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Entrevista con Barker

Entrevista con Barker

28/Sep/2026

Easton West @easton___west

La verdad incómoda de la cultura DJ moderna y la construcción de instrumentos para un futuro incierto.

El productor y DJ radicado en Berlín habla sin filtros de lo que está roto en la escena electrónica: la relación entre DJs y productores y la precarización a causa del capitalismo. También, de su experimentación con instrumentos mecánicos y la ética de la automatización.

Sam Barker es uno de los nombres que más lejos ha empujado los límites de la música electrónica en la última década. Residente de la mítica Berghain en Berlín, con lanzamientos en Ostgut Ton (el sello del club) y en Smalltown Supersound, se ha hecho de un lugar aparte. Ha creado discos conceptuales como Debiasing, que parte de los sesgos cognitivos que nos atan a ciertos sonidos, y Utility, que parte de la ética y el utilitarismo; en ambos se atrevió a cuestionar una de las convenciones más arraigadas de la música de baile: el bombo en cuatro por cuatro.

En abril de 2025 publicó su más reciente álbum, Stochastic Drift, nacido del caos y la incertidumbre de los años recientes. Últimamente su curiosidad lo ha llevado a otro terreno: los instrumentos mecánicos hechos a la medida y las instalaciones sonoras que construye junto a Kay Sievers (pieza clave de la infraestructura del Linux moderno). Para él, lo divertido de la música es inventarse problemas y encontrar cómo resolverlos.

Aprovechamos su paso por México, donde presentó un live set en la fiesta de Discos Movimiento, en colaboración con Rat Back, para sentarnos a conversar afuera del Cárcamo de Dolores, donde habló sin filtros de lo que le parece roto en la escena: el gatekeeping de tracks, los filtros de clase que deciden quién puede dedicarse a esto, y de lo que hoy lo tiene fascinado. Con una constante: cuando escarba en sus críticas, casi siempre termina en el mismo lugar, el capitalismo.

Barker foto 1   Fotografía de  Sofía Campos @sssofia.______

Indie Rocks!: Sam, muchas gracias por tu tiempo. ¿Cómo estás?

Barker: Bien, aunque un poco triste. Es mi último día en México, así que planeo comerme unos últimos tacos.

IR!: Pero vas a volver pronto.

B: Eso espero.

IR!: Para quienes te descubren hoy, ¿te podrías presentar?

B: Siempre es divertido esto. Soy Sam Barker, hago música, vivo en Berlín, toco como DJ y produzco en Ostgut Ton y Smalltown Supersound. Ese es un poco el contexto.

IR!: El viernes pasado tocaste un live set increíble en la fiesta de Discos Movimiento x Rat Back. ¿Cómo se sintió la noche, la energía, tu propio set y luego estar en la pista? ¿Te sorprendió en algo?

B: Pasé un rato con el crew antes de la fiesta y había muchísima energía positiva. Hicimos la prueba de sonido la noche anterior, y se notaba todo el esfuerzo que le metieron, porque no es un venue típico. El cuidado que pusieron en el sonido y la iluminación… Hicieron un trabajo buenísimo en la parte de producción, que es lo más importante. Y siempre es bueno tocar para el público mexicano: es muy agradecido, la gente de verdad se suelta en la pista, no es tan reservada como en otras partes. La noche estuvo increíble, muy diversa en cuanto a géneros, y en ningún momento se sintió que la vibra estuviera en riesgo. Todo el mundo se subía a lo que fuera que estuviera pasando.

IR!: Estoy de acuerdo, me gusta mucho esa actitud abierta hacia la música. Has abordado el sonido desde muchos ángulos: producción, DJ/live sets, instalaciones sonoras. ¿Qué es lo que más disfrutas de cada uno?

B: Va cambiando. De joven, la producción era algo que quería aprender a fondo —me leía todos los manuales, me clavaba en cada software—. Pero llega un punto en que ya tienes las habilidades y necesitas un reto nuevo, entonces empiezas a pensar más en la música misma, en el ritmo, la armonía. Ahora me siento cómodo con la producción y con las ideas musicales, pero la pregunta es otra: ¿cuál es el punto de todo esto? ¿Para qué aprendí todas estas habilidades, más allá de distraer o hacer bailar a la gente? Necesito más claridad, más profundidad. Por eso ahora trato de establecer metas y un concepto antes de empezar a trabajar; he tenido que hacerlo para mantener el impulso. Creo que ese es el atractivo de hacer música: puedes inventarte tus propios problemas y encontrar formas interesantes de resolverlos, una y otra vez. Solo que conforme tu habilidad crece, el reto disminuye, así que tienes que subir el reto para mantenerte en ese estado de flujo.

IR!: Justo has descrito varios de tus discos casi como resolución de problemas: planteas una pregunta y usas la música para responderla. Debiasing salió de la ciencia del comportamiento y los sesgos; Utility, de la ética y el utilitarismo. Cuando te sientas a construir un live set, ¿usas un enfoque parecido? ¿Qué preguntas te haces?

B: Lo primero con un live set es pensar dónde lo vas a tocar, porque de esa primera pregunta se desprende todo lo demás: en qué tipo de venues quiero o puedo tocar, qué tan grandes, qué acústica me voy a encontrar. Todo eso define qué equipo usas y cuantos riesgos tomas. Pero es difícil hacer que la gente se enganche con ideas conceptuales en una pista —no es para lo que están ahí—. Así que la planeación de la experiencia tiene que ver más con mis propias experiencias en la pista y con prueba y error, con encontrar un buen balance de sonidos. Es un proceso iterativo: después de cada live set llego a casa, lo vuelvo a montar y voy cambiando lo que ya me aburre o lo que no funcionó. 

IR!: Es un proyecto en constante evolución, ¿no?

B: Sí. Y no he tenido un corte tajante con el live set, porque llevo como siete años usando el mismo equipo. Fue una decisión deliberada: quedarme con un setup el tiempo suficiente para aprenderlo de verdad, como un instrumento, esta combinación de máquinas. Desde entonces ha sido algo en evolución: saco tracks, meto cosas nuevas, reordeno la estructura. Es como la versión diez del live set que empecé en 2018. Si escucharas las grabaciones a lo largo de los años, no habría un punto donde de golpe sea uno totalmente nuevo… Bueno, miento: cuando llegó la pandemia en 2020, con los clubes cerrados, salieron oportunidades raras de shows de ambient, sentados. Tenía mucho tiempo, así que armé un live set nuevo, ambient. Y en algún momento ese se fusionó con el de baile.

IR!: En Debiasing hablas de cómo el sesgo de confirmación y el efecto de mera exposición nos mantienen apegados al bombo en cuatro por cuatro. Han pasado años, y la tecnología y las redes han reconfigurado cómo se produce y se recibe la música. ¿Ves nuevos sesgos cognitivos surgiendo en la forma en que producimos y escuchamos música?

B: Es una pregunta interesante. Seguro que los hay, pero no les he puesto mi lente analítico encima, en parte porque estoy haciendo mucho menos DJing y tengo menos que ver con la escena de club hoy en día. Creo que la economía está teniendo un efecto más grande en las decisiones de producción y de DJing. Cuando hay más riesgo, la gente toma decisiones más seguras—podrías hablar de aversión al riesgo y sesgos de ese tipo—. La salud de la economía es probablemente uno de los factores más difíciles para un ecosistema musical creativo y sano. Se sigue creando, solo que ahorita se hace a pura pasión. Y hay algo más: si alguien puede dedicarse a esto de tiempo completo, lo más probable es que se vuelva muy bueno. Entre menos gente tenga esa oportunidad, menos seguido vamos a ver gente que es realmente buena. Para los artistas que aún no se establecen es un cálculo más difícil, y ahí se vuelve un tema de clase: los que pueden pasarse todo el día en esto, que no tienen que trabajar, que tienen dinero de otras fuentes, terminan siendo los únicos que pueden hacer una carrera de tiempo completo. La gente se filtra por clase social.

IR!: Coincido en que lo material lo impacta todo, incluida la música. Eso me lleva a algo que dijiste en el podcast de Resident Advisor: que la dinámica entre DJs y productores está bastante rota. ¿Cuáles crees que son las razones principales?

B: ¿A cuánta gente quiero ofender aquí? [Ríe.] Creo que hay problemas dentro de la cultura del DJing que son resacas de otras épocas, o expresiones de egos sobredimensionados. Pero en el fondo hay algo de inseguridad: los DJs no quieren que la gente sepa que están tocando música de otros. Es muy sutil, pero se nota —muchos nunca etiquetan al artista, se quedan la música que muchas veces les regalan y la consideran suya—. Creo que tiene que haber un cambio en cómo hablamos de la música grabada, porque hoy hay mucho sacrificio y mucho trabajo no pagado en la producción. Lo que me encantaría ver es una cultura donde los DJs etiqueten de rutina: si vas a subir videos después de un gig, etiqueta al artista que tocaste, no hagas gatekeeping con los IDs de los tracks. Mi papel como DJ, como yo lo veo, es conectar a la gente con buena música, arrancarlos en un viaje por el catálogo de un artista. Eso no va a arreglar la economía, pero al menos empareja un poco la cancha. Me gusta pensar que DJs y productores tienen una relación simbiótica y sana, con las mismas metas, pero se siente más como una competencia por atención —y los DJs van ganando, porque es muy fácil tocar un track y mucho más difícil hacerlo—. Un DJ puede generar muchísimo contenido, y eso alimenta el sistema que al final construye una carrera. Falta camino para ver un cambio de actitud, pero hay gente que sí lo hace bien —Objekt, gyrofield— que consistentemente etiquetan a quién tocaron y publican los tracklists de sus mixes.

IR!: Vi esa iniciativa que impulsaste, #respectthecreators.

B: Sí, fue algo a raíz del cierre de Aslice (software que reduce el desequilibrio entre productores y DJs). El consuelo de ese cierre fue que dejó mucha conciencia sobre el problema. Y están surgiendo cosas: Exibeat, que hace posible que los productores moneticen los demos que le mandan a los DJs; OHR, que está construyendo infraestructura para atacar estos problemas —acaban de sacar una extensión de Chrome para crear playlists de Bandcamp. Es una lástima que Aslice haya tenido que morir para que su misión se tomara en serio. Pero desarrollaron tecnología muy avanzada —machine learning para atribuir correctamente los nombres de los tracks, con una precisión mucho más alta que la de cualquier sistema de las organizaciones de derechos—. Ojalá Zak (DVS1) la despliegue de otra forma.

IR!: ¿Cuál crees que es nuestra responsabilidad? Mencionamos que un primer paso, como DJs, es dar visibilidad a los productores, pero creo que todos —artistas, medios, hasta los que bailan— tenemos la responsabilidad de proteger y preservar esta cultura.

B: Es exactamente como dices: todos dependemos unos de otros, de la salud de cada una de nuestras industrias. Los DJs lo entienden con los clubes —si cierran, se quedan sin trabajo— pero no siempre lo extienden a las demás áreas. Necesitamos una mirada panorámica de la cultura.

IR!: De acuerdo, todo empieza con la conciencia. El año pasado sacaste Stochastic Drift, y algo que me pareció fascinante es que trabajas con instrumentos mecánicos hechos a la medida por Kay Sievers. ¿Nos cuentas cómo es traerlos a la vida? ¿Llegas con Kay con una idea o un problema específico?

B: Primero, algo sobre Kay: es ingeniero de software, fue parte del equipo que construyó Linux. En algún momento quiso un cambio de aires, lo dejó, y como tenía amigos músicos empezó a construir instrumentos. Lo conocí temprano en ese camino, durante la pandemia, cuando Berghain se convirtió en galería y me invitaron a hacer algo. Tenía una idea para una instalación de piano, y esa fue nuestra primera colaboración: un piano de "un dedo", con un carro móvil tipo cabezal de impresora y dos solenoides para las teclas blancas y negras. Se movía por todo el teclado, y las composiciones estaban basadas en el serialismo: cada tecla sonaba con la misma duración y la misma intensidad; a lo largo de una pieza escuchabas todas las notas. Teníamos como seis semanas, pero Kay es muy eficiente. Es el mejor resolvedor de problemas que he conocido: piensa un problema en términos de "¿es interesante de resolver? ¿cuánto me tomaría?", no de "¿es posible?". Tiene una habilidad casi sobrehumana. Ha construido violas —hay un ensamble de ocho, que es nuestra instalación Discrete Ensemble—; en Stochastic Drift está el glockenspiel mecánico y la batería, la Schlag-7, cosas que él hizo para su propia diversión. Ahora tenemos un buen proceso: nos juntamos, nos tomamos una botella de vino y fantaseamos con cosas que nos gustaría ver o escuchar.

También construyó la interfaz que usamos en otro proyecto, con el saxofonista Bendik Giske. Yo quería sensores en las llaves de su saxofón para sacar información rítmica y controlar electrónica en vivo. Kay ideó un sistema con sensores de efecto Hall, de campo magnético, así que hay información MIDI muy sensible saliendo de todas las llaves —también posición giroscópica, presión en la boquilla—. Tengo toda la información que se le podría sacar a un humano tocando el saxofón. La convierto de rítmica en armónica: puedo hacer que tal llave arriba y tal llave abajo disparen un bajo, y otra combinación un hi-hat o un acorde. Bendik maneja todo desde el saxofón; está muy sincronizado, pero el timing es humano —son sonidos electrónicos con timing humano—. Nunca esperé que fuera tan interesante de escuchar, porque estamos acostumbrados a esa cuadrícula precisa de la música electrónica. Aquí tienes esa "imprecisión" en el tiempo,y tiene sentido, porque Bendik microfonea las llaves —es parte de su técnica, toca el saxofón también como percusión—, entonces esos sonidos percusivos se traslapan con los electrónicos. El efecto es difícil de ubicar: no sabes si es música electrónica o acústica.

IR!: Vi la performance con Bendik en YouTube, es una locura. Retomando lo que dijiste de que lo bueno de la música es que puedes plantearte tus propios problemas —pero también hay que tener las habilidades para resolverlos—. Los productores más o menos saben qué estudiar para las habilidades, pero ¿algún consejo sobre cómo plantearse problemas?

B: Describí antes ese proceso —del conocimiento técnico básico, a entender la música, a aplicarlo a una meta más conceptual—. Pero no creo que tenga que ser secuencial: con un poco de habilidad ya puedes trabajar con conceptos o con propósitos más altos. Buscar cosas más profundas en la música es parte de la diversión, y puedes hacerlo desde el principio. Eso sí: tiene que ser divertido. Las metas tienen que ser divertidas para ti, alcanzables, y algo que te apasione y motive. En algún punto, solo juntar conocimiento deja de motivar, y ahí mucha gente se atora. Así que ponerte metas sensatas es mi primer consejo. Esto no es idea mía, es de Mihály Csíkszentmihályi —el científico social que estudió el "flow state"—: metas que estén justo por encima de tu nivel de habilidad, para mantenerte en flujo mientras subes habilidad y reto a la par.

IR!: Increíble, encontrar la motivación en el propio reto. Que siento es lo que haces con las instalaciones sonoras. ¿Hay alguna en la que estés trabajando ahora?

B: Las instalaciones son colaboraciones con Kay. La que probablemente se muestre primero —ya hice exhibiciones y grabaciones con ella— es Discrete Ensemble: ocho instrumentos de cuerda mecánicos que repartimos por un venue lo más separados posible. No es lo típico del ensamble con el público alrededor; aquí el ensamble rodea al público, y se invita a la gente a moverse. Te vuelves parte del proceso de composición: escribes tu propio recorrido con tu movimiento. Es muy interesante ver cómo la gente interactúa. Al principio van directo a cada instrumento, lo miran de todos los ángulos, se acercan a ver qué produce el sonido, se clavan en el detalle. Después de investigar tres o cuatro se dan cuenta de que lo único que cambia son las notas, y entonces gravitan hacia un punto central donde puedes oírlos todos por igual —porque entienden que no se trata del individuo, sino del diálogo entre ellos—. Además, una viola de cerca suena, digamos, no muy placentera, pero junta diez en un espacio con reverberación y de pronto tiene sentido.

Quería que el proyecto abordará esa dinámica entre el individuo y el colectivo. Y trabajar con instrumentos automatizados es un área sensible: la automatización es una amenaza existencial ahora con la IA —dicen que en unos años se llevará el 50% de las profesiones—, así que trato de ser cuidadoso con lo que les hago hacer. Son fundamentalmente menos capaces que un intérprete humano, eso es un hecho, pero tienen su propia estética y sus propias ventajas. Trato de tomar en cuenta lo delicado que es automatizar actividades humanas particularmente placenteras. Aunque estoy bastante convencido de que ningún violinista querría sentarse ocho horas, a diez metros de los demás, tocando una nota durante cinco minutos. Es interesante trabajar con algo que, en el fondo, me preocupa para el futuro: me da la oportunidad de explorar la automatización y su ética, de entender cuál es la mejor manera de usar las máquinas para nuestro beneficio. De hecho, lo que sigue: hicimos una instalación en Escocia, en el Mausoleo de Hamilton, que tiene un tiempo de reverberación de 15 segundos —en algún momento fue la reverberación artificial más larga del mundo—. Llevamos los instrumentos, grabamos tres días, y de ahí sale un álbum el año que viene.


IR!: Me parece muy interesante esa parte de la ética de la IA, porque al final no podemos solo rechazar del todo las herramientas nuevas. Tenía curiosidad por tu postura, porque siempre estás adoptando la tecnología, pero con responsabilidad ética

B: Creo que no tenemos buena gente guiándonos ahora mismo. Es una actitud de "muévete rápido y rompe cosas" de la oligarquía tecnológica, y a estas alturas deberíamos tenerle cero confianza a la ética de esta gente. Naomi Klein tenía una opinión sobre la IA con la que coincido: que en un universo paralelo estaríamos celebrando esta tecnología revolucionaria, capaz de resolver todos nuestros problemas —pero es el momento en el que llega, este instante ultracapitalista de la historia, lo que la vuelve tan peligrosa—. Casi siempre, cuando escarbo en mis críticas, termino en el capitalismo de crecimiento ilimitado y sin freno. Así que diría que el problema es más el capitalismo que la IA en sí.

En términos de música, me parece totalmente sensato usar herramientas de IA para tareas mundanas y rutinarias —si algo me evita cien clics manuales, procesar datos, buenísimo—. Pero como viene dentro del capitalismo, no se va a quedar restringida a esas tareas: si Suno demuestra que es un modelo de negocio rentable, conseguirá la inversión, y la inversión pagará por gestionar para que se aplique lo que sea que estorbe a su modelo, sin importar que deje sin trabajo a un montón de músicos. Sigue estando en nosotros rechazar este tipo de productos, y hay movimiento en la dirección correcta —Bandcamp lo está prohibiendo; otras plataformas piden que se marque claramente lo hecho por IA—. Pero también es ingenuo pensar que no va a mejorar: llegará un punto en que aprietes un botón y un algoritmo haga algo tan afinado a tus gustos, porque tiene toda tu historia de escucha del streaming… Mucha gente se va a divertir con esa tecnología, y es un buen modelo para alguien como Spotify, que no quiere pagarles a los artistas. Además es terrible para el medio ambiente, por el uso de energía y de agua. En general soy bastante escéptico, y no me molestaría que lo rechazáramos más pronto que tarde —aunque quizá sea algo a lo que tengamos que adaptarnos, porque ya está aquí—. Van a ser años interesantes para estas industrias.

IR!: Si, el problema no es la herramienta, sino los intereses que están empujando su desarrollo. Y ya, la pregunta de cierre: ¿conoces el Disco de Oro de las Voyager? Es el disco que se puso en las sondas Voyager, con mucha información sobre la humanidad: arte, ciencia y demás.
Si tuvieras que meter un solo álbum de música electrónica para actualizarlo, ¿cuál sería?

B: Dios mío. Bueno, dejando de lado la idea de que haya criaturas con órganos parecidos a los humanos capaces de comprender algo de esto… Depende del presupuesto: podría meter uno de mis discos. [Ríe.] Pero eso sería partiendo de que estoy absolutamente seguro de que nadie lo va a encontrar jamás, en la inmensidad del universo. La idea de elevar la importancia de lo que sea que esté en esta mota de polvo, en la nada infinita, es un poco ridícula… así que probablemente metería mi disco.

IR!: Me lo quedo como declaración. Sam, muchísimas gracias por tu tiempo y por compartir tanto. Disfruté mucho la conversación.

B: Yo también. Gracias por las preguntas.

Mantente pendiente de Indie Rocks! para más detalles.

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