Favoritos
Haz click en la banderilla para guardar artículos en tus favoritos, ingresa con tu cuenta de Facebook o Twitter y accede a esta funcionalidad.

DeftonesThe WarningTom MorelloTurnstile
25/Mar/2026
El pasado 13, 14 y 15 de marzo se celebró en Chile la 14a edición del festival Lollapalooza en el Parque O'Higgins. Para México, Lollapalooza es un referente internacional que no pasa desapercibido. Su curaduría es una selección de las vanguardias que se fusionan con grandes headliners que llegan al sur de latinoamérica gracias a la organización de este evento.
En Indie Rocks! Magazine creamos una ruta alternativa de shows basada en el rock y la escena chilena: locales jugando en su propio territorio. Entre sudor, agua cayendo en los cuerpos y euforia incontenible, Lollapalooza Chile se convirtió en un imperdible para cualquier fan de la música.
Durante el fin de semana, el sol pegaba fuerte en Santiago. Sin embargo, no se trataba del típico sol asfixiante y terrible, sino del sol que marcaba el fin del verano. Bajo unos 31°C, que para una citadina mexicana se percibían con diez grados menos, comenzó el festival.
La ruta de tres días fue inaugurada por The Warning, una banda mexicana que sí o sí tenía que ser respaldada desde el público por su sangre azteca. Las hermanas Daniela, Paulina y Alejandra Villareal tuvieron un set impecable que puso en alto la música mexicana en el extranjero.
La música fluyó hasta Viagra Boys. Esta no era solo una parada obligada porque Viagra Boys alcanzó el puesto número 22 de nuestra selección de los Mejores Discos Internacionales de 2025, sino porque es bien sabido que el performance de la banda de Estocolmo es la pura fiesta. No decepcionó. Al menos unas dos ruedas de mosh pit se abrieron en el público que solo se dedicaba a empujar, brincar y reír.
En algunos contextos un mosh pit puede incomodar a los asistentes que prefieren vivir una experiencia de música en vivo más tranquila, sin embargo, esto no sucede en Chile: aquí todos disfrutan que la música se viva y se sienta con pasión.
Durante el set que avanzaba y subía de intensidad con cada canción, Sebastian Murphy, vocalista de Viagra Boys, se pronunció contra el gobierno del actual presidente de Chile, José Antonio Kast. Al grito unísono de “chupalo Kast” por parte del público chileno, Viagra Boys concluyó su presentación con “Research Chemicals”.
A estas alturas la emoción ya era perceptible: la gente estaba eufórica y lista para pararse frente a uno de los escenarios principales a esperar el show de Deftones.
Al caer la noche, Chino Moreno brincó en el escenario con “Be Quiet and Drive (Far Away)”. Desde el público, los gritos de los fans eran tan poderosos como los riffs de las canciones del clásico Around the Fur. No existe la cifra exacta de cuántos chilenos lloraron durante este set, pero si hubiera cuentas oficiales, los datos serían alarmantes. ¿Alguien calculó los besos que se dieron durante “Sextape”? Respuestas que nunca tendremos.
Otro de los actos destacados en esta ruta fue Tom Morello. El maestro, genio, grande, crack de la música, tocó un set en donde concretó más de 35 años de trayectoria. Tantas canciones y tantos proyectos no se pueden resumir en una hora, pero Tom Morello lo logró con dos estratégicos popurrís que recorrieron lo más representativo de la discografía de Rage Against the Machine. Probablemente esto es lo más cerca que los latinoamericanos estaremos de ver en vivo el proyecto que explotó Woodstock 99. No era un juego: años de historia musical estaban en las manos de una guitarra que hizo gritar a todo Chile “la guatona tetona” en lugar de “Now you do what they told ya” como versa “Killing in the Name”. Al finalizar su set, Tom Morello expresó que Chile es su lugar favorito para tocar y no mintió, esas palabras no las repitió en su visita a México días después.
Turnstile se llevó todo el sábado. No hay párrafo que describa este set. Desde que se lanzó el álbum NEVER ENOUGH en 2025, e incluso desde que comenzó la gira promocional, Turnstile ya era un sinónimo de descontrol total en vivo. El set comenzó poderoso, hacia la segunda canción que se soltó en el setlist ya no había oxígeno que alcanzara para que la masa de chilenos respirara. Los golpes venían de todas partes, al igual que el agua arrojada por el mismo público para poder refrescar un poco la asfixia. No es una queja, el set de Turnstile nos dejó los mejores moretones que nos ha dado el rock. Se podría decir que fue un souvenir inesperado que no puedes comprar en la merch oficial del festival.
En las pantallas que enfocaban al público chileno se veían personas de todas las edades, pero resaltaba la presencia de niños y adolescentes totalmente inmersos en el mosh pit. Se dice que en Chile a ellos se les respeta mucho por venir a estos shows tan intensos y disfrutar de la música siendo tan pequeños de edad. “¡Venga cabros!”, se escuchaba entre los gritos.
La nueva ola de música chilena destacó con Candelabro y Hesse Kassel. Ambas presentaciones sucedieron durante el día, abriendo escenarios. Pero, a pesar de ser shows que sucedieron temprano, los fans rompieron con toda idea que se tiene sobre la maldición de ser un acto abridor. Estos dos shows no fueron para nada un acto telonero, fueron coyuntura absoluta que llegó incluso a oídos de políticos chilenos.
Ver en festivales tan grandes, como lo es Lollapalooza, a bandas que igual tocan en el patio de una casa o en un foro local, tiene un valor incalculable tanto para la escena de nuevos músicos como para el público. Como espectador, uno debe entender que existen proyectos valiosos que se miden por esencia y originalidad, no por métricas y algoritmos de plataformas de streaming.
Y bien, la existencia de una banda independiente en un lineup no demerita el trabajo y recorrido de un headliner viral. Simplemente estos proyectos alternativos se construyen desde trincheras y recursos diferentes. Es por eso que ver a bandas como Candelabro y Hesse Kassel en el escenario, dándolo todo y cumpliendo sus sueños, es resaltar la importancia de que estos espacios sigan existiendo dentro de un evento masivo que le habla a la diversidad y a las juventudes. Es un acierto indiscutible que Chile apueste por sus bandas autogestivas y que estas tomen cualquier escenario y oportunidad para expandir su mensaje, su música y su arte.
Algo del Lollapalooza Chile queda claro: el público chileno no descansa. No se detiene, no deja de brincar, no deja de sonreír, no deja de cantar. El público chileno se organiza, corea, abre espacio, levanta a quienes se caen y genera un ambiente de hermandad que provoca la sensación de que todos somos uno mismo cuando de música se trata. El festival Lollapalooza Chile se resume en un grito: CHI CHI CHI, LE LE LE, ¡VIVA CHILE!