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Mystery Jets - Curve Of The Earth

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Mystery Jets - Curve Of The Earth
Mystery Jets - Curve Of The Earth

Caroline International / 2015

Artista(s)

Mystery Jets

Circulando en la órbita de la creación y la psicodelia

El arte no conoce de fórmulas y reglas: las dinamita cada vez que puede. La creatividad es una característica dinámica y los valores que la rodean se convierten en convenciones que posteriormente hay que derribar. Es en esta línea en donde el sexto material discográfico de Mystery Jets despega, alejándose de la idiosincrasia que los ha caracterizaron durante un poco más de 10 años, llevándonos en un viaje estratosférico llamado Curve of the Earth (Caroline International, 2016).

La banda presenta un estilo más introspectivo con proyecciones más experimentales, dejando el mood de los temas pegajosos e indie-poperos. Prueba de ello es “Telemore”, tema que se desplaza entre arreglos vocales que se diluyen con los ajustes de guitarra de Blaine Harrison. Sin falsas pretensiones, “Bombay Blue”, “Bubblegum” y “Midnight’s Mirror” nos revelan la nueva cara del grupo: aquella que procura la exploración sonora, influenciada por el mítico Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band y por Syd Barrett.  Por su parte, “1985” brilla con luz propia, es una oda a la nostalgia espacial con un poderoso riff de guitarra que se filtra en una contundente secuencia de sintetizadores.

Blood Red Balloon” y “Taken By the Ride” desenmascaran el lado psicodélico de la banda, los temas nos pintan paisajes y nos llevan de un estado de ánimo a otro gracias a la genialidad de Blaine. La joya de la corona es “Saturnine”, un viaje redondo en sí mismo, volátil, etéreo y onírico. La base melódica nos recerda al legendario Dark Side of The Moon, y la lírica a la fase más experimental de John Lennon. El resultado final es una mezcla perfecta entre los aspectos más esenciales del indie rock y un sonido psicodélico, contemporáneo y alucinante de texturas electrónicas.

El aterrizaje llega a “The End Up”, donde el sonido de las cuerdas eléctricas queda bajo la sombra de la faceta acústica del grupo, misma que nos deja quietos y suspendidos por unos momentos en el aire gracias a los arreglos líricos que caracterizan a Blaine Harrison.

Un disco redondo y fluido que deja constancia de que no existe peor restricción para la creatividad que aplicar la lógica convencional de la creación. Al contrario, hay que detonar al monumento de lo establecido.