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Desert Daze 2016: Día 3

Desert Daze 2016: Día 3


@cherryflores_

18/Oct/2016

Bye bye Desert Daze.

Las despedidas siempre dan tristeza, en el caso de alguna buena relación sentimental. Este tercer día, partir del desierto con mis chivas fue muy triste. Esta relación sucedió tan rápido: estar en contacto con la naturaleza del desierto, disfrutar bandas nuevas en vivo, la gente joven y no tan joven que se empapaba de cada instante que ocurría en el escenario, el DIY presente en toda la decoración y puestos de venta, en fin, una combinación extraordinaria en Desert Daze. Habrá detalles que pulir, como todo festival joven, no hay perfección pero sí bastante propuesta.

La primera banda que observé en aquel último día fue La Luz, días antes escuché a varios comentando sobre ellos por lo que decidí no quedarme con la duda y en efecto realmente fueron grandes músicos de surf con una energética presentación, y aunque aún eran pocos los presentes en su show, ellos lo dieron todo por mantener la fuerza. De repente, en el otro escenario –no se sufría mucho por ir y venir entre ellos pues ninguno de los tres escenarios estaba tan alejado, el festival es pequeño a comparación de un monstruoso Lollapalooza o algo por el estilo– las chicas de Deap Vally con su sensual y poderosa presencia, iniciaron el show. Guitarrazos y golpes precisos de este dúo femenino se hicieron presentes, su vocalista Lindsey Troy –con un look brunette– estaba alegre pues era el cumpleaños de su novio. También presentaron varios tracks de su nuevo material Femejism.

En el Moon Stage vi la presentación de Jennylee, bajista de Warpaint, con su banda de tres integrantes más, al principio me atrapó con un par de canciones con secuencia, medio oscura, interesante con su melodiosa voz ronca. Sin embargo algo ya no hizo clic en mis oídos, se quejó mucho de lo seco que estaba el desierto y lo mucho que sufría su garganta. Me fui.

Corriendo llegué a ver el inicio de METZ, una de mis bandas favoritas de todo el festival, un sonido muy ponchado, punk hardcore bien armado, el slam se armó. En vivo realmente son increíbles. Posterior a eso vi en The Wright Tent –la carpa de propuestas más frescas– el tributo al recién fallecido Alan Vega, armado por Gregg Foreman, Ariel Pink, Bonnie Bloomgarden, Justin Pearson y más. Creo que le faltó algo a este tributo, tal vez planeación o ensayos previos.

Pond me maravilló esta vez, ya antes había visto su show, por ahí del 2011, sin embargo esta ocasión sentí como si los redescubriera siendo extrovertidos, más comunicativos con su público, muy agradable su presentación y una gran actitud de Nick Allbrook, líder del proyecto. Hubo varios momentos de glam rock, psicodelia, de repente percibí un aire progresivo en su música, bastante buenos. Esta semana estarán en México y ya verán de qué les hablo.

Vaya, el final de este gran festival estaba más cercano cuando caminaba hacia Television. Mi corazón sentía nostalgia de que concluyera, Tom Verlaine demandaba a todos que no usaran sus celulares regalados por sus papás y que disfrutaran el rock como se debe. Yo no era consciente del gran impacto que Television había tenido en la música alternativa hasta ver con mis propios ojos tal  impecable ejecución, sincera y respaldada con tantos años de experiencia. Escuchar las armonías entre ambos guitarristas y el bajista me ponían la piel chinita y muy agradecida de  haber tenido la oportunidad de estar en este festival.

El gran finale llegó, la producción del festival nos pedía prender rápidamente un gran cúmulo de inciensos para empezar la tocada. Era el turno de The Brian Jonestown Massacre, con dos horas ininterrumpidas de blues, psicodelia y experimentación hecha en vivo por seis individuos liderados por el controversial Anton Newcombe. La gente se abrazaba de la felicidad, cientos se encontraban extasiados al verlos, los aullidos por la hermosa luna llena se escuchaban entre cada canción. Definitivamente la euforia de este cierre se contagiaba para dar un cierre muy especial. Muchos músicos que habían sido parte del cartel se hicieron presentes para ver a esta agrupación de San Francisco.

Desert Daze existe desde 2012, con la iniciativa real de llevar artistas de calidad –sean leyendas o no, sin importar cuántos millones de discos vendan–, y hacer una comunidad más fuerte. El concepto fue bien planeado y llevado a cabo: disfrutar con plenitud la música, la experimentación, la psicodelia como estilo de vida y sobre todo, estar en comunión con la naturaleza –desierto + luna llena– para tener más consciencia tanto de su cuidado como de su lugar en nuestras vidas.

De lo mejor del año a nivel internacional.

Lee la reseña y checa la galería del primer y segundo día.

REDACCIÓN:

Cynthia
Flores

FOTO:


@cherryflores_

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