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15 años de 'Turn On The Bright Lights' de Interpol

15 años de 'Turn On The Bright Lights' de Interpol

Luces que seguirán iluminando tu camino: Turn On The Bright Lights.

I had seven faces–thought I knew which one to wear. I’m sick of spending these lonely nights training myself not to care, "NYC" – Interpol.

15 años, infinitas variables, diminutas constantes, sentimientos inertes sin título como la primera canción del primer disco de Interpol: ¡sorpresa!, al pasar de los años seguimos siendo las mismas personas a pesar de todo lo que ha pasado, los que se han ido porque han querido, o porque no era el momento ni el lugar, o porque un buen día una enfermedad te arrebata lo que más quieres en la vida.

Alguna vez fuiste el “Obstacle 1” de alguien, un nickname en una pantalla tenía las frases precisas, la gente detrás de sus monitores creían tener conocimientos absolutos. Pero es diferente ahora, eres pobre y viejo y hay lugares y rostros que nunca volverás a ver. Y esa canción otra vez en los audífonos en aquellos días era un ácido aliciente, en el televisor a falta de YouTube en rotación constante, en tu tienda de discos de confianza antes de la fiebre del vinilo. El peso en nuestros corazones solo muta en extrañas formas pero se sigue haciendo presente.

CDMX, el nombre cambia pero no la condición, la ciudad que amas y odias, en cuyas extrañas recorres caminos que te llevarán al próximo concierto, a la siguiente entrevista de trabajo, de regreso a casa después de una discusión con tu novia, o que simplemente acarrea tu soledad. Solo es parecida a “NYC” en el sentido de que es el único punto en el planeta donde debes sobrevivir: “Training myself not to care”. Caerá la media noche y se encenderán las luces que te regresarán a tu cama a regodearte en tu miseria.

Pero “PDA” y su extraño poder sonoro te levantan de vez en cuando y hacer que tomes tu lugar, eres tan hermosa cuando estás frustrada querida, pero también no entiendes que hay alguien que quiere ayudarte y tú no lo permites. Miles de sofás en casas de amigos o extraños dónde dormir después de vaciar botellas de whisky, mañana será otro día. “Say Hello To The Angels”, corre en sueños figurando que te persiguen mujeres vestidas de negro con ametralladoras en el transbordo del metro que conoces de memoria, “Hands Away” al saberte a salvo y refugiado en tu iPod, evocando esos ecos que te llevaron a Joy Division, la amarga dulzura que te recordó a The Cure, la adorable energía demencial de Bauhaus, el ambiente de falsa esperanza al compás de las cuerdas emuladas por un sintetizador dark wave.

Un “Obstacle 2” para animarte, Stella al volante camino al Bosque de Chapultepec para mostrarle aquel lugar escondido junto al lago donde solías ir a escribir y a escuchar este disco una y otra vez hasta el cansancio, hasta que lloviera, o hasta que pasara la hora en la que se supone deberías estar en clases. “Roland” para alentar tu furia y querer ser Paul Banks para que todas las mujeres se rindieran ante ti cuando en verdad eras invisible. “The New” para comprender que hay ciclos que se repiten una y otra vez, infinitas variables, diminutas constantes, las mismas notas que perdurarán por muchos años.

Al día de hoy eres “Leif Erikson”: un ente subliminal alimentado del amor que has ganado y perdido, una vida que sigue siendo una broma, y que sigue esperando el barco que tal vez nunca llegará. El reloj seguirá caminando, marcando las 7 y las 8, y los segundos subsecuentes hasta la medianoche. Mismo momento en el que volverás a tu cama, a presionar play, a darte cuenta que han pasado 15 años sin aprender aquel lenguaje que provoca que todo terminen siendo fragmentos que no sabes si volverás a unir. Al final, las luces se encenderán para iluminar nuevos caminos que aún no sabes si estás listo para recorrer, pero algo es seguro, este disco te acompañará no porque así lo hayas querido, sino porque él te eligió a ti.

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