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A 15 años del álbum debut de A Place To Bury Strangers 

A 15 años del álbum debut de A Place To Bury Strangers 

El único camino es hacia adelante.

Primer álbum e inicio global son, para la mayoría de los proyectos, un sinónimo convertido en verdad universal. Porque sentir el peso de diez canciones sobre la mirada es un ritual de identidad mucho más profundo y desafiante que cualquier EP previo, porque el acto ceremonioso de encontrar una identidad para entregársela al oído público es duro como nada ni nadie, porque cada amateur, en el sentido más benévolo de la palabra, sueña con ese momento de rompimiento iluminado en el que deja de ser algún sujeto reventando amplificadores en su habitación para volverse el ícono punk del underground que apuñala bocinas frente al rostro de la multitud con quien resuena. Luego llega Oliver Ackermann y despedaza todo lo anterior, arrojando los conceptos de venue, compañía de pedales, sala de ensayos, estancia artística, grabación y producción junto a su jazzmaster blanca partida en dos por los terrenos aéreos del escenario.

A Place To Bury Strangers_2022

Oriundo de Allentown, Pennsylvania, el músico se desarrollaría en un entorno de libertad y melomanía temprana, siendo la explosión de los parlantes en al auto familiar su primer contacto con los sonidos abrasivos, Ackermann seguiría un camino plagado de flashazos al espíritu DIY y altos decibeles que marcarían su carrera hasta el día de hoy. De faltar a clases en favor de una Tascam 4 tracks, a instrumentista en múltiples bandas durante su juventud, a iniciado autodidacta en la modificación y construcción de efectos de guitarra para pagar un viaje Europa con su, en aquel entonces, novia, el estadounidense parecía naturalmente atraído por el ruido más intenso y expresivo que pudiera encontrar. 

Este impulso de sónica latente le llevó a mudarse a Nueva York a inicios del nuevo milenio, cruzando caminos con David Goffan y Tim Gregorio para dar vida a la primera alineación conocida de APTBS en algún punto de 2002. Influenciados por grupos como The Jesus and Mary Chain prendidos fuego al más puro estilo Sonic Youth, el triplete continuaría su carrera con una primera presentación al interior del club Luxx durante 2003, show tras el cual el lineup pasaría a componerse de Jason “Jay Space” Weilmeister y Jonathan "Jono Mofo" Smith, manteniendo a Ackerman como principal compositor y piedra angular de la futura banda más ruidosa de NY.

2006 colocaría el foco de atención sobre los chispazos avant-garde de la nueva oleada indie, recibiendo de brazos abiertos discos como el Return To Cookie Mountain de TV On The Radio o el I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass de Yo La Tengo, abriendo un nuevo nicho para las bandas underground del circuito e interesando al público por los sonidos salidos de ese gran punto rojo dentro de la costa Oeste. Paralelamente, Ackermann y compañía lanzarían tres EPs independientes a lo largo de ese mismo año; Breathe, Missing You y Never Going Down, materiales exploratorios que servirían para dar aire a las inquietudes musicales y comunales del proyecto, quienes se las habían arreglado para manejar un pequeño venue/sala de ensayos/posada dedicado a la partición más incendiaria de la escena neoyorquina, todo bajo el mismo nombre de la (ya instaurada) compañía de pedales del frontman; Death By Audio.

Dando tantas salidas como era posible a cada intención creativa, los shows de la banda crecían en fanáticos e intensidad, difuminando los límites entre concierto DIY y revuelta a pequeña escala, siendo nombrados por el Washington Post como “[...] el acto de shoegaze/garage más ruidoso y audio-pulverizante que escucharás jamás”. Así y tras ganar notoriedad como abridores de The Brian Jonestown Masscre y The Jesus and Mary Chain, el contrato para un primer larga duración caería de las manos de Jon Whitney en representación de Killer Pimp Records, escrito en una servilleta y añadiendo propulsores al proyectil meteórico en el que que se había convertido la agrupación.

El debut homónimo sería bien recibido por la crítica especializada durante 2007, describiéndole como una mezcla única de melodías pop y shoegaze desgarrado como no se había visto en mucho tiempo, celebrando los guiños al sonido drone de los 80’s y la reivindicación del anti-mainstream con muros de sonido, equipo construido en casa y experiencias en vivo cercanas a la adrenalina como únicas armas.

A Place To Bury Strangers A Place To Bury Strangers

A Place To Bury Strangers se uniría a Black Rebel Motorcycle Club para el llamado Holy Fuck Tour, abriendo fechas para los shows en territorio estadounidense de Nine Inch Nails y manufacturando equipo para las bandas más relevantes del momento, viviendo una época dorada como la promesa cumplida del underground norteamericano e instaurando una nueva filosofía en el strum de los acordes cayéndose a pedazos. El punk había mutado para convertirse en un relámpago teledirigido de inventiva y sentido comunal, experimentación como única guía, éxito solo en el propósito del arte apasionado; la revolución encarnada al espíritu de todo músico, inherente a su estado como creador y accesible a todos quienes tuvieran el coraje necesario para seguirle.