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Sun Ra Arkestra: Desde el Espacio, con Amor

Sun Ra Arkestra: Desde el Espacio, con Amor

Ariette
Armella

16/May/2013

Detalles

El Teatro de la Ciudad, cercano a la infame cámara de senadores, es una construcción de rasgos neoclásicos que tiene cierta atmósfera decimonónica. Uno esperaría ver por sus pasillos a Arturo de Córdoba, vestidos de colas largas y corbatines de pajarita, y en su escenario, la perpetración de la comedia y el melodrama del cine de oro. Pero anoche, como en los viejos shows de James Brown o Ray Charles, la buena etiqueta fue perturbada por la improvisación y la franca felicidad.

El concierto fue puntualmente iniciado por Cosmic Brujo Mutafuka Trío sin previo aviso. El baterista comenzó con un imparable retumbar que tanto impactaría a los espectadores, aunado a un saxofón atonal y un contrabajo. La improvisación en el jazz es una difícil unión de contrarios: la inteligencia tiene que ir detrás de la libertad caótica, el cálculo matemático tiene que preceder al humor, la audacia debe ser premeditada.

Cosmic Brujo Mutafuka Trío son jazzistas rigurosos, seriamente desordenados. Su perfomance, de agresividad callejera, en algunos momentos fue indigerible pero sin caer en el tedio de lo incomprensible tan en boga estos días. Fueron teloneros respetuosos que no se demoraron y terminaron como en el principio: de repente. Se despidieron igual de emocionados que la audiencia por lo que venía, era momento de prevenirse y acudir al sanitario para no ser molestados por la fisiología durante la Sun Ra Arkestra, y de paso, consumir algún aperitivo.

¿Por qué hacer mención al consumo? Pienso que califica como gran y buena noticia que un lugar ofrezca bebida a un precio accesible, como sucedió en el Esperanza Iris.

Anunciaron la tercera llamada para el acto estelar, se apagaron las luces del inmueble y tuve dificultades para encontrar mi asiento, pero llegué a tiempo para ver la ocupación de las capas coloridas, los sombreros cósmicos y las mujeres faraónicas.

Los marcianos llegaron ya, y muy contrario a la creencia popular, lo que tocan y bailan es jazz. Cuando Sun Ra comandaba su orquesta hizo de la composición un ejercicio filosófico y místico, proveniente de otro planeta y creyendo como extraterrestre que la humanidad podía salvarse mediante la música, incluyó en su quehacer practicas del ascetismo, así como ciencia ficción, poesía y teatro.

Lección para muchos artistas contemporáneos, el legado de Sun Ra no se diluyó en el protagonismo de un statement. Marshall Allen, director actual de la Arkestra, salió al escenario envuelto en lentejuelas rojas, jorobado y adorable como un mago anciano, y sin ponerse al frente para recibir el aplauso, ocupó su lugar correspondiente.

Sun Ra Arkestra logra sincretizar al jazz en todos sus matices: técnica y rupturismo, bebop y big band, Coleman Hawkins y Duke Ellington: space is the place, honey. Mantienen su trasfondo religioso, celebrando el movimiento de los astros con euforia, haciendo piruetas infantiles y arriesgadas cerca del proscenio, organizando caravanas en las que recorrieron toda la planta baja ante ipods azorados y cámaras fanáticas.

A veces, el público mexicano quiere portarse tan bien que termina portándose mal. Hubo algunos brotes de bailarines, pero todos debimos abrirnos al erotismo, debimos habernos permitido una sesión de baile epiléptico, o de menos, habernos unido cuando bajaron a saludarnos. El jazz que la Sun Ra Arkestra ejecuta admite el grito y el contoneo. Pero es cierto también que cuando el concierto finalizó, escuché más comentarios felices que intelectuales: todos nos la pasamos bien. 

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