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El malviaje de uno es el regocijo de otro: Thee Oh Sees

El malviaje de uno es el regocijo de otro: Thee Oh Sees
El malviaje de uno es el regocijo de otro: Thee Oh Sees

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Artista(s)

01/May/2014

Thee Oh Sees

Drop

Castle Face Records

2014

¿Cuántos padres de familia respetables dormirían tranquilos después de ver alguno de los discos de Thee Oh Sees tirado en el piso del cuarto de su hijo adolescente? Durante el transcurso de su muy prolífica carrera, John Dwyer y compañía acompañaron sus cocteles de garage psicodélico con portadas que fueron desde el demonio con acné y melena rubia de The Master's Bedroom is Worth Spending a Night In, al alien rodeado de intestinos de Carrion Crawler… y las amenazantes fresas dentadas de Floating Coffin, hasta llegar a entregarnos la imagen más inquietante de todas: el desordenado collage ácido de Drop, un disco que, créalo o no, fue grabado dentro de un almacén de plátanos de california.

Cuando hablamos de Thee Oh Sees, definitivamente debemos juzgar al libro por sus portadas. Su historia ha sido un muy productivo viaje multicolor, un recorrido inusual que recuerda a Furthur, aquél autobús escolar lleno de fanáticos del LSD que Neal Cassady usó para cruzar E.U en los 60’s; la banda es un organismo pleno de una creatividad estrambótica que lleva rodando ya más d una década sin detenerse y que, en el Record Store Day de este año, publicó el que será su último trabajo antes de frenar un poco y hacer una pausa para darse un descanso por tiempo indefinido.

Por triste que sea la noticia, en lo que a Drop concierne, éste no falla en ser otro elemento digno del catálogo forjado por los oriundos de San Francisco; con una saludable identidad autónoma que lo hace distinto a los demás, sigue ofreciendo la clase de música rabiosa, intensa y divertida que escucharía Scott Pilgrim durante una caminata de media hora para aliviar el estrés.

El disco es discreto en comparación con la estridencia de Floating Coffin –a excepción de “Penetrating Eye” y “Drop”, con riffs que bien pudieron haber formado parte de él-, pero la preeminencia del bajo en cortes como “Encrypted Bounce” y “Savage Victory” le añaden una rara sensualidad que lo dota de cohesión y solidez. A la carga enervante de las cuatro cuerdas se adhiere “Transparent World”, conducida por una línea grave circulada por un acompañamiento errático con fuzz y feedback de amplificador y una voz con efecto robótico que la impregna de una atmósfera decadentista de lo más stoner.

Drop es uno de esos discos que inician en un extremo y terminan en otro. La banda traza un arco desde el lado activo de “Penetrating Eye” al lado reflexivo y nostálgico de “The Lens”, una balada sin guitarra y con una orquestación de una hermosura que hace sospechar el fin de una etapa.

¿De verdad se está disolviendo su potencial creativo? Contradiciendo su propio comunicado, la banda anunció un par de nuevos conciertos después de la salida de Drop. Es extraño; una banda que debe esforzarse por dejar de producir. Sólo el tiempo dirá si consiguen bajarse de un tren ya muy encarrerado.

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