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Guns N’ Roses en Estadio Ciudad de los Deportes

Guns N’ Roses en Estadio Ciudad de los Deportes

22/Oct/2022

Detalles

Organización

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Estadio Ciudad de los Deportes

Artista(s)

Noche de lluvia amenazante, guitarras y mucha nostalgia con Guns N' Roses en la Ciudad de México.

Viernes por la noche. Cielo gris. 50 % de probabilidades de lluvia; la moneda estaba en el aire. La jungla de asfalto de nueva cuenta es un caos, las arterias de comunicación en este monstruo llamado Ciudad de México lucen saturadas. Las camisas de cuadros rojos y negros comienzan a hacerse presentes. Paliacates en la cabeza, sombreros de copa con rulos falsos. Personas de distintas edades y generaciones se dan cita en los alrededores de la colonia Nochebuena para recibir la visita de los ya legendarios Guns N’ Roses.

Sin banda abridora de por medio, en punto de las 20:50 H comienzan los visuales que nos auguran una noche llena de guitarrazos y nostalgia. Tres pantallas, una al centro y dos a los costados nos permitirán ver a lo largo de la jornada como los dedos de Slash se mueven como serpientes venenosas. 

“It's So Easy” para transportarnos 35 años al pasado, a la época de su álbum debut, aquel con el que irrumpieron en la escena de manera definitiva. Problemas de audio, las bocinas truenan como cartoneando, las vocales de Axl son casi inentendibles. Otra de 1987: "Mr. Brownstone". El Estadio Ciudad de los Deportes aún luce un poco vacío dada la bandota que tenemos enfrente. Las quejas en redes sociales por el lento acceso abundan. 

Como una postal irónica de los tiempos geopolíticos que estamos viviendo llega de su sexto álbum, “Chinese Democracy”. El señor Hudson le quita los grilletes a sus dedos y se suelta con los primeros acordes de “Slither”, este cover de Velvet Revolver nos arrolla con la potencia de un ferrocarril. El audio ha mejorado sustancialmente, los tímpanos ya perciben el filo de las cuerdas de guitarra.

“Welcome to the Jungle”, todo mundo salta de su asiento. Los que estaban librando el acceso corren presurosos, los que van un poco más adelante se detienen en las escalinatas para cantar antes de localizar su lugar correspondiente. Se levanta un mar de celulares para registrar el momento. 

Mientras suenan “Double Talkin' Jive”, “Live and Let Die” y “Reckless Life”, el estadio se va alimentando de más carne humana. “Shadow of Your Love” explota con gran energía sacudiendo nuestros cuerpos. “Rocket Queen” nos lleva a la galaxia del amor romántico. Con “You Could Be Mine”, las parejas no pierden la oportunidad de darse un beso y crear un bello recuerdo. 

Axl Rose se toma unos minutos para descansar la garganta y cambiarse de vestuario; le deja encargado el micrófono a Duff McKagan para la interpretación de “Attitude”. Una medusa radioactiva nos grita prendida en llamas y nos escupe ácido verde; “Absurd” (su nuevo tema lanzado apenas el año pasado) llega cargado de plutonio punk. 

Mención aparte merece el maestro Slash. Uno de los músicos más virtuosos de todos los tiempos. Solo él con su arsenal de guitarras es capaz de pasar de emular el trino de un ave exótica del Amazonas al lamento de una ballena azul en mar abierto. Referente indiscutible, estilo único y dominio total del instrumento. Las cuerdas en sus dedos muestran sus posibilidades infinitas y desgarran el tiempo. Tras su solo de más de siete minutos, el recital llega a su clímax. 

 

 

Un tema legendario, aquel que ha aparecido en innumerables series de televisión y películas, aquel que es parte del soundtrack de vida de muchas generaciones. Obra maestra de un grupo de jóvenes que soñaban con ser rockstar y lo lograron… “Sweet Child O' Mine”.

Apenas recuperábamos el aliento, ya teníamos a Axl Rose sentado al piano. Así es, “November Rain”. No llovió para elevar este momento a la categoría de épico, pero son estos minutos una probadita de eternidad. El poder catártico de la música en su máximo esplendor. Los amigos brindan, los hijos abrazan a sus padres al verlos conmovidos, los enamorados se hacen promesas. El poder catártico de la música queda demostrado una vez más. 

El final es inevitable... “Knockin' on Heaven's Door”

Pese a los problemas técnicos y logísticos, Guns N’ Roses cumple. Mucho se podrá criticar a la banda, por afianzarse demasiado a sus éxitos, por vender muy caro sus reediciones, por el exceso de merch y afiches, etc. Si bien Axl Rose ya no alcanza los mismos rangos vocales de su época cumbre, no podemos culparlo, a los 60 años su entrega sobre el escenario es verdadera, totalmente por convicción. Los tiempos de la avaricia, los excesos y los berrinches rockstar han quedado en el pasado; tenemos ante nosotros a una banda cuya vitalidad está sobre un escenario, no en el retiro de una mansión.  

Tras varias oleadas de aplausos y ovaciones, regresan para un encore de tres canciones: “Patience”, “Don't Cry” y “Paradise City”. Más aplausos de pie.