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Beto Cuevas vive su transformación

Beto Cuevas vive su transformación

21/May/2012

Amable, de caminar pausado y puntual, llegó Beto Cuevas a la cita con diferentes medios para platicar de su nuevo disco: Transformación que cobró vida después de un retraso que él mismo calificó como afortunado ya que no estaba completo. Ahora, Cuevas  nos invita a la reflexión a través de un lenguaje digerible, un efecto catártico donde el ahora productor, compositor, músico y cantante dejó de lado su propio ego y disfrutó mucho más cada uno de los procesos de manufactura musical del cual se siente orgulloso, libre e independiente.

La experiencia y bagaje como herramientas para seguir trabajando en cada uno de los procesos de la producción.

Soy autodidacta y la forma en que yo aprendí a hacer música y a concebirla fue de una manera muy intuitiva; eso me permite tener una gran capacidad de asombro sobre cualquier cosa que se me ocurra y que realmente me mueva el corazón: experimento con la guitarra y encuentro acordes sin analizar o razonarlo mucho. La música la siento y el hecho de que no lo maneje teóricamente, la veo mucho más mágica.

Las posibilidades del arte…

El arte es una herramienta maravillosa para comunicar y no se contrapone con cualquier inquietud. Puedes ser músico, cantante, actor, director, todo lo que te atrevas a ser, ya que los límites - como en la vida-  nos los ponemos nosotros mismos. En lo personal busco reinventarme, hacer cosas diferentes y probar nuevas cosas no he hecho antes. Como solista es algo importante porque si hago lo mismo que lo que hacía con La Ley no tendría ningún chiste.

¿Riesgos?

Con la experiencia es imposible que lo que haces lo guste a todo el mundo. En el caso de este nuevo disco, si bien no es completamente electro, lo más importante al presentar una nueva producción es estar convencido. A mí me gusta mi disco, me parece que es de lo mejor que he hecho hasta ahora.

La exteriorización de los demonios; destellos de datos autobiográficos.

En Miedo Escénico sí hay mucha información y experiencias personales, algunas difíciles, porque en ese momento me estaba separando, y al sufrirlo, la dejé plasmada en el disco.

El arte y la música me han salvado. En vez de ahogarme en alcohol o en excesos, escribo canciones, eso hace que la angustia o la tristeza pase y la dejo en una canción en lugar de convertirla en enfermedad.

Disco y conceptos nuevos…

Es un disco más canalizado con el universo, mucho más luminoso que Miedo Escénico y nace en un momento en la historia del mundo en el que hay una gran expectación con respecto a qué va a pasar en este año. Este disco es un reflejo de esto, lo que siento y lo que he recibido porque me considero una antena receptora.

La intención con esta nueva producción tiene que ver con el arte de la portada, tenemos muchas capas y si uno va buscando se puede encontrar algo en la profundidad, el lenguaje es simple, coloquial y desde mi punto de vista, la música debe tener cierta sencillez, para que la pueda escuchar un niño y la interprete según su percepción; es para todos.

Proceso creativo al detalle…

Después de hacer una selección de más de 30 canciones, junto con mi equipo de trabajo –cosa que no hacía antes- se puso a prueba mi ego, cosa que en otra época no lo había hecho…

La canción “Cruzar” nació al despertar una mañana, empecé e tocar mi guitarra, encontré el acorde y empecé a cantar la letra antes de encontrar la melodía. Fue muy especial cómo paso porque no es algo que sucede siempre, si yo pudiese escribir de esa manera, podría hacer una canción al día; no me tardaría tanto en hacer un disco y también lo que pasa es que se hacen viviendo.

La canción “Quiero creer” la hice con un productor francés, mi amigo Jared Lee. Una vez en su estudio le platiqué que estaba haciendo un disco con tales características y buscó una canción con un beat más electro, más dance y me mostró algunas ideas, entre ellas la programación de esta canción, la escuche 10 segundos y le pedí que me abriera el micrófono.Empecé a cantar y empezamos a grabar. No la quise escuchar entera porque uno empieza a pensar, a tener dudas, y lo que buscábamos era espontaneidad, era como surfear sobre una nueva ola, y en menos de una hora salió la estructura de la canción, la melodía, el coro pero no tenía letra. Decidí tomarme una hora y salí a caminar y recordé un libro del científico japonés Masaru Emoto -quien afirma que las palabras, oraciones, sonidos y pensamientos dirigidos hacia un volumen de agua influirían sobre la forma de los cristales de hielo obtenidos del mismo; según Emoto, la apariencia estética de los cristales dependería de si las palabras o pensamientos sean positivos o negativos-. Descubrió científicamente que el líquido reacciona a lo que uno diga o uno piensa y nosotros somos casi el 80% y cuando uno dice, estoy mal o soy malo para eso, lo haces realidad y al final decidí que quería creer, uno de los problemas del mundo es que no creemos. Al final llegué con la letra casi terminada y la grabé.

No es una revista, es un movimiento.