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05/Mar/2026
Tunacola es el proyecto del compositor chileno Ricardo Luna. Desde hace más de una década este es un referente dentro de la escena chilena. No es para menos, Ricardo Luna se ha encargado de mover sonidos aquí y allá, de cuestionar las fórmulas clásicas y de arriesgarse creativamente. En entrevista, descubrimos más sobre la persona detrás de Tunacola, aprovechando su paso por México y en medio de una gira promocional donde un juego de mesa incita a crear música desde cero.
Indie Rocks! Magazine: Vamos a empezar de un debut hace mucho tiempo atrás en el 2011, sin embargo, no queremos hablar de los orígenes que ya conocemos, más bien del presente… ¿En dónde se encuentra Tunacola actualmente?
T: El proyecto se encuentra en un quinto álbum, en un quinto proceso creativo. Y cada uno de esos procesos ha sido súper distinto del otro, tanto en ambiciones como en falta de ambiciones y en formato.
El primer disco era completamente desinteresado, sin ninguna pretensión. Hecho electrónicamente en un computador y defendido en vivo por un trío, básicamente por mi vergüenza de cantar y de recibir todas las miradas al subirme solo al escenario. Ese disco fue un trío por cobardía… y funcionó de esa forma.
Tres años después llegó el segundo. Ya era una banda, y eso es lo que se dio a conocer aquí en México como Tunacola: la banda de ese segundo álbum. Luego esa banda cambia; se mantienen algunos integrantes, pero hay un giro radical hacia un tercer disco más rockero y más cercano al indie.
El cuarto disco nos agarra en pandemia. Vuelvo al estudio, vuelvo a hacerlo todo súper electrónico y solo. Dejamos de tocar en vivo, así que el regreso a los escenarios fue con un formato nuevo: Matías Tigre en guitarra, que además me ayuda a las composiciones.
Y el quinto álbum también es un proceso distinto. Me di cuenta de que tenía que reenamorarme de la forma de hacer música, porque todo se estaba volviendo un poco formulaico. Me iba solo a las ideas que sabía que funcionaban. Se sentía como trabajo… y yo no quiero trabajar.
Entonces me pregunté: ¿qué pasa si hago un sistema de tarjetas? Anotar todas las cosas que tengo en el estudio y que sé hacer, y que una tarjeta me vaya sugiriendo paso a paso lo que tengo que hacer. Pensé en las Oblique Strategies de Brian Eno y en otros sistemas similares, pero quise llevarlo más allá.
Un día llegué a casa, tiré arroz sobre un bloc —porque había visto que al tirar arroz se forman islas— y dibujé la silueta que salió. Le hice casilleros y dije: ya, vamos a hacerlo con cartas y con un tablero.
Los casilleros serían cuatro: Agregar cosas, inventar cosas sin restricciones, borrar, usar efectos.
Empecé a jugar y rápidamente empezó a salir material muy bacán. De ahí nacieron las primeras rolas de esta camada. Ya hay seis publicadas y se pueden identificar porque cada una tiene un día asociado: “Día 64”, por ejemplo. El día cero fue cuando empecé a jugar. Funciona como una bitácora.
Luego pensé: esto no puede quedarse solo como proceso interno. Hagámoslo un viaje de cinco años. Serán 1,800 días. Llevo unos 500, más o menos un año y medio. Ahora va a salir el primer LP, pero en realidad no es el álbum completo. El álbum será el corpus total cuando se cierren los 1,800 días.
Y entonces se me ocurrió que el álbum como objeto sea el juego mismo: una caja con el tablero, las cartas y la música dentro.
Hablé con Edu Leblanc, diseñador e ilustrador, y le dije: “Mira este mamarracho y ayúdame a convertirlo en algo jugable”. Creamos cinco islas, cada una con personalidad distinta. Se juega con un dado: según el número que salga, es el mundo en el que trabajas.
Por ejemplo, si sale el dos, te vas al “cielo”. El cielo no tiene ritmo, es más ambiente. Si te toca la ciudad, es más pulsos, más arpegiadores, BPM más rápido. Sacas una tarjeta y la resuelves según el mundo en el que estés.
Una tarjeta puede decir: “Samplea un instrumento acústico”. ¿Qué tienes? Una guitarra, cualquier cosa no electrónica. La gracia no está en el problema, sino en cómo lo resuelves.
También hay tarjetas de inicio: “Haz todo con un solo instrumento”, “Hazlo en 15 minutos”, “Hazlo con un solo acorde”. Es una colección ordenada de restricciones que, más que dificultarte la vida, te ayudan a terminar música más rápido y a ponerte en aprietos creativos.
Y lo más curioso es que, aunque podría parecer experimental, suena mucho a Tunacola. Pero me devolvió el amor por hacer música.
IR!: Es increíble. Esto no es solo colección o merch; literalmente invita a crear.
T: Exacto. Te saca de la zona de confort y se abre a otros. Ya no es Tunacola, es tu proyecto.
También redefine las colaboraciones. Yo llego con el juego a tu casa, tiro el dado, hago un fragmento según la restricción. Luego tiras tú y lo resuelves a tu manera. Así vamos construyendo juntos.
IR!: Esta idea increíble solo puede venir de una mente ludópata, ¿cuáles juegos de mesa son tus favoritos?
T: Soy muy fan de Catán —sí o sí—, del que en Chile se llama La Gran Capital, algo así como Monopoly. También me gustan mucho los juegos de rol japoneses, los juegos de las primeras consolas. No tienen relación directa, pero sí te restringen decisiones y expanden el imaginario. Son juegos abiertamente nerd y vienen de ahí.
IR!: Además, Tunacola siempre ha avanzado junto a los videojuegos. Haz musicalizado incluso algunos.
Tunacola: Totalmente. Los videojuegos fueron el germen sonoro del proyecto. Al principio sonábamos como banda de 8 bits. Ahora tomé el motor del juego y lo llevé a otro plano creativo.
IR!: Y ahora, para el proyecto en vivo, ¿cómo decides quién entra, quién no y quién te acompaña en gira?
T: Lo primero es lo musical. Este es un proyecto de estudio, no de jam tradicional. Pero cuando la música empezó a moverse hacia lo indie o funk, necesité banda.
Busco afinidad humana primero. Gente con la que haría un asado. Luego vienen las consideraciones prácticas: giras, logística. Aprendí a la mala que siete músicos con bronces es una pesadilla financiera.
Hoy el proyecto se sostiene con cuatro buenos músicos que no solo reproduzcan los discos, sino que los desarmen en vivo. Prefiero compositores antes que ejecutantes perfectos. Si no, mejor tiro secuencias y luces.
El riesgo en vivo es entretenido. La música cambia concierto a concierto.
IR!: Tú vienes de escuela, estudiaste para ser músico ¿Qué encontraste en la academia?
T: Entré para entender la música. Pero estudiar composición es una deformación más que una formación. Uno entra libre y sale normado.
He tenido que hacer esfuerzos reales para desarmar esos cinco años de reglas armónicas. La música de escuela no es excitante; los artistas que más admiro vienen de otras ramas.
Ser músico no es lo mismo que ser artista. En la escuela te forman músico, no artista. Y ser artista implica dimensión visual, relato, identidad. Eso no te lo enseñan.
IR!: Para cerrar, con tantos años de trayectoria musical, ¿cuál dirías que es tu mayor logro?
T: Yo creo que lo que más me ha hecho sentir orgulloso ha sido poder limpiarme de las drogas y del alcohol hace 6 años. Ahí recién empezó un proceso real y transparente con la música. Se disiparon ambiciones falsas: fama, cifras, “romperla”. Cuando eso se va, te conectas con algo más sustancial.
Ahora me voy a Toluca en una van con fans mexicanos de toda la vida. Esa sustancia es mucho más rica.
Ese es mi gran triunfo. Este quinto trabajo es retomar el camino, volver a la esencia del primer disco: sin ambiciones, solo fascinado por lo que estaba produciendo.
Esa energía pura, solo amor por hacerlo, es lo que necesitaba recuperar.
Ese es el gran logro.
Tunacola presentará su juego de mesa próximamente ya que al momento de esta nota aún se encuentra en pruebas. Síguelo en Instagram para estar al pendiente de este lanzamiento y la nueva música que completará el quinto material de estudio.