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JAQUECAS: DEAN BLUNT EN CINE TONALÁ

JAQUECAS: DEAN BLUNT EN CINE TONALÁ

Aley
García

08/Jul/2013

Sábado lluvioso de verano. Es julio, mes de esparcimiento, e irónicamente, la agenda de conciertos no está muy saturada por lo que se tomó como una buena noticia la presentación de Dean Blunt en Cine Tonalá.

Blunt, integrante de uno de los proyectos de la electrónica más arriesgada y responsable de dos discos en solitario elegantes y renovadores. ¿Qué podía fallar? Fue latente la buena disposición de los asistentes que empezaron a llegar abrigados y en compañía de amigos, novios y novias.

Las puertas del recinto fueron abiertas a las diez quince y el concierto dio inicio aproximadamente quince minutos después con DJ Smurphy,  joven telonera que logró ahuyentar a muchos de los intentaban transformar los incómodos escalones de la sala en asientos que no torturaran.

DJ Smurphy tiene consciencia sobre su imagen, el atuendo con el que se presentó fue todo un fashion statement; pero detrás del buen corte de cabello y de la ropa extravagante, hubo una presentación cuyas deficiencias no sólo radicaron en las fallas técnicas. Sus secuencias bien pudieran ser interesantes si no fueran arruinadas por su voz. Como vocalista no funciona y el título de DJ le queda inexplicable. No estaba frente a ninguna consola y la computadora que la acompañaba en el escenario jamás fue manipulada.

DJ Smurphy no dio un live act, sino un muy conceptual show de karaoke; elemento que nos conduce a nuestra siguiente reflexión: En un concierto, ¿son necesarios los instrumentos, ya sean sintetizadores, laptops, guitarras o baterías? ¿Continúa siendo música en vivo una programación a la que simplemente se le da play?

DJ Smurphy abandonó la sala con una bruma de hielo seco, ambiente que por un instante se consideró propicio para las atmósferas de Dean Blunt. Las luces se apagaron y apareció en las bocinas una estruendosa interferencia que recordaba al sonido del agua. Subió al escenario un hombre bien vestido, quien se colocó en el centro del escenario, se puso unas gafas oscuras y miró a la audiencia. La interferencia se prolongó tanto que algunos espectadores comenzaron a rascar sus cabezas, el signo universal de la incomprensión, hasta que se incorporó a la extraña escena Dean Blunt, cuya aparición fue aprobada por unos aplausos tímidos.

Otro hombre, que no estaba incluido en el performance y se encontraba abajo del escenario, se encargó de las pistas que acompañarían a la voz de Blunt, una voz poco nítida, cortesía acústica del Cine Tonalá. “Walls of Jericho”, “The Pedigree”, y Dean Blunt recorriendo el escenario con un aparente mal humor, pidiendo más volumen en su micrófono para después pedir menos.

Hubo ocasiones en las que bajó del escenario, abrió la puerta del backstage y desapareció por algunos minutos. “Flaxen”, “And I’ll Show U Heaven If U Let Me”, y el hombre de las gafas oscuras abandonando el personaje, entumiéndose cada vez más. Todo terminó rápidamente con “Papi”. El tono de los pocos espectadores que se atrevieron al aplauso fue de desconcierto, podría decirse que aplaudieron para quitarse los nervios.

Juzgar si el concierto fue complejo o un verdadero timo, es una labor un tanto imposible dada la policromía de percepciones, pero, basándose en la reacción final, me inclino por lo segundo. Muy a pesar del indulgente y obligatorio “no manches, me encantó”, creo que muchos de los espectadores internamente supieron que no fue un buen concierto.

REDACCIÓN:


Editorial

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Aley
García