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Manring, Gunn y Arreola: Tres bajos, una sola noche

Manring, Gunn y Arreola: Tres bajos, una sola noche

Javier
Rincón

19/Jul/2013

Detalles

Tres másteres de la música se encargaron de bajar el telón de Alterna Jazz. Michael Manring, Trey Gunn y Alonso Arreola se aplicaron a fondo y dieron cátedra con su gran dominio del bajo; cada uno con su sello particular, en solitario y juntos.

La impartición de técnicas tuvo su preámbulo, Sara Valenzuela, organizadora del evento, fue la encargada de introducir la asignatura sonora que se extendió por cerca de 180 minutos trepidantes en el Centro Roberto Cantoral que lució a un 95 por ciento de su capacidad.

Segundos después de que se anunció la tercera llamada, se apagaron las luces del recinto y Sara hizo una semblanza de cada una de las sesiones de Alterna Jazz. Además, reveló una sorpresa: “hoy se graba un disco por estos músicos arriesgados y propositivos. El concierto será un viaje estremecedor y los hará volar”.

20:48 horas, Alonso comenzó la clase y fue recibido por una calurosa ovación. Entre luces purpuras comenzó la ejecución que resultó sólo una introducción y bienvenida a sus comparsas. El primero en sumarse fue Trey Gunn (King Crimson y Tool), quien entre aplausos se sentó en una silla y acomodó el bajo sobre sus piernas con las cuerdas hacía arriba; el último en aparecer, Michael Manring (Attention Deficit), también ocupó su lugar siendo el más aclamado.

Mientras Arreola marcó la base de la pieza tenue, Gunn, asemejando a un  pianista, crujió las cuerdas de su bajo, y Manring aderezó con acordes precisos que junto a los demás se mantuvieron en una línea delicada que fue rematada poderosamente.

Tras la intensa apertura, Alonso quedó solo en escena y expresó: “Hace tres noches iba (en un auto) con Trey y chocamos. Después de ello trate de dormir y tuve una pesadilla; resultó esto:”. Y comenzó una intima conversación con su bajo. Mientras el músico murmuraba, sus manos le respondieron con notas graves y mucho groove.

Al final de su set en solitario, un toque especial matizó el lugar. Parte de lo que el músico creó, fue grabado y repetido por un aparato encargado de reproducirlo mientras siguió creando ondas sonoras. Fue una descarga brillante con estilo rocker, sobre todo cuando tocó el bajo como si fuera una poderosa guitarra.

Al finalizar se desprendió de su instrumento principal y recordó que al año pasado viajó a África con Trey, quien volvió a la tarima. Los bajistas, con ukelele en mano, interpretaron una melodía con base africana.

Después llegó el momento de Gunn, quien exhibió su clásico estilo sustentado en el rock progresivo. Fue un as intenso y vibrante; mostró un poderío sólo comparado con el de un titán. Constantemente rasgó las cuerdas de su bajo y marcó fuertemente las pisadas de sus dedos, transformándolas en sonidos potentes y estilizados.

Ya solo faltaba Michael Manring, quien ejecutó tres largas piezas que constataron su alta escuela. Pareció tener dedos de acero y que se multiplicaban, golpeó y jaló tan fuerte las cuerdas de el instrumento como si las quisiera romper. Por algunos segundos las notas quedaron suspendidas en el ambiente, como si tuvieran eco pero sin estar distorsionadas. Los años no pasan de en balde y el virtuoso de 53 años de edad, mostró su experiencia y calidad adquirida durante varios años; además, lució tres bajos distintos.

Cerca de la media noche, los tres buenos camaradas se juntaron en el escenario y entregaron una pieza más. Al final y abrazados, recibieron las palmas unánimes e intensas de los asistentes, que en su mayoría estaban de pie.

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Javier
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