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Corona Capital 2017: La fuerza emotiva de Mogwai

Corona Capital 2017: La fuerza emotiva de Mogwai

Roy
Rojas @NOSSTROMO

21/Nov/2017

De cómo viví “Rano Pano” en Corona Capital 2017.

Las fuerzas que nos mueven como seres humanos son invisibles, podemos sentirlas, pensar en ellas, no podemos tocarlas, detenerlas, tampoco alimentarlas por voluntad propia. Se mueven dentro de nosotros de manera natural. Nos orillan, en algunos casos, a la locura. Qué sería de nosotros si no tuviéramos un poco de locura, de insensatez, seríamos un puñado de perdedores grises que viven esperando que todo siga igual. Que nada cambie. Sin ilusiones.

Cruzaba la ciudad de madrugada únicamente para conocer el amor, solamente me bastaba con mirarlo. Era incierto, como lo puede ser ir a buscar a alguien sin saber si te abrirán la puerta. Me pregunté qué estaba haciendo, dudé por un minuto, no sabía hacia a dónde iba o qué podía conseguir, pero debía hacerlo, no podía detenerme, seguí mi camino, una fuerza que comenzaba en mis piernas y se extendía hasta el estómago, me empujaba. En ese momento tenía sentido. Inexplicablemente tenía sentido. El mismo sentido que tienen algunas canciones que no sabemos qué dicen o de qué se tratan, pero nos hablan. Algunas no tienen letra, pero las entendemos, no tienen palabras, pero las cantamos, por lo menos en nuestra cabeza. Supongo que por eso estaba llorando en este Corona Capital cuando los duendes escoceses de Mogwai interpretaban “Rano Pano”. No importa que este tema no tenga alguna palabra, salvo el título, y quién sabe qué significa y quién sabe qué motivó a la banda a componerla; la música en su estado puro le estaba hablando a mi cuerpo y a mi mente.

Y sé que no era el único que la podía escuchar más allá del sonido que es agitado por el viento, por eso el chico de cabello corto y playera negra está tarareándola, imitando el sonido de las guitarras hace una onomatopeya porque no hay una sola vocal, el que está enfrente, el de cabello chino está moviendo la cabeza afirmativamente, y por eso estoy balando como un borrego que extraña a su mamá, estas lágrimas que escurren no son simplemente por el alcohol que viaja por la sangre, es el sentimiento que provocan las guitarras sobreponiéndose una sobre otra como una torre de manos.

Segunda ocasión que la tocan en un Corona Capital, pero la primera en que la vi con plena atención. En 2011 la escuché a lo lejos, mientras comía, eso hizo que me gustaran los festivales, me daba la oportunidad de andar caminando y seguir escuchando a las bandas como si fueran parte de un soundtrack que musicaliza la vida. Una banda sonora que le da sentido a los momentos entre amigos, el ser amado, la familia o en soledad. Mogwai rasgó la noche en el escenario Corona Light con el primer gran riff de “Rano Pano”, toda la canción está compuesta con grandes riffs, rayos irrumpiendo en la noche que brillan y se van, dando lugar a otros rayos que forman una lluvia de electricidad, lo mismo se trata de una guitarra, de la batería dramática o el bajo que entra de soporte rítmico. Y de la noche cortada, abierta como un animal a punto de ser destripado por un carnicero voraz, comenzaron a salir las vísceras, las distintas emociones contenidas en cada día, el dolor, la alegría, la tristeza, todo junto empujado por unas cuerdas que se lanzan filosas sobre la materia viva. Supongo que yo era su víctima, como tantos otros que veo moverse lentamente, la canción es un dramón que se disfruta poco a poco y que se hace grande sin que alguien se percate. Ni tú ni yo. Si digo que gritaba es poco, me golpeaba el pecho y apretaba el estómago, qué importa lo que pensaba la chica de atrás, nunca la voy a ver de nuevo, pensé; me desangraba y nada lo contenía, era una hemorragia emocional.

La canción alcanza un punto tan alto que la obliga a descender, de lo contrario sería el fin del mundo. No podría con tanto arrojo. En esa pausa, por así decirlo, porque no hay un silencio, sino que la potencia disminuye, mi cuerpo recuperaba conciencia del espacio, comenzaba a sentir frío, miré que la banda estaba en otro lugar, estoy seguro que cuando tocan esa canción ellos se desplazan a un sitio de liberación, poco a poco entra la batería de nuevo, el barbón de sudadera roja le de duro a la guitarra y mande todo esto a volar. Entonces solo queda la resignación del llanto, el placer de que he vomitado todo y una falsa purificación del alma, y si digo falsa es porque si escucho de nuevo “Rano Pano” volveré a llorar, a gritar, a estrujar. La canción es un imán enorme que mueve las fuerzas; jala los mangos que controlan el ser y le dan sentido a la vida, a mi vida, al Corona Capital, a ese momento sublime. En eso resumo esta edición del festival que año con año nos lleva un poco a la locura, a la incertidumbre, al amor. Un poco como este recorrido de regreso a mi casa tras atravesar la ciudad antes del amanecer, arriesgando la poca cordura que me queda, un pequeño espacio para que el razonamiento me mantenga en los cabales. Pero… qué sería de nosotros si no lo arriesgamos.

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