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Bitácora: Aranda de Duero, España

Bitácora: Aranda de Duero, España

Log 2: gastronomía de tradición e innovación

No podíamos dejar de probar la comida. España es un país que cuenta con algunos de los mejores chefs del mundo, restaurantes con estrellas Michelin y una tradición gastronómica brutal. Aranda de Duero es el lugar perfecto para maridar los vinos que ya habíamos probado con delicias culinarias fuera de serie.

Si bien hay platos típicos que nos hicieron babear, también hay creaciones más revolucionarias, cocina fusión que vuelve el paladar a la vida. Pero primero lo primero. Nos lanzamos a probar dos platillos fundamentales: el lechazo y el torrezno.

Advertimos que estas delicias no son aptas para veganos o detractores de la grasa. Para hacer un lechazo se debe tener unas reglas muy específicas: el cordero no debe pesar más de 12 kilos, no debe tener más de 35 días de vida y se debe haber alimentado solo con leche materna. Después, al horno y del horno a la boca; sencillo pero épico, es un imperdible en Castilla y León.

Por otro lado, el torrezno es básicamente un trozo de tocino frito, pero tiene una capa de chicharrón. Abran paso a un sabor parecido al de las carnitas, pero mucho más intenso, que se acompaña con pan y una cañita bien fría. ¿Se les antojó? Pues cuando estén por Aranda, solo pregunten por El Lagar de Isilla y a disfrutar.

Por otro lado, y para romper los cánones de la tradición, hay que entrarle a lo novedoso, y nuestros anfitriones nos llevaron al que probablemente sea el lugar más innovador de Aranda: La Raspa.

Este local de ambiente relajado es primordialmente una arrocería. En su carta pueden encontrar 12 tipos de arroces con distintas preparaciones. Inspirado en la cocina mediterránea, pero con toques asiáticos, es un paraíso de la glotonería. Y para muestra el menú de degustación que nos ofrecieron.

Para abrir boca, pan chino con polvo de chorizo; después, la sopa tradicional andaluza, salmorejo, una crema de tomate con el toque Raspa, polvo de queso y anchoas; de tercera, gyosas de mariscos con udon al curry thai; porque nunca es suficiente, seguimos con el “arroz del señorito”, con sepia, gambas y rape; y para finalizar, un postre espectacular llamado “Feria”: una cama de chocolate blanco, dos bolas de helado de frambuesa, bombones de maracuyá, gomitas de sabores, espuma de frutos rojos y, por qué no, coronado con algodón de azúcar. No apto para diabéticos, pero irresistible.

Y esto no es todo, con el mejor ambiente del festival Sonorama realizado en toda el centro de la ciudad, Aranda está repleto de pequeños bares donde uno puede tomarse una caña o una copa de vino acompañada de pintxos tradicionales, tapas o las mejores aceitunas al centro.

Como pudieron darse cuenta, antes de hacer un viaje a Aranda, uno debe bajar por lo menos cuatro kilitos o, en su defecto, no abrir la boca, pero lo segundo es en definitiva lo menos recomendable.

Conoce más de Aranda de Duero y otros destinos en España en este enlace.

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