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Directores y propuestas en el #FICM11

Directores y propuestas en el #FICM11

26/Oct/2013

A muy poco de terminar nuestro recorrido de la mirada, es interesante mencionar algunos aspectos sobre la gran gama de realizadores cinematográficos que han visitado Morelia para esta décimo primera edición del festival: un sinfín de propuestas, estéticas, chistes baratos o concepciones en torno a la imagen movimiento han vibrado en esta gran fiesta y antifiesta del cine.

Es curioso ver cómo directores de la talla de Bruno Dumont pueden moverse de una parte a otra, casi solitariamente, sin ser acosados por la voracidad del público cinéfilo; mientras que un Eugenio Derbez, un Robert Rodríguez, Tarantino o un Jodorowsky, con su sola presencia, obstruyen las calles de fans impertinentes y excitados. Autores como Dumont rinden culto a una creación cinematográfica más sencilla pero estética, elaborada desde la contemplación; otros, como Derbez, apuestan por un cine comercial, de molde (completamente hecho para los no-cinéfilos, para consumidores natos) pero supuestamente capaz de duplicar en taquilla la inversión efectuada inicialmente. Un crisol cinematográfico elaborado de apuestas monetarias, estilos, egos, contrastes y personalidades.

En Morelia nos encontramos desde a un legendario, pero sencillo, Robert Rodríguez, que vino a promocionar sin demasiadas pretensiones, una de sus delirantes películas: Machete Kills (2013), hasta a una Francesca Gregorini, directora de Emanuel And The Truth About Fishes (2013), creadora que filmó una entrañable película con muy bajo presupuesto.

En un festival tan grande y complejo como Morelia también encontramos autores de la talla de Fernando Eimbcke (Temporada de Patos, Club Sandwich) con propuestas de cine mexicano más plásticas e interesantes; Michel Franco (Después de Lucía, A los ojos) con un cine algo cansado, tonto y poco creativo pero quizás técnicamente muy bien logrado; Gaz Alazraki (Nosotros los Nobles) una de las promesas taquilleras del cine mexicano que compite con los super blockbusters internacionales, entre otros. De tal modo, presencias altamente alucinantes y magnéticas como la del monstruo del cine Quentin Tarantino (respondiendo cualquier saludo de sus fans), nos persiguen como una marea bíblica, enloqueciendo a las multitudes, cerrando entradas, generando gritos y gemidos, mientras brindan prólogos improvisados para películas ñoñas del festival.

Los directores van y vienen, sus caras son lo más irrelevante de la creación cinematográfica porque a fin de cuentas lo que se queda con nosotros son sus imágenes, sin embargo en esta fiesta las fisonomías (junto con las obras) de cada director salen a relucir de sus abismos, vacíos y sus tormentas internas para perforar las miradas curiosas.

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