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¡Tequila! ¡Cacahuate! ¡Cerveza! ¡Sex Mob!

¡Tequila! ¡Cacahuate! ¡Cerveza! ¡Sex Mob!

Noel
Orlando Calderón López

19/Oct/2012

Detalles
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“¡Sex Mob!, ¡Sex Mob!, ¡Sex Mob!” Así fue como dio inicio uno de los más frenéticos y divertidos conciertos en el Centro Cultural Roberto Cantoral en la providencial delegación Coyoacán, de la airosa Ciudad de México.

Como si se tratara de una pista de baile, con todo el estilo y actitud que un jazzista de Nueva York pudiera tener, Steven Bernstein hizo gala con su horripilante traje a cuadros y su trompeta de varillas, para dar paso a Briggan Krauss en el saxofón, a Tony Scherr en el bajo, y Kenny Wollesen en la batería y percusiones.

Con una enorme sonrisa digna de un niño que sabía estaba a punto de portarse mal y se saldría con la suya, Bernstein dio inicio al recital de Sex Mob con una longeva y compleja pieza proveniente de su álbum Sex Mob does Bond, compuesto de desquiciadas versiones de temas provenientes de la filmografía de James Bond.

Ensordecedores (y a veces molestos) gritos por parte de la concurrencia fueron el recibimiento que las primeras notas sonadas en el recinto - que aunadas a berridos como “¡Mama!” o "¡Dirty!” - provocaron varias sonrisas en los músicos, que al sentir la calurosa y desenfrenada respuesta del público intensificaron su ejecución incluyendo piezas de Nino Rota (pertenecientes a las pistas sonoras de La Strada, Giulietta degli Spiriti, y La Dolce Vita y el clásico e inconfundible tema de James Bond… claro, en reconstruidas e intrigantes versiones que uno jamás se hubiera imaginado).

La maravilla del Festival Alterna Jazz es que con cada fecha parece convocar más y más gente, y como si la voz se corriera de que los músicos presentados son “aptos para todos gustos, credos, orígenes y edades” el quórum es cada vez mas variado, más joven, y entusiasta.

Gritos, aullidos, aplausos, ladridos y sobre todo brincos por parte del público fueron correspondidos con una pícara sonrisa de Bernstein masticando un horrendo español y pronunciando palabras al azar como “¡Tequila!”,” ¡Cacahuate!” e invitando a los talentosos tapatíos de Troker para un encore que constó de su confusa y marciana versión de La Macarena que puso a todos a aplaudir y a medio bailar de una graciosa y bizarra manera.  Una vez más el jazz vio, vino y venció.

REDACCIÓN:


Editorial

FOTO:

Noel
Orlando Calderón López

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