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Una bella isla de fantasía

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Una bella isla de fantasía
Una bella isla de fantasía

Polyvinyl / 2014

Artista(s)

Deerhoof

01/Dic/2014

Originaria de la ciudad que alberga el Golden Gate, Deerhoof, conformada por Satomi Matsuzaki, Greg Saunier, Ed Rodríguez y John Dietrich, es una de las bandas favoritas de músicos como Johnny Greenwood de Radiohead y Brian Chase de Yeah Yeah Yeahs. De hecho, el baterista de la banda liderada por Karen O ha declarado que para él es el equivalente al Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band de su generación.

Este año la agrupación lanzó La Isla Bonita, su álbum número trece, predecesor de Breakup Song que vio la luz en 2012. El viaje a su isla arranca con “Paradise Girls” y aunque su nombre y el título del álbum podrían sonar a algún hit veraniego de Madonna con Guetta, lo que destaca son unos deliciosos riffs de guitarra.

Por su parte, “Mirror Monster” es más alegre y para quienes no conocen a la banda quizá no suene tan propositiva, pues recuerda a otras cosas que suenan actualmente en la radio (Beach House, por ejemplo), aunque está claro que es más que probable que esas rolas a las que recuerda en realidad estén influenciadas por Deerhoof y no al revés. En este onírico tema, la aguda voz de Satomi es dulcísima, mientras que la voz masculina recuerda al Wayne Coyne que todavía no nos tenía hartos con tanta… cosa.

“Big House Waltz” es una de las más saturadas y ruidosas, con más de un rompimiento y cierta invitación a un trance. “God 2” también es bastante interesante. En ella la voz de Satomi no hace ni media aparición, pero no se extraña. Posee un sonido extrañamente fiestero y la batería de Saunier tiene un papel más que importante.

“Doom” podría describirse como una síntesis del disco, ruidosa y tierna, con momentos que coquetean con el pop, una batería impecable, guitarrazos que piden atención y hasta un poco de vibra medio tropical. “Oh Bummer” es aún más oscura, pero mantiene el protagonismo de la batería y las distorsiones. “Last Fad” también es buena con su letra sobre cubrir las paredes con satélites e infantilismo casi animé que a la mitad se transforma en un festín de percusiones y más distorsión.

“Black Pitch” es quizá la más amigable para quienes no aprecian tanto el noise; es casi popera y culmina con un dulce coro en que los instrumentos desaparecen para dar protagonismo a la voz de Matzusaki.

De vuelta a la realidad queda claro algo: el álbum es menos experimental o innovador que otros de sus materiales como el celebradísimo Friend Opportunity, pero la calidad sigue ahí y Deerhoof permanece como una banda que seguir y respetar.

No es una revista, es un movimiento.