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Desierto

14/Abr/2016

Una historia violenta sobre el odio a los migrantes en medio de una persecución a través del desierto.

A unos años de haber llamado la atención de críticos de cine y cinéfilos en todo el mundo con su labor como guionista de Gravedad (Gravity), Jonás Cuarón regresa a la dirección con su segundo largometraje, que aborda de una manera diferente y más original el tema de los migrantes latinos que quieren llegar a Estados Unidos, en lo que resulta un relato crudo, realista, directo, intenso y algo violento que se sostiene en un guión bien estructurado al igual que en personajes apegados a la realidad que cumplen con funciones específicas en beneficio de la historia.

Después de trabajar en su nuevo filme a lo largo de ocho años para que este se convirtiera en una realidad, el más joven de los Cuarón -apoyado por un amplio equipo en el que su padre Alfonso y su tío Carlos sobresalen como productores- presenta un interesante thriller de acción en el que acompañamos a un grupo de migrantes que intenta escapar con vida de un estadounidense que, convencido en que hace una tarea que lo convierte en todo un patriota, dedica parte de sus días a vigilar la frontera entre su país y México para asegurarse de que nadie cruce de manera ilegal, matando sin remordimiento alguno a todos los que lo intenten.

En medio del grupo de personajes que anhelan con llegar a Estados Unidos nos encontramos a Moisés, interpretado por Gael García Bernal, quien se convierte en el protagonista y, de cierta manera, en el objetivo principal de Sam, el sanguinario vigilante al que le da vida Jeffrey Dean Morgan. La película sale adelante gracias a las aportaciones actorales de quienes interpretan a sus dos personajes principales, ambos actores hacen un buen trabajo y logran apropiarse de sus respectivos roles. También vale la pena destacar que existe un tercer personaje que cobra una presencia notable: el imponente desierto, lugar que desafía a los que se adentran en ahí.

Desierto tiene como eje central un tema que durante los últimos años ha sido un referente de muchas cintas, pero su acercamiento al mismo es más dinámico y distinto al sostenerse en una trama que tiene que ver más con los filmes clásicos de persecuciones en los que puede pasar cualquier cosa, que con los dramas fronterizos que hemos visto tanto y que en la mayoría de las ocasiones no aportan algo nuevo al inclinarse por usar una fórmula ya probada que ha resultado efectiva. Jonás Cuarón ofrece una buena película de ficción que está hecha a partir de una preocupante realidad que, lamentablemente, no ha dejado de ser actual desde hace unos años.

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