí [risas]. Toqué mucho tiempo así, incluso siendo yo sola, así que tengo algo de experiencia”. Sin la instrumentación a la que estamos acostumbrados desde hace cinco años, ¿cómo es que lo hace sonar tan bien en vivo? “Creo que todo depende de la vibra. Si hay mucho ruido canto más y si es un lugar más seco entonces dejo un poco más los efectos. Me gusta dejar que el eco de mi voz suene más. Ya no sé lo que estoy diciendo ahora [risas]. También me la paso hablando con la gente para ver cómo la están pasando. Todo es la vibra, pero en un lugar como este todo es más intimidante porque es muy grande”.

Foto Facebook Julia Holter

Resulta extraño escuchar algo así de alguien que llevó una obra de teatro griega a un disco y que después convirtió este último en una ópera. El año pasado Holter presentó Tragedy, su primer disco, en este formato en el National Sawdust de Nueva York por solo dos noches y sobre la experiencia dice. “Me encantaría hacerlo aquí en México, a lo mejor algún día podemos. Fue muy cool trabajar con mis amigos. Lo hice con Yelena Zhelezov, con quien ya había hecho cosas en el pasado, es una artista visual y a través de ella conocí a Zoe Aja Moore, quien es una directora de teatro y nos ayudó a dirigir la ópera. Escribí nueva música para las presentaciones, la mayoría son del disco pero también incluí algunos interludes que eran nuevos y usé algunas traducciones que no había utilizado antes. Fue una gran experiencia”.

Tragedy, el disco que compuso inspirada en Hipólito de Eurípides, vio la luz en 2011, la misma época en la que comenzaría a crear inconscientemente su disco más célebre a la fecha, el bellísimo Have You In My Wilderness. Distinto a todo lo que había editado con anterioridad, este vislumbra un lado mucho más amigable de su música y una ambición instrumental mucho más palpable. Ella lo explica así. “Tenía varias canciones ahí guardadas que ya había tocado en vivo desde hace tiempo, tal vez desde 2010 cuando empecé a hacer conciertos. Lo hacía solo con un piano digital y mi voz. Antes de que empezara a usar loops y ese tipo de cosas, estaba más interesada en cantar junto con el piano. Una manera más tradicional, como baladas. Entonces después quise que Have You In My Wilderness fuera un disco de baladas y creo que eso es lo que hice con canciones como “Betsy On The Roof”, “Have You In My Wilderness” o “Sea Calls Me Home”. Esas tres canciones para mí son como la presentación perfecta del sonido del disco y de hecho también de mi yo del 2010/2011. Son canciones viejas y baladas que me llevaron a hacer un disco completo de ese estilo”.

¿El resultado? Un disco que entró a los primeros cincuenta de la lista Billboard, que afianzó a sus seguidores de antaño, que cautivó los oídos de otros tantos nuevos y que la trajo a presentarse en la Ciudad de México en un Día Internacional de la Mujer. La pregunta era obligada, esto es lo que opina sobre el asunto. “Es muy complicado tener un Día de la Mujer, es confuso y no tiene mucho sentido. Pero al mismo tiempo lo tiene si es un tiempo para que las personas discutan esos problemas en cuanto a la feminidad. Creo que es muy bueno que se esté hablando de esto y de la interseccionalidad, es decir, que no solo sea de mujeres, sino mujeres de color y más allá que podrían generar una discusión más grande. Es importante tener este tipo de cosas en mente y entender que hay personas que han sido marginadas por cómo se ven y que tienen una historia llena de patrones con opresión. Todo esto está conectado y una vez que se logre el mundo podrá entender que hay mucha gente que luce distinto y que no hay ningún problema con eso”.

Al final su concierto en el Ex Convento de San Hipólito fue una prueba de que mi teoría no estaba tan equivocada. A pesar de no traer el resto de los instrumentos la experiencia fue acogedora y cálida, como cualquiera de sus momentos en estudio; y tan religiosamente dulce como la descripción sugiere.

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