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Stone Temple Pilots y Bush en Frontón México

Stone Temple Pilots y Bush en Frontón México

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Frontón México

Artista(s)

La química entre nosotros y la nostalgia.

Expectativa como palabra clave en un domingo cualquiera. Con una calle de separación, el público atento a la entrega de premios a lo mejor del cine en la plancha del Monumento a la Revolución, y en la esquina del Frontón México la duda de los transeúntes: “¿qué va a haber?”, un concierto, un tumulto de sentimientos añejos, una espera que se verá coartada.

Stone Temple Pilots y su forma de comenzar un incendio: Dean DeLeo, el silencioso, la forma, genio y figura, golpea las seis cuerdas de su Gibson Les Paul y nos da la bienvenida a la nostalgia, al recuerdo tal vez roto, a la visión tal vez nunca idealizada. Y la voz nos conmueve porque nos recuerda a alguien que no está, pero cuyo legado sigue dando vida: “But I’m alive, so alive now, I know the darkness blinds you”. Pero las luces de colores nos dejan ver a una banda reformada y tocando como en sus mejores días.

“Crackerman” para expander el fuego, “Vasoline” y el humo de su riff provocador, la cadencia de Jeff Gutt dando una nueva personalidad a la banda, quizá más funcional, o muy estudiada, cada quién sacara sus conclusiones, lo importante es que nos mantiene a flote y las dudas sobre su accionar se disipan mientras “Silvergun Superman” nos destroza. Tiempo de bailar tímidamente al compás de “Big Bang Baby”, alguien entre el público que emula los pasos de Scott Weiland, siempre, de alguna extraña forma presente aunque no podamos verlo. Es claro que el vacío es difícil de llenar pero la guitarra con slide y su tono evocador vuelve a llamar de nuevo nuestra completa atención: “So much trippin’ and my soul’s worn thin”. Tantos viajes musicalizados por esta canción que suena en una tragedia en The Crow, una película que a muchos de los asistentes compete más que cualquiera que la misma noche gane una estatuilla.

Algunos somos la mitad que solíamos ser, siguiendo aferrados al ayer donde queremos permanecer, pero nada como la música para saber que no estamos perdidos. Y cantamos como en aquellas noches entre cerveza y cigarros, cantando y soñando, gritando y emulando. Los sonidos de esos CDs que tanto nos costaba trabajo conseguir pero que santificábamos y desgastábamos, “Plush” fue un momento increíble.

“Meadow” avante ante fallas técnicas para demostrar la nueva cara de una banda que siempre es bien recibida, “Interstate Love Song” como buen pretexto para el abrazo entre aquellas parejas que cuando conocieron estos temas aún no estaban casados. La brecha generacional que queda en evidencia, ya somos más viejos, alguien canta mientras tiene en brazos a su hijo dormido. “Roll Me Under” y Jeff escala hasta las gradas y cual pasarela se pavonea entre la gente para después lanzarse a la multitud desde una altura considerable. Ese espíritu del rock n’ roll que nunca muere, solo se renueva. “Dead & Bloated” cual respiro de apreciación, “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para establecer un statement: “I'm not dead and i'm not for sale”. “Sex Type Thing” para darnos un último golpe y una despedida ideal.

Bush ataca con todo su arsenal desde un comienzo, y “Machinehead” emociona y altera, disipa las dudas, comienza el gran show de Gavin Rossdale y su alta condición de frontman, la batalla ha comenzado, los tonos son perfectos, las novedades nos sorprenden, “This is War” y esa innegable necesidad de producir grandes canciones. “The People That We Love” y la gran travesía por las diferentes etapas de este combo que si bien no figura en los grandes tours del año o como headliner de festivales, ofrecen una actuación en directo que no necesita de grandes distracciones. Lo instrumental los alimenta, la energía los pone en evidencia, la selección de temas es impecable.

Gavin no deja de hablarnos en perfecto español, agradeciendo e induciendo a la euforia: “Greedy Fly” y un aparente estado de calma, “Everything Zen” para que saltemos como si fuera el concierto que soñábamos al escuchar su disco debut en nuestras habitaciones. Tal vez ya llegaron muy tarde pero en un gran momento, ya que el poder escénico de Bush es atrayente, contagioso y digno de apreciación.

“Let Yourself Go” y el recorrido de Gavin Rossdale por las gradas del Frontón México y su alegría por cerrar un tour con una noche perfecta y conmovedora, la emoción evidente y contagiosa. Y así, una generación entera que no necesita grandes producciones, lasers o “cielos eléctricos” para desbocarse, canta con saña y sentir “Swallowed”, hace air guitar, se abraza con sus amigos en un círculo que después de muchos años no se ha roto a pesar de los compromisos, las distancias, las nuevas responsabilidades o las separaciones momentáneas.  La adultez como pesada carga pero también como aliciente, los años que no pasan en vano, los momentos para el desahogo perfecto.

“Glycerine” para terminar de rompernos la garganta, “Comedown” cual glorioso final para una noche que necesitábamos, de recuerdos, de reencuentros con viejos amigos, de saber que estábamos en el lugar correcto ante tantas opciones y decepciones, ante tanta bulla y faramalla, la música como aliciente perfecto para comenzar una semana que esperamos no sea difícil. Como sea la euforia y una playlist necesaria nos hará superar los días malos, las canciones que todo lo mejoran.

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