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Sun Kil Moon – Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood

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Sun Kil Moon – Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood
Sun Kil Moon – Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood

Caldo Verde Records/Rough Trade / 2017

Artista(s)

Sun Kil Moon

Sun Kil Moon es el proyecto sui géneris comandado por Mark Kozelek. 

Hace algunas semanas estrenó Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood, su octavo disco de estudio, a través de Caldo Verde Records.

Siguiendo una metodología poco común en una época en la cual los procesos de composición y producción cada vez se vuelven más quirúrgicos, Kozelek germinó los dieciséis tracks que componen este disco en largas sesiones de improvisación. Ellas fueron editadas para estructurar temas que oscilan entre los seis y once minutos de duración.

El resultado: loops de células rítmicas insistentes que, con sus pequeñas variaciones, bien pueden agruparse en una clara dualidad sonora. Por un lado están aquellos que ambientan discursos sarcásticos y llenos de crítica; constituidos, en su mayoría, por groves sólidos y rasposos. -El papel protagónico en cuanto a la instrumentación corre a cargo de las baterías de Steve Shelley (Sonic Youth) y el bajo sintetizado de Nick Zubeck-. Por el otro, aquellos que representan lo luminoso del ser humano, utilizando en su expresión agradables pasajes guitarrísticos y melancólicas estructuras que tienden a desarrollarse con mayor complejidad melódica y armónica.

Habiendo discutido sobre la cuestión musical -buscar ahondar en más detalles podría rayar en lo redundante-, es preciso decir que, abordar este disco desde una premisa de análisis musical convencional sería un error. Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood alberga, en su interior, un sentido más profundo cuyo valor se encuentra más que nada en su proceso literario.

Durante los 160 minutos que componen este disco la música cumple la función anímica de enfatizar una larga reflexión en donde Kozelek va de lo contemplativo a lo anecdótico. Pasa, incluso, por lo onírico en la búsqueda de reflejar -a través de su realidad y los sucesos que cotidianamente la permean- un mundo contrastado en donde la violencia, la enajenación mediática y, las aspiraciones individualistas, han generado un alto nivel de descomposición social.

De forma paralela, es posible observar una larga serie de diatribas existenciales que nos dejan ver las preocupaciones y reflexiones propias de quien está a punto de alcanzar la mitad de un siglo.

Al leer lo antes dicho se podría pensar en una serie de relatos que se desarrollan con un principio y un fin establecido; sin embargo, cada canción es un caleidoscopio que contiene reflexiones que bien pueden gestarse en distintas historias dentro de un mismo espacio sonoro.

En cada letra, las descripciones son detalladas y hay una manipulación constante de la temporalidad y los personajes que ostentan la voz narrativa. Este cambio dramático de perspectiva sucede, incluso, en aquellos que pueden identificarse como los interlocutores.

De esta forma, es posible comenzar un track con el relato de un viaje en carretera y encontrar que por el camino, una construcción evocó un recuerdo que nos transportó a otro lugar. Una historia de la cual quizá se desprenda una reflexión existencial que muy probablemente nos llevará a otro sitio sin que imperiosamente exista un final a tal recorrido más allá del que la duración musical representa.

Atentados terroristas alrededor del mundo; el anticipado decreto del triunfo de Trump; la muerte de Mohamed Ali y Bowie; El chapo entrevistado por Sean Peen; las leyes que van en contra de los derechos transgénero; y, el internet como forma de control; son solo algunos de los temas a tratar.

Resaltan temas como “God Bless Ohio”, “Lone Star”, “The Highway Song”, “Early June Blues” y “Window Sash Weights”.

Al final, escuchar este disco, es muy similar a leer a hurtadillas un “Querido diario”. Sumergirse en la experiencia voyerista de contemplar la intimidad ajena, esa en donde de manera multiforme se mezclan los sucesos del día con reflexiones existenciales que se gestan a partir de un estímulo inesperado –una noticia en la radio, la imagen de un extraño por la calle o un libro-, conviviendo, a su vez, con los más grandes miedos y deseos… Un diario, ese instrumento maravilloso que expone –en su ejercicio de asociación libre- el inconsciente de aquel que lo escribe.

En palabras de Clarice Lispector: “Escribir es un modo de no mentir el sentimiento”. Kozelek lo logra en su mejor forma. Common As Light And Love Are Red Valleys of Blood no es un álbum que pueda entenderse sin la disposición de escuchar; de ir sobre las diferentes capas narrativas que se encierran en sus largas e insistentes formas musicales. No es un álbum que puedas dejar corriendo mientras realizas otra actividad… o tal vez sí. Me atrevo a pensar que a quienes disfrutan de una fácil escucha no les parecerá para nada, digerible.

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