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14/Oct/2026
Girl Ultra desmenuza RRRomeo, el disco que empezó como misión secundaria hace cinco años y terminó siendo su tesis sobre lo analógico: el viaje a Burbank con Chromeo, el fetiche ochentero y por qué guardarse una canción cinco años es un capricho que vale la pena.
Girl Ultra lleva años moviéndose entre el R&B, el pop y el club sin pedirle permiso a nadie, y con RRRomeo, publicado el 9 de octubre, redibuja por completo sus propios límites. El disco es su trabajo más ambicioso: nueve tracks coproducidos junto a Chromeo en su estudio de Burbank, con colaboraciones de Buscabulla, Empress Of y Jean Tonique, construidos alrededor de un fetiche ochentero, sintetizadores analógicos y la idea del romance como rebelión. Una producción que se cocinó durante cinco años y que la propia artista define como un capricho necesario.
Indie Rocks!: Nuevo disco, casi nada de salir. Siempre quiero empezar de manera general: ¿de dónde nace la inspiración? ¿Es como la vida misma, o agarras para ciertas canciones algún tema en especial?
Girl Ultra: Creo que este disco fue como un ejercicio de muchas casualidades muy chidas de la vida. Trabajar con gente que crecí escuchando, como los Chromeo. Tener este espacio para explorar este universo sonoro entre la música que crecí escuchando en esta ciudad cuando empecé a salir; yo escuchaba Bloc Party. Era ese derroche de la noche junto con este fetiche ochentero y esta canción pop medio New Wave. ¿Sabes qué tan elástica puede ser? Me di la tarea de explorar eso en este disco.
En realidad no es un disco tan largo, son nueve tracks. Cada uno es como un manifiesto de estos sonidos y de este fetiche ochentero. Hay una canción que es como Dub Reggae, ¿sabes? Hay muchos pasajes sonoros que me di chance, y justo en colaboración con Chromeo pude lograr muchos gimmicks de esta época.
IR!: Y no lo digo con el afán de encasillar ni ofender, pero haces un pop muy chingón, haces un R&B muy chingón. Y muchas veces hay artistas que dicen "ya encontré mi sonido, aquí me quedo". Tú acabas de salir de tu zona de confort, y se nota un cambio cabrón en tu sonido, para bien. ¿Por qué este arriesgue, por qué meter sintes analógicos y todo ese pedo?
GU: Desde hace un par de álbumes, desde El Sur y Blush, me di el chance de tomar todo lo aprendido y ponerlo en práctica, sobre todo como productora. Para mí, el momento más grande de Girl Ultra es cuando me obsesioné con ese punto donde el club, el garage y el rock colisionan, sobre todo en el pop, como estos discos tipo el Play de Moby o el Ray of Light de Madonna, ¿sabes? Que llegan a todas estas avenidas mainstream.
Con Girl Ultra fue eso, construir esta historia del rock y después en el club. Para mí Girl Ultra es como este lindo pasaje donde puedo hacer lo que se me enche la gana. Y este disco era una misión secundaria que se convirtió en la main. Creo que es una linda tesis sobre hasta dónde puede llegar el sonido y la analogía. Llegar al estudio de Chromeo teniendo todas las cintas y todas las drum machines análogas a mi alcance era juguetería absoluta. Era la nave espacial mayor. Llegué preparada a ese momento.
IR!: El disco es muy de rebelión, de romance, pero algo que pasa en lo cotidiano. ¿Por qué Romeo nace ahorita? ¿Ya lo venías cosechando o dijiste "ya es tiempo que salga"?
GU: Lo venía cosechando en mi vida personal, coleccionando Romeos. Pero este disco lo empecé a hacer hace cinco años. En ese ínter salió El Sur y salió Blush. Era un disco al que volvía intermitentemente por mil razones, por la agenda de aquellos dos y porque había muchas cosas pasando. Pero creo que es la primera vez que puedo añejar algo de esta manera y sentir que tiene una vigencia en mi biblioteca, que quiero volver a ello. Retomé estas canciones, me las traje a México y las llevé hacia esta investigación sonora. Me gustó verlo envejecer en tiempo real. Yo ahorita lo estoy soltando, pero lo llevo escuchando cinco años.
IR!: Leí un paper donde los Gen Z son un porcentaje que creció muy cabrón comprando lo táctil: vinilos, discos. La historia tiende a reciclarse. Pero ahorita que tienes cosas bien efímeras como TikTok, donde hay un montón de músicos tirándola, y tú te tardaste cinco años, ¿cuál es la ventaja, el gozo de ser productora en estos tiempos de lo efímero y darte tu tiempo?
GU: Es un capricho. Es 100% un capricho. Y es algo que me emociona mucho, porque siento que, y no me importa ser esta señora odiosa, la gente no es muy buena consumidora. No se le enseñó a consumir música y a ser buen coleccionista. Están atiborrados de información, ya no hay filtro: lo que me llega es lo que me trago y va. Por eso hay tanta etiqueta, a los morros les gusta saber qué van a consumir. Pero nosotros crecimos en una época en la cual el archivo antecedía a la imagen: descargabas una canción y a veces ni sabías cómo se veían los artistas.
Entonces, ver que los morros empiezan a tener este sentido de "quiero que la música sea mía" es valioso. Uno tenía un disco y se lo quemaba hasta el cansancio. Están entendiendo cómo consumir la música como un token, y que te pertenezca es algo muy valioso. La gente va volviendo al formato, al papel, al disco. Y se nota la música cuando tiene su tiempo para hacerse. Hay veces que se escucha cuando hay que sacar algo al chingadazo. Todo eso suma al valor de coleccionarlo.
IR!: Me platicaste mucho de Chromeo. ¿Cuál fue el primer acercamiento?
GU: Es una historia muy larga, porque conozco a Dave online desde hace más de 10 años. Fue esta presencia en internet, esos accidentes que pasaban antes, de "ah, me empezó a seguir tal". Desarrollé una relación parasocial amistosa en línea. Dave siempre fue una persona que estuvo viendo lo que hacía desde que empecé: "vi esto que sacaste, está muy chido". Había una comunicación.
Justo en la pandemia ellos tomaron esta misión secundaria de producir para otros artistas y abrieron un sello que se llama Juliet. Me dijeron: "güey, queremos hacer un disco con un artista que no habla inglés. ¿Te quieres venir en dos semanas a LA? Vamos a hacer un disco". No lo pensé dos veces. A mí siempre me ha llamado mucho la atención aprender de la fuente, y tener a estos dos güeyes y la información ahí accesible, dije: sí, quiero ir y quiero aprender de estos dos tíos.
Llegué, megapandemia, hisopo hasta el cerebro todos los días, horrible. Pero fue lindo empezar esta conversación muy orgánica de tres músicos en un cuarto. Yo no sabía qué iba a suceder ahí. Traía mis referencias y mi take sobre la música ochentera, sobre el funk, un poco más oscuro, y estos güeyes son muy puristas de eso. Eran diálogos y noches largas en el estudio hasta llegar a este punto medio muy dulce.
IR!: También estás haciendo la parte visual, tus videos. ¿Cómo es tener el control absoluto de todo tu proyecto en estos tiempos de do-it-yourself, cuando muchas veces eres tú contra tú?
GU: Tu peor enemigo eres tú. La verdad es que soy muy controladora. Pero me gusta: usualmente cuando estoy haciendo una canción ya hay una imagen, para mí está muy correlacionada. Hay canciones que traen una idea de "esta canción me suena a un calzón rosa y la bota". Son cosas que se encriptan en el cerebro, y cuando llega el momento de la parte visual ya tengo este collage. Mi sueño frustrado es ser directora de cine, yo iba a estudiar cine antes de hacer música. Son lugares donde puedo tener un acercamiento de aficionada, y si la cago no pasa nada: es mi video musical y puedo hacer lo que quiera.
IR!: Después de todo este festín de sintetizadores analógicos, ¿cuál va a ser la diferencia entre Girl Ultra en el estudio y en un show en vivo, más con este disco?
GU: Para mí el directo es algo muy importante, porque lo que más me llamó de la música desde que soy joven es meterme al público, sudar y valer madres en un concierto. Desde muy chica era adicta a esa sensación de ahorrar dinero e ir a un concierto. El privilegio de crecer en la Ciudad de México y haber visto todos esos shows me generó eso. Para mí el vivo es como el estado final de lo que sea que suceda en el estudio. Está libre, se presta a pequeños accidentes divertidos.
Es muy importante tener una banda en vivo, pero acorde a la situación: no puedes tener un full band y turear con cinco cabrones en esta realidad. Y al revés tampoco, mandar secuencia de todo y estar súper cuadrada al metrónomo. Llevo ejerciendo este formato de Power Trio desde hace tres o cuatro años. Las bandas que más me gustaba ver en vivo eran de toda esta época de los Yeah Yeah Yeahs, de esa escena de Nueva York, donde había sintes pero ya existían las secuencias. Eran shows baratos, de club de rock. Mantener ese formato y esa convivencia en clubes pequeños siempre me ha gustado.
IR!: Cinco años para hacer este disco. ¿Cuál sería el secreto para seguir haciendo música y no caer en la monotonía?
GU: Vivir. Tal cual. Yo no soy el tipo de músico que hace canciones todos los días, toda la semana. Yo salgo, vivo, colecciono historias y pendejadas, y después se hacen canción. El estudio es algo que consume muchísimo. Respeto mucho a la gente que tiene la capacidad de hacer música todos los días, de despertarse y lo primero que hacen es prender la compu y producir. Yo siento que soy música como consecuencia de ser adicta a la vida, y después se hace canción.
IR!: Para alguien que nunca ha escuchado a Girl Ultra, de toda tu discografía, ¿cuál sería la mejor canción para entrar?
GU: Uy, qué difícil. Siento que "Blue", del Blush, es una canción muy honesta mía, muy cruda, con una lírica que puedo considerar que retrata la época y a una mujer moderna en este mundo que se mueve rápido. Es una canción que ha envejecido bien en mí, y espero que afuera también.
IR!: Descríbeme a Girl Ultra en tres palabras.
GU: Ay, no, qué difícil. Hace rato en el Reactor me dijeron "Alejandra Guzmán para chavos". Eso soy. Me describiría así: Alejandra Guzmán para chavos.
IR!: Wow (risas).