170749
Entrevista con Rubén Albarrán

Entrevista con Rubén Albarrán

Media hora para hablar de una vida: música, machismo y creatividad en palabras de Rubén Albarrán

Lunes 1º de julio de 2019. Estoy en Bogotá, Colombia. Por azares del destino me enteré días antes que viajaría el mismo día que salía mi vuelo, un viernes 28 de junio. Fui para cubrir Rock al Parque, que en esa edición cumplió 25 años. Había mucha expectativa, pues Juanes estaba agendado como uno de los actos estelares de la noche y el fundamentalismo rockero se hacía presente por el morbo de que un artista “pop” tocara en el festival. ¿El resultado? Cerca de 160,000 personas corearon y disfrutaron de sus canciones, parte de lo que ya relaté para el medio colombiano Latin-Roll.

En medio de la vorágine del festival, cargado de euforia y de nostalgia, me enteré que había la posibilidad de entrevistar en exclusiva a Rubén Albarrán de Café Tacvba, quien además estaba en boca de muchos por la “controversia” de haber cantado unos días antes junto al reguetonero Bad Bunny, en los premios MTV MIAW. Si bien Rubén tiene un largo historial de picar crestas con sus acciones y declaraciones, la gente tenía muy presente que tanto él, como el resto de los tacvbos, habían decidido años atrás dejar de tocar su famosa “Ingrata” por considerar que la letra promovía la violencia de género. Entonces para muchos el acto de cantar con un reguetonero no sólo era contradictorio, “pues el reguetón es un género machista”, sino que incluso calificaba de herejía: “rockeros y reguetoneros no se mezclan”, “odiarás a Maná y a Arjona por sobre todas las cosas”, “repetirás una y otra vez que el rock es cultura” son tan solo algunos de los mandamientos del manual del rockero latinoamericano.

Entrevistar a Rubén implicaba varias cuestiones. No sólo era “ahora”, “ya”, “en corto”, “nos vemos en el backstage y lo armamos rápido”, pues no estaba dando entrevistas y pronto se subiría al escenario para participar con uno de los actos estelares del festival. No. La situación implicaba otro privilegio: sería ajena a las típicas dinámicas que limitan el diálogo durante una entrevista con un artista de ese calibre, pues no había que cubrir las expectativas de un medio, ni había que hablar de la coyuntura del festival –claro, si es que yo decidía evitar la entrevista banquetera con preguntas como “¿qué te parece Rock al Parque?”–. Es decir, por diversas circunstancias tenía media hora para hablar de lo que yo quisiera –o lo que él quisiera–, situación que contrastaba con lo que normalmente ocurre en ese tipo de entrevistas en festivales.

Va un poco de contexto

El 2019 fue un año de suma importancia para Café Tacvba. Cumplieron 30 años de aquella primera tocada en el Hijo del Cuervo, legendario bar rockero en el corazón del barrio de Coyoacán, en la Ciudad de México. Un bar, cabe mencionar, que a la fecha sigue abierto pero que hace mucho dejó de ser uno de los semilleros que proyectó hace tres décadas a buena parte de los artistas implicados en el boom de lo que mediáticamente se conoció como “Rock en tu idioma”. El 2019 significó además el 20 aniversario del lanzamiento de uno de los discos más representativos de la banda, Revés / Yo soy, el cual recibió en su momento críticas mixtas por parte de sus seguidores, pero que les legitimó como un grupo que se atrevía a tomar riesgos. Finalmente, meses después de Rock al Parque, el 7 de diciembre del también 2019, celebraron su aniversario tocando en un Foro Sol abarrotado donde interpretaron por primera vez en años “Ingrata”, pero con fragmentos de la letra dando derecho de réplica a una mujer, encarnada por Andrea Echeverri.

Cabe mencionar que Rubén es un personaje peculiar. Para algunos su cordialidad puede resultar fastidiosa, e incluso es probable que años atrás fuera considerado pretencioso por muchos. Sin embargo, con el tiempo ha mostrado congruencia entre lo que dice y lo que hace. Por esta razón, y por todo lo que implicaba el 2019 –historia recorrida y presente controvertido–, más que una entrevista, el encuentro en Colombia ofrecía un buen momento para abrir un diálogo más allá de cualquier coyuntura, más allá de la promoción complaciente o de las preguntas banqueteras. Un diálogo que, en media hora, permitió recorrer diversos temas de interés en voz de uno de los personajes que no sólo ha vivido en carne propia la industria musical latinoamericana de las últimas décadas, sino que además le ha picado la cresta una y otra vez, probablemente una de las razones por las que tanto él, como su banda, se mantienen vigentes.

Julián: Hace 30 años tocaban en varios antros de la Ciudad de México: el Hijo del Cuervo, L.U.C.C., Rockstock, Rockotitlán, Tutti Frutti, El Nueve, etcétera. La industria musical “alternativa” estaba en pañales, pues tras muchas décadas de haber rock en el país quedaba claro que no se sabía cómo venderlo, y que los medios tampoco sabían cómo abordarlo. De repente, por una serie de coyunturas, la industria capitalizó una escena que fue promovida a nivel internacional en cuestión de meses, alejándola de la realidad que muchas de esas bandas vivían en el día a día. Después llegaron MTV Latinoamérica y Telehit, etcétera. Algunas bandas se han mantenido, otras desaparecieron. Sin embargo, a la distancia pareciera que hemos regresado a la experiencia llanera de la música independiente de finales de los ochenta: hay mucho conservadurismo y la construcción de público se da a nivel de cancha, mientras que las etiquetas pierden, afortunadamente, relevancia. En los ochenta hubo un limbo que permitió explorar procesos creativos sin tantas restricciones, pues no había expectativas, y lo mismo pareciera que ocurre en ciertos sectores en la actualidad, con propuestas bastante interesantes a pesar de las modas. ¿Cómo ves el panorama actual en contraste con cuando iniciaron?

Rubén: Siento que al rock se le van acabando las pilas, se le va acabando el filo. Es una opinión que ya tiene tiempo. Desde que comenzamos como Café Tacvba hablábamos de que no éramos un grupo de rock. Nos parecía más interesante, en vez de ponernos barreras con un nombre, decir que éramos “música mexicana contemporánea”, lo que nos permitía experimentar hacia muchas otras vertientes, no solamente rock. Y bueno, ahora a 30 años, sigo pensando lo mismo. Sigo pensando que el rock ya no tiene tanto filo, que tal vez está en sus etapas finales. ¡Y me da gusto! Porque vendrá algo diferente. Creo que la energía de la rebeldía, de la inconformidad, de estar en contra de lo establecido, tomará otra forma. Y me da gusto por eso. No encuentro muchas propuestas interesantes, ciertamente. De repente encuentro que hay mucha gente que está más interesada en ser famosa y tener likes y seguidores que realmente en la música. Claro, con sus honrosas excepciones. Te puedo nombrar un grupo que actualmente me gusta, Ampersan, de Guadalajara. Me encanta su música. Su música va más allá de una moda, es algo tan bello que creo que es atemporal. Y bueno, están haciendo de alguna forma lo que nosotros hacíamos y que hacía mucha gente desde antes, porque eso es lo que somos: somos mezcla. Como mestizos, en la cultura mestiza de la que provenimos, no podemos ser otra cosa que ello y replicar esas mezclas, las nuevas relaciones que se dan con lo que está surgiendo cada día en nuestro entorno, en nuestra realidad, y que se mezclan con nuestras raíces, de lo que venimos. Eso crea nuevas relaciones, y esas son las nuevas mezclas. Y me siguen gustando.

J.: Hablando de mezclas. Se podría decir que Rock al Parque es un sancocho musical, una mescolanza de estilos, pero no por eso la gente ha dejado pasar de largo la participación de Juanes. Los rockeros se han vuelto cierto tipo de nueva liga de la decencia, pues así como antes se pedía con indignación la censura de los “greñudos” rockeros, ahora se pide la de los “chacas” reguetoneros. ¿Cómo ves esa renuencia, de cierto sector musical latinoamericano, de abrirse a otras formas musicales? Pareciera que no quisiera reconocerse en otras expresiones latinas, sean pop o urbanas. Se sigue rechazando la cumbia, y ahora el reguetón es el enemigo, así como otros estilos como la música banda o el funk brasileño. Siglos han pasado, y los ritmos sincopados siguen siendo el diablo. Mover las caderas va contra las buenas costumbres y el “deber ser” del goce musical. A pesar de los años transcurridos, nos sigue ganando lo mochos.

R.: Lo veo muy triste. Es triste que caigamos en eso, pero siempre tenemos oportunidad de transformarnos y de no caer en esos patrones. No sé si tu supiste, pero tuve una participación con Bad Bunny y ha sido muy graciosa la reacción de las personas. Es exactamente eso, no quisiera caer en lo que cayeron los abuelos y los padres de criticar la música de sus hijos. Y lo hice básicamente porque era una oportunidad para hablar de ello y de muchos temas que nos incumben a todos como padres de familia que somos ahora, pues muchos de los rockeros ya somos padres, personas de edad avanzada. Ahí hay temas que son importantes, que debemos de hablar, de conversar, como lo son el patriarcado, el machismo, las drogas, etcétera. Son temas que están permeando la cultura de los jóvenes, obviamente. Y pues, habiendo oportunidad de charlarlo, deberíamos hacerlo, porque es importante. Más que nada son nuestros hijos, nuestros jóvenes. No son delincuentes. Debemos de comprender que nosotros estuvimos en ello también. Y bueno, si hay algo de lo que se tacha a esa música es el tener letras misóginas e hipersexualizadas, pero ese es el mundo que los adultos estamos heredando a nuestros hijos. No podemos criticarlos por ello. Ellos no están inventando eso. Es lo que nosotros hemos dejado, y sí, claro que podemos tomar conciencia de ello y transformarlo, hablarlo con ellos. Y ellos también se dan cuenta. Mis hijos se dan cuenta de ello y saben que las letras de Bad Bunny no están bien, que no está bien tratar mal a la mujer, y también hablan de cómo Billie Eilish, siendo una jovencita, la quieren sexualizar y ella no lo permite. Entonces, en familia hablamos de eso y eso está bien. A mí me da gusto que mis hijos tengan esa información y que podamos hablar de ello, cosa que no se hacía con mis padres, ¿me entiendes?

J.: Sin duda. Lo curioso es eso, que un género no es violento, un estilo musical no es machista ni misógino, la sociedad es la machista. Los músicos, sin importar el género que toquen, son los que pueden llegar a ser misóginos o violentos, y debemos discutir eso, no enfocarnos en atacar estilos musicales. México y Latinoamérica –y bueno, el mundo– son violentos desde muchos frentes. En este sentido ¿cómo ves la manera en la que la violencia en el país ha permeado en la música? Digo, el fin de semana mataron a un DJ israelí en un rave en San Luis Potosí [DJ Perplex, el 29 de junio de 2019]. Recordemos también lo que pasó hace unos años en el norte, la balacera en el Café Iguana en Monterrey en 2011, el asesinato de integrantes de Kombo Kolombia en 2013, etcétera [y en enero de este año narcotraficantes mataron a 10 músicos en Chilapa, Guerrero]. ¿Cómo ves el panorama social del país? No sé si quieras ahondar en el tema de la violencia.

R.: ¡Obvio, claro que sí! Es muy triste, y ciertamente es la sociedad, lo que tu acabas de decir. Nosotros hemos permitido que esto suceda, y lo normalizamos porque no lo hacemos consciente. Porque estamos viendo la televisión o vamos al puesto de periódicos y vemos allí descabezados, torturados, descuartizados, además de nalgas y tetas. Nosotros lo hemos permitido. Nosotros lo hemos normalizado, porque aparte lo vemos y no lo hablamos ni decimos “eso no está bien”. No está bien que lo normalicemos. Tenemos que actuar, tenemos que hablar, tenemos que saber que eso no es correcto. No es correcto que permitamos la violencia. Entonces, pues sí, es muy triste lo que sucede, y es la sociedad y es el momento de la humanidad en que nos estamos viendo frente a frente. Porque es bien fácil apuntar con el dedo y decir “es la clase política”, “es la clase empresarial”, “el narcotráfico”, pero en realidad somos los mismos.

J.: Es interesante porque tú siempre has sido una persona proactiva en cuanto a temas de, valga la redundancia, activismo. Crees en los movimientos, los apoyas. No te fijas en el “¿qué dirán?”, tanto en lo musical como en lo activista. Pero pareciera que cada que algún músico quiere expresarse hay cierto tipo de “barrera social”; de decir “no, no, no, no puedes tener una postura política, no incomodes con ese tipo de opiniones, que puede ahuyentar a tu público”, y esto hace parecer que mucha de la música contemporánea, tanto mainstream como alternativa, no tuviera una postura clara. Es como si le diera “oso” o “pena” hablar de estos temas al ámbito musical, más allá de ciertos contextos que se caracterizan por ello. ¿Qué piensas del rol de los músicos ante todo esto, siendo que los medios te han criticado muchas veces de “uy, ahora está metido en esto, y ahora en esto otro”?

R.: Yo creo que antes de como músico, como ciudadano participante de una sociedad no me puedo quedar callado. No me puedo quedar sin hacer nada. Ahora bien, siendo músico, pues es mi área y es donde puedo tener influencia, y claro que lo voy a hacer. Claro que no me va a importar que me critiquen, pues son las cosas como pienso que deben de ser. Ese es mi punto de vista y cada quien tiene su punto de vista. Yo me pongo al servicio. Digamos, la poca o mucha atención que mi persona pública pueda generar, la pongo al servicio de precisamente esos movimientos sociales a los que yo considero que son genuinos, que tienen un trabajo detrás y que lo están haciendo por el bien mayor. Me sumo a ellos y me pongo al servicio. Creo que esa energía contraria, que detiene, siempre va a existir, porque es lo que te decía, somos los mismos, es uno mismo. Dentro de cada uno están esas dos partes, pues dices “sí, vamos a trabajar en favor de tal cosa”, y tú mismo dices “no, qué tal que…”. Entonces, esa ambivalencia existe dentro de uno mismo, y está en uno mismo sobreponerse a ello y actuar conforme al bien mayor.

J.: La vez pasada que platiqué contigo me gustó una frase que dijiste, que la música existiría a pesar de los medios. Es decir, si los medios desaparecieran, la música y su vínculo con el público seguiría. Es obvio, sí, pero es importante que lo tengan presente tanto los periodistas como el resto de la población, como parte de nuestro día a día en el consumo de medios y circulación de la información. Por eso te quería preguntar tu perspectiva con respecto a los medios en México, pues suelen tergiversar, a no estar informados, a irse por la nota fácil o a descontextualizar declaraciones, como ha ocurrido con muchas de las que tú has hecho.

R.: Yo creo que los medios son muy importantes en tanto son una forma de enterarnos de las cosas. Pero siempre tenemos que poner una distancia para poder tener una visión más general de lo que se presenta en cada uno. Yo le digo a mis hijos que siempre tienen que leer entre líneas, pues lo que están diciendo los medios es algo que ya está transformado: “fíjate cuál es el medio, cuál es la intención, fíjate en los comerciales que hay; si es un programa de televisión, ¿qué comerciales están poniendo?”. En los comerciales te das cuenta a qué personas les está llegando el medio, la información que están manejando y cuál es la intención con la forma en la que te están mandando esa información. Ahí puedes empezar a leer entre líneas. Yo creo que con esa precaución puedes tener una visión más general de qué es lo que está sucediendo. Sí, yo creo que son muy importantes, pero hay que tener esa precaución.

J.: Ahora bien, después de tu participación en los premios MTV MIAW muchos dijeron que era contradictorio, e incluso hipócrita, que te hayas subido a cantar esa canción, pues por una parte dejaste de cantar “Ingrata”, porque la letra promovía la violencia de género, y por otra la letra de “Ni bien ni mal”, que hiciste a dueto con Bad Bunny, va por la misma línea.

R.: Es que es al contrario. Precisamente fue tomar la oportunidad para hablar de ello, como te decía hace rato. Por ejemplo, en mi familia hay carnívoros, yo soy vegano. No me voy a separar de mi padre o de mi hermana porque comen carne. De la misma forma, no me voy a separar de mi hijo porque es misógino. Más bien me acerco a él y le digo: “no mijo, no es así el pedo, es por otro lugar. Mira, yo dejé de cantar uno de los grandes éxitos de la banda de la cual formó parte por eso”. Y la verdad es que mira por ejemplo, mis hijos me presentaron la música de Bad Bunny, y una de las primeras que me presentaron fue esta de “Porque estoy puesto pa’ ti, pa’ ti, yo soy tuyo desde que te lo metí”, y dije, “A ver a veeer, ¿Qué pachó? ¿Qué están escuchando mis hijos?”. Y bueno, me puse a escuchar su música y descubrí que la música me gusta, pues al final de cuentas es música negra, bien producida, y esos graves no pueden no causarte un efecto. Y descubrí que las letras vienen de esa juventud hipersexualizada a la que le tenemos que hablar y decir “sí güey, nosotros te estamos heredando ese mundo hipersexualizado. Mea culpa. Lo podemos transformar”. Y además, como dije, no son delincuentes. Los delincuentes son otros, son los que están haciendo fracking, los delincuentes son los que están haciendo minería, los que están de corbata en el senado y que están en la cámara de diputados y permiten que se esté contaminando el agua. Que permiten que se esté contaminando la tierra. Que están permitiendo el megaproyecto transístmico para que las tropas de Trump se metan. Los delincuentes son los que firman para que la Guardia Nacional sea posible. Son los que permiten que se legalice que el agua no se pueda recolectar y que el agua sea propiedad de alguien, cuando el agua no es de absolutamente de nadie. Si queremos, la vamos a recolectar. Porque ese es un derecho humano. ¡Esos son los delincuentes! No nuestros hijos que hablan de tetas. A ellos hay que jalarles la orejita y decirles “no maestro, el patriarcado no da pa’ más, el machismo no da pa’ más, a las mujeres hay que respetarlas, como a todo mundo, como se le respeta a los indígenas y a los animales y a todo mundo, así que tenemos que respetar a las mujeres”.

J.: Sé que últimamente no das muchas entrevistas, y en general amigos músicos suelen repetir cuánto les fastidia el recibir las mismas preguntas una y otra vez. Por eso quisiera dar espacio para profundizar en este tema político y escuchar tu postura sobre estos temas que hemos abordado. Claro, sé que siempre tienes un escenario con miles de personas atentas, pero me gustaría profundizar en lo que hemos platicado, por si tienes algo que te hayas guardado.

R.: Yo creo que no hay nada que no se haya preguntado, ni tampoco soy un ser excepcional que tenga que decir algo que no se haya dicho antes, pues ya todo se ha dicho. Pero sí, personalmente me encuentro más que preocupado, ocupado en el momento que vivimos como humanidad. Me parece un momento bellísimo y muy intenso al que yo quisiera invitar a todas las personas a que nos ocupemos y que nos pongamos en marcha de generar esa otra humanidad que ya se ve venir. Porque está cambiando todo. Y entonces, pues eso: gozar, gozarnos, amar, amarnos y transformarnos. En el ámbito musical, y en el ámbito de cada uno de nosotros. En el ámbito de los medios, en lo laboral de cada persona y en el ámbito familiar. Todo está cambiando. Me da tanto gusto el movimiento feminista, porque de alguna forma pienso que es la mitad de la humanidad transformándose, haciendo conscientes cosas que sí debemos transformar: el patriarcado, el machismo. Pero de la misma forma, también me apoyo en eso de que bueno, si eres feminista, también tienes que ser animalista. Porque no puedes ser feminista y cegarte ante el hecho de que si comes carne estás cosificando a hembras, estás matándolas, violándolas. Y así se van uniendo diferentes aspectos de nuestra vida que nos incumben a todos, y que poco a poco nos vamos dando cuenta. Todavía no encuentro la forma en la que pueda ligar, así como ligo la lucha feminista con la lucha animalista, la lucha de los derechos del planeta, del entorno, de la naturaleza con, no sé, la lucha sindical o… no sé. ¿Me entiendes? Pero poco a poco se van dando esos pasos, como que va dando vuelta la tuerca y decimos: “¡Claro! ¡Esto está unido! Entonces, si hago esto me estoy contradiciendo con esto, y tengo que tener otra actitud.”. Yo creo que eso es lo bonito de este momento, que nos estamos dando cuenta. Y bueno, poco a poco seguimos caminando hacia adelante como humanidad, quiero pensar.

J.: Claro, y es algo que estamos aprendiendo tanto como individuos como colectivamente. Es todo un proceso, pero ahí vamos, quiero pensar también. Ahora bien, regresando un poco al ámbito musical, pero desde esta perspectiva colectiva, algo que se le llega a reclamar a Café Tacvba y a otras bandas grandes, así como a los festivales que ofrecen los mismos headliners latinos, es que no hay “apoyo” de su parte para que otras bandas destaquen. ¿Qué opinas de este impasse que parecieran vivir los festivales donde, por una parte, se percibe cierto tipo de “techo de cristal” que limita el crecimiento de nuevas bandas, pero por otro hay esta constante idea de merecer por parte de los proyectos emergentes, olvidándose un poco del trabajo a nivel de calle?

R.: Yo creo que como grupo hemos puesto de nuestra parte, y tal vez podríamos poner más esfuerzo. De mi parte, por ejemplo, cuando recibo invitaciones a participar con grupos, si me gustan ¡claro que lo hago! No me importa si es un grupo reconocido o un grupo mundialmente desconocido. Esa es mi forma de apoyar. Con los miembros de Café Tacvba hay otras formas. Quique y Meme producen grupos, y luego los dejamos que graben en el estudio. Joselo a veces escribe de otros grupos. Entonces hay diferentes formas. Tal vez no hemos puesto energía en desarrollar por nuestra fuerza propia un festival donde invitemos a grupos, y tal vez eso podría ser de ayuda. Pero pues nosotros en realidad nunca recibimos ayuda de nadie, y creo que uno no debe esperar apoyo. Creo que uno tiene que hacer lo que tiene que hacer en el momento y con los medios que tienes a la mano. Si nosotros hubiéramos esperado a tener una Fender y un amplificador Vox nunca hubiéramos hecho nada. Nosotros lo hicimos porque tuvimos esa necesidad creativa. Además, no era el fin llegar a ser conocidos, el fin era la música y nada más, y para llegar a ese fin no necesitas apoyo. Es el apoyo que te brindas a ti mismo, creer en ti, creer en lo que haces y la necesidad de hacerlo. Porque es una necesidad hacer una canción o hacer un dibujo, una partitura o una obra de teatro. Es una necesidad porque quieres expresar. Esa es la forma del artista de participar en la sociedad, y tienes la necesidad de participar y de ser útil y de ser de bien para los demás y que te aprecien y que te abracen. No hay necesidad de apoyo, es la necesidad de ti mismo.

J.: Siguiendo con esta línea de la supuesta falta de apoyo, y de esta idea de depender para hacer las cosas, al punto de no arriesgarse, justo ahora se cumplen 20 años de un disco bastante riesgoso para su carrera, el Revés / Yo soy. Entrevisté hace tiempo a varios de los directores de videoclips con los que ustedes han trabajado, como Ángel Flores y Adolfo Dávila, quien hizo el cortometraje para promover Revés. A la distancia, ¿cómo dimensionas la experiencia integral del disco?

R.: Me encanta. Me encanta musicalmente, más que nada porque significa mucho para mí, para nosotros como grupo, porque fue un momento de primero sanarnos a través de la música, y después de salir a defender el proceso creativo frente a una compañía. Y salir bien librados, porque al fin de cuentas el Revés es el único disco que nos pertenece. Los demás discos pertenecen a las compañías, a Warner primero, y después a Universal. Pero el Revés es nuestro. Entonces, la verdad me siento muy orgulloso, además de que musicalmente me fascina. Como obra visual ciertamente no me deja tan contento, con todo el respeto para el trabajo de Adolfo Dávila. La verdad es que me debí de involucrar más, y dejé que trabajara un poco más libre. Pero, ahora sí que falsa modestia, cuando me he involucrado en los videos he quedado mucho más contento, y me siento mucho más orgulloso. Por ejemplo, un video en el que me involucré al 100%, porque codirigimos –se dice que es de Ángel Flores, pero fue codirección–, y la verdad es que me siento muy orgulloso, es “Chilanga banda”, y no tanto de “Revés”. Creo que si hubiera estado más involucrado estaría más contento.

J.: Ustedes le han apostado bastante al tema de los videoclips. También entrevisté a Rogelio Sikander, que si no mal recuerdo su primer o segundo video fue el de “Eres” [quien lamentablemente falleció mientras yo corregía este texto]. A Carlos Somonte, que hizo “Las flores”. Y bueno, históricamente Café Tacvba le ha apostado mucho a lo visual, más allá de sólo los videos, el mismo arte de los discos y su vestimenta, por ejemplo. ¿Qué es lo que buscan generar? Tienen una preocupación creativa más allá de lo musical, y no olvido que estudiaste diseño, que hay una chamba detrás en cuanto a tu formación. ¿Qué opinas de que muchas veces no se contempla que estos elementos complementan la experiencia musical, que ayudan a generar una experiencia integral de lo que con sonidos se ofrece?

R.: ¡Eso! Somos un grupo de música mexicana contemporánea nacida en el rock, y que evolucionó en ese ambiente del rock, del pop, y en el cual la parte visual es parte de la expresión. Aunque no se habla tanto de eso porque siempre se dice que la música es lo más importante, que las canciones son lo más importante. Sí, pero está la parte visual que para nosotros, siempre fue tan importante como la música. Personalmente, como en mi formación de diseñador gráfico, no había separación. Cuando estábamos haciendo una canción yo ya estaba pensando en el video, y estaba pensando en el cartel, y estábamos pensando en la portada del disco y en cómo vestirnos y en cómo presentarnos. Eso nos abrió las puertas. De hecho, el disco que tuvo más impacto en México fue nuestro primer disco, porque tuvo una recordación y tuvo ese impacto de que la gente nos veía en la televisión vestidos con ropa indígena y colorida. Cuando nuestro ambiente era el de los darks y el de vestirnos de negro, nosotros decidimos ir en contra de eso, y bueno, fue el chance que nos dimos y que nos resultó, porque a la gente le gustó y le agradó. Pensaban que éramos un grupo diferente. Entonces sí, para mí siempre ha sido una parte muy importante, y que es complemento de la expresión musical. Van unidas.

J.: Mencionaste antes, al hablar del Revés / Yo soy, un tema que se discute poco, que es el de la negociación con las disqueras. En general en México hay todo un tema con los derechos de autor. Por ejemplo, si uno quiere hacer un cover de una banda o de un artista mexicanos resulta muy engorroso, a diferencia de otros países. Tengo entendido que, en su momento, Natalia Lafourcade tuvo que pedir permiso a los familiares de Agustín Lara para que pudiera usar las canciones del compositor, a pesar de haber pagado los derechos. En este sentido, ¿qué experiencias han tenido con respecto al copyright y los derechos de autor? ¿Cómo ha sido, por ejemplo, la negociación con las disqueras para tomarse estas libertades creativas de colaborar con otros artistas, quienes muchas veces forman parte de otra disquera?

R.: En la parte creativa nosotros nunca le preguntamos a nadie si podíamos hacerlo o no. Simplemente lo hicimos. Pero, por ejemplo, está el caso de que nosotros ya tocábamos “Una mañana”, pero con la letra de José José, porque esa es la que nos significa. Entonces, cuando hicimos Avalancha de éxitos queríamos meter “Una mañana”, pero Clare Fischer –el compositor de la pieza original– no nos dio el permiso porque él quería que lo hiciéramos, pero con su letra en español, ya que él tiene una letra en español. Nosotros dijimos que no, porque lo que nos significa es la letra de José José, por eso no quedó en Avalancha de éxitos. Sin embargo, años más tarde, cuando se hizo el homenaje a José José dijimos: “bueno, si la disquera consigue el permiso, por nosotros perfecto”, y lo consiguió, y así se dio.

J.: Claro, cuando hay el interés por parte de la disquera es más fácil gestionar todo. En fin, son muchos temas, y es inagotable todo lo que podríamos hablar, pero se nos acaba el tiempo y todavía tienes que subir al escenario. Entonces, para no interrumpirte más, y agradeciendo el tiempo, te quería hacer una última pregunta. Es un poco cliché, para variarle, pero vale la pena escucharlo de tu propia voz: a más de 30 años de hacer música, de hacerte con la música y de dialogar a partir de la música. Con chingos de encuentros y desencuentros, lidiando con todos estos temas que hemos hablado, y más… En retrospectiva, ¿cómo te sientes por todo lo vivido?

R.: Gracias a ti por la plática, muy a gusto e interesante en realidad. Pues me siento muy agradecido, muy bendecido por la música y por la vida que nos ha tocado llevar. La verdad que una vida a través del arte y de la música es una vida muy bella. Con muchos regalos, muchas cosas muy bonitas. Hemos aprendido mucho. Ha sido sin duda una vida muy bella. Gracias.

Y fue así como fluyó la plática con Rubén aquel lunes de Rock al Parque en 2019. El diálogo concluyó de la misma forma en la que fue gestado: fugazmente. Sin embargo, cada respuesta permite reflexionar sobre varios aspectos de la vida contemporánea. Ya sea que se hable sobre conservadurismo, violencia y machismo, sobre las implicaciones de defender ciertos ideales, o sobre la importancia de concebir la creación musical como un fin, y no como un medio para otra cosa, cada tema es atravesado por cuestiones históricas y sociales que competen a toda Latinomérica. Por eso grupos como Café Tacvba se mantienen vigentes en la región, pues no sólo se trata de tocar los mismos ritmos o de hablar la misma lengua, sino de explorar las mismas inquietudes, de dialogar con las mismas tradiciones, y de cuestionar y confrontar los mismos presentes.

 

Agradezco a Marla por todas las atenciones, a Liliana, Sebastián, Renata y a todo el equipo de Latin-Roll, así como a Oscar, María Cristina y al resto de la gente de Mincomercio Colombia, Fontur Colombia e IDT Bogotá, quienes hicieron posible, cada uno de distintas formas, que tanto Rubén como yo estuviéramos en ese momento y lugar para que ocurriera el diálogo.

No es una revista, es un movimiento.